OPINIÓN: El Reino Unido empieza a confrontar su pasado colonial

Las protestas que han estallado a lo largo del Reino Unido en respuesta a la muerte de George Floyd alcanzaron una cima en Bristol, cuando un grupo demolió una estatua de un traficante de esclavos local y la lanzó al río.

Fiona Gilligan. MSc en Globalización y Desarrollo. Foto Cortesía

Por Fiona Gilligan

Jun 15, 2020- 12:10

Las manifestaciones de Black Lives Matter (movimiento Las vidas negras importan, que denuncia los abusos policiales contra poblaciones afrodescendientes) que han estallado a lo largo del Reino Unido en respuesta a la muerte de George Floyd alcanzaron una cima en Bristol, una ciudad construida sobre la esclavitud, cuando un grupo multirracial de manifestantes multi-racial demolió una estatua de un prominente traficante de esclavos local y la lanzó al río desde el puerto local.

El hombre en debate, Edward Colston, era el gobernador suplente de la Royal African Company, una compañía mercantil que tenía el monopolio del comercio británico de esclavos. En su cargo, Colston supervisó el transporte de aproximadamente 100,000 esclavos africanos desde África occidental al Caribe y América entre 1672 y 1689.

Sin embargo, la resultante riqueza, filantropía y influencia de Colston moldearon la ciudad de Bristol. Durante 125 años, su figura se ha asomado sobre el centro de la ciudad, inmortalizada y honrada en bronce. Su nombre es omnipresente por la ciudad, donde existe el Colston Hall, la Colston Tower e innumerables colegios, pubs y calles en su honor, por mencionar solo algunos.

TAMBIÉN: El otro lado de las protestas: “Mejor pregúntate por qué esas estatuas seguían ahí”

Colston no está solo. El nombre de ‘Wills’ de una familia local de magnates del tabaco, conectada con el comercio de esclavos, también permea la ciudad. Esta presencia desvergonzada de la esclavitud ha provocado ira y fuertes divisiones por mucho tiempo en Bristol. Como un estudiante de licenciatura en esta ciudad durante cuatro años, noté que este era un tema común de debate entre mis pares y, ciertamente, activistas han llevado a cabo esfuerzos persistentes para remover y renombrar estos resabios del pasado esclavista, o al menos reconocer y admitir las atrocidades asociadas con sus existencias.

La estatua del traficante de Edward Colson terminó al fondo del río, en la misma área portuaria donde hace varios siglos él embarcaba a cientos de esclavos a las Américas. Foto / AFP

Estos esfuerzos han sido objetados por una legión de defensores locales que han disputado que hacer esto implicaría borrar la historia. Irónicamente, se podría decir que el viral vídeo del derribo de la estatua y las decenas de tuiteros poniendo el legado de Colson en contexto han hecho más para educar a las personas sobre las atrocidades del pasado británico que lo que la estatua educó en sus 125 años de existencia. De esta manera, la gente de Bristol no está erradicando historia, está haciendo historia.

Al igual que la estatua, su derribo también divide mucho a la opinión pública. La ministra del interior describió el suceso como “claro vandalismo” y “una desafortunada muestra de desorden público”. ¿Debieron los manifestantes derribar la estatua con tal espectáculo? Al tiempo que discutimos la naturaleza destructiva de la caída de Colston, es imperativo que también contemplemos la naturaleza destructiva de lo que hizo tan necesario este fin.

Al tiempo que reprobó la acción, el alcalde de Bristol, Marvin Rees, quien es de herencia jamaicana y británica, dijo que la estatua representaba una “afrenta personal”. Esta es la realidad de una gran porción de la población negra de Bristol, de la cual muchos se acercaron para ver la caída del hombre que encadenó, marcó y vendió a sus antepasados. Por eso, parece que la verdadera pregunta que deberíamos hacernos es por qué tardó tanto tiempo en caer. Tras años de controversia y frente a numerosas campañas, peticiones y pedidos del público, ¿por qué no actuaron más temprano las autoridades locales?

Condiciones antihigiénicas, deshidratación, disentería y escorbuto mataron a unos 200,000 africanos esclavizados que cruzaron el Atlántico a bordo de los barcos de Colston y sus cuerpos fueron simplemente lanzados por la borda. Ahora se tira a Colston por la borda y su ‘cuerpo’ yace al fondo del puerto de Bristol. La acción sirve como un recordatorio del poder que tienen las acciones directas en tiempos en que las democracias se hacen de oídos sordos. Este es un momento triunfal que proclama la reimaginación y descolonización de los espacios públicos en Bristol y marca un punto de inflexión en cómo la ciudad empieza a afrontar su pasado. Ciertamente este no es un desafío solamente en Bristol, sino en ciudades y comunidades a largo y ancho del Reino Unido, donde aún existen muchas conversaciones pendientes de entablar desde hace mucho tiempo.

Por Fiona Gilligan
MSc en Globalización y Desarrollo

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