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El tenebroso caso de la viuda negra española: enfermera asesinó a su esposo con la ayuda de uno de sus amantes

El perfil psicológico no la relacionó con ninguna patología, pero sí determinaron que era una mujer manipuladora. Con solo 30 años, su largo cabello teñido de rubio y su atractivo físico, sigue coleccionando amantes tras las rejas.

Por Agencias | Mar 17, 2021- 19:48

María Jesús Moreno Cantó y Salvador Rodrigo Lapiedra. Foto EFE

¿Qué es una viuda negra? Es una araña de patas largas, con una mancha color sangre en su cuerpo. Podría parecer inofensiva, pero su veneno es neurotóxico y después de aparearse, se come a su compañero. Aunque parezca increíble, la prensa española usó esta similitud para hacer referencia la caso de María Jesús Moreno Cantó, quien es conocida como “La viuda negra de España”.

Todo empezó en 2017, ella tenía 26 años y era enfermera. Estaba casada y tenía un amante con quien orquestó un plan para que él asesinara a su esposo, un ingeniero de 35 años.

Según la publicación de Infobae, el 16 de agosto de 2017 Antonio Navarro fue apuñalado seis veces, justo antes de salir hacia su trabajo. Él fue atacado en un garaje del barrio de Patraix, de Valencia en España.

El asesino es Salvador Rodrigo Lapiedra, 47 años, estaba escondido entre otro autos y entró con las llaves que le había proporcionado su amante, la enfermera María.

Según la autopsia, Salvador atacó a Antonio por la espalda, le asestó cuatro cuchilladas en el hemitórax izquierdo cortándole el  corazón y el pulmón de ese costado. También lo apuñaló por el lado derecho haciendo colapsar su pulmón derecho.

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La muerte de Antonio es casi instantánea y su cadáver fue encontrado por un vecino hasta las 3:20 de la tarde.

Salvador huye, tomó su celular y cambió su estado de WhatsApp, detalle que le indica a María que el crimen estaba cometido.

Según las investigaciones, María estaba con otro amante, pero no resistió y llamó a Salvador para que le contara detalles, acordaron verse ese mismo día a las 3:00 de la tarde.

Salvador se quita la ropa manchada de sangre y la echa a un contenedor, luego arrojó el arma al pozo de ciego. A las tres de la tarde María está en la casa de su hermana, ahí llega Salvador, él le cuenta los detalles del crimen. Sin embargo, María está distraída escribiendo a José, su nuevo amante y le propone tener “relaciones sexuales”.

Antonio Navarro y María Jesús Moreno Cantó. Foto Facebook María Moreno Cantó

Tiempo después María confesó que Salvador nunca le había gustado y los planes que él tenía de que vivieran el futuro juntos mucho menos.

María se había casado con Antonio el 3 de septiembre de 2016, la relación estuvo en peligro en varias ocasiones por las múltiples infidelidades de María. La pareja se habían conocido en 2011 cuando él tenía 30 y ella 26 años. Ambos eran de Novelda, Alicante, incluso habían estudiado juntos, pero dejaron de verse por años.

Cuando María terminó el secundario decidió estudiar enfermería y se marchó a Barcelona, decidió que no quería volver a su pueblito. De hecho, eso le atrajo de Antonio: No había regresado a Novelda, había viajado mucho y estudiado una carrera importante.

Relató que nunca se enamoró de él, pero sabía disimularlo.

El malévolo plan

María conoció a Salvador en septiembre de 2015 en el Hospital de La Salud de Valencia, donde ambos trabajaban. Ella tenía 25 años y todavía no se había casado. Salvador tenía 46 años y llevaba toda la vida trabajando en el centro de salud. Estaba casado con Inmaculada, la supervisora del cuarto piso del hospital, y tenían una hija de 19 años.

María lo sedujo con diferentes estrategias, entre ellas cartas de amor, estos son dos fragmentos encontrados por la Policía:

“Lo ví… Allí estaba… Sonriente, con los ojos brillantes desde el control de enfermería de la tercera planta (…) Me gustaba, me atraía, ¡¡¡lo deseaba!!! (…) Su olor, su presencia (… ) Es la historia de amor más auténtica y apasionante que he vivido y que la gente pueda escuchar”.

“Esta carta es una declaración de amor hacia ti, te quiero por encima de cualquier obstáculo, de cualquier inconveniente, te quiero porque me llenas de vida y me haces sentir la mujer más importante del mundo. Tu Maje, tu bruja, tu fea… ¡Pero al fin y al cabo… tuya!”.

Salvador, un poco ingenuo, no cree que una mujer joven y bonita se pueda fijar en él, pero poco a poco empieza a ser su esclavo y hace todo lo que ella pide.

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Ella lo ve sólo como una herramienta, a una amiga que confesó que le daba “asco” y que sólo permite que esporádicamente le proporcione sexo oral. No se preocupaba por corresponderle físicamente y se justificaba diciendo. “el mejor regalo no es algo físico, eso ya vendrá (…) voy a cuidarte y a mimarte, nunca vas a estar solo, nunca, pues yo estaré ahí. A veces físicamente, a veces espiritualmente”.

Tiempo después María le cuenta a Salvador que se casará con Antonio y él le escribe: “Es el momento más doloroso de mi vida (…) me vas a tener ahí, a tu lado, siempre que me necesites, ayudándote, apoyándote, escuchándote. Siempre tuyo, tu brujo, tu petardo, simplemente, Salva”.

Entonces ella le propone que sean “amigos con derecho” y él acepta.

En 2017 Salvador y María escuchan las noticias, acostumbraban a hacerlo en el hospital, y se enteran que ocurrió un accidente en la constructora donde trabaja Antonio, María lamenta que no haya estado su esposo ahí y haya muerto: “Qué pena que no haya sido mi marido el que haya estado ahí dentro”, dice.

Salvador imagina a María viuda y viviendo con él. Ahí ambos germinan la idea y deciden que el asesinato será en el garage porque ahí no hay cámaras. Además, consideran que agosto es un buen mes porque la mayoría de personas está de vacaciones y el barrio está solo.

El 3 de agosto de 2017 deciden que será la mañana del 16, ese mismo día María le avisa a su esposo que trabajará la noche del 15 de agosto. Esa noche Antonio durmió solo e imaginaba a su esposa trabajando.

Sin embargo, ella estaba son su nuevo novio, identificado como José. Un publicista que creía que María era soltera. Estando con él le escribe a su esposo: “Puxi. Ya en el hospital. Goza esa empanada hecha con amor”, mientras tanto ella se comía la otra mitad con su nueva conquista amorosa.

En el entierro de Antonio ella lloró desgarradamente y frente a la muchedumbre que asistió al entierro leyó un carta de amor y agradecimiento a su difunto esposo.

Cuatro hombres, una mujer

Según las investigaciones de la policía, los meses previos al asesinato la vida sexual y amorosa de María de distribuye entre: Tomás, Salvador, José y Sergio.

Los dos primeros saben que ella está casada, los últimos lo ignoran.

Con Tomás, fisioterapeuta, tuvo una relación bastante estable que duró desde mayo de 2016 hasta marzo de 2017, cuando ella le anunció que no pensaba separarse de Antonio. Le había dicho por Telegram, sobre su marido: “Quiero que se muera, le deseo un mal. Esto lo va a pagar caro”. María le había contado que era víctima de malos tratos por parte de Antonio. Terminada la relación, solo se vieron para tener sexo en la casa de Tomás. Algo que ocurrió hasta octubre de 2017, ya asesinado Antonio.

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En mayo de 2017, conoció en una discoteca a un publicista llamado José y empezó otra relación extramatrimonial. El joven no tenía idea de que su compañera de risas y juerga tenía marido. Eso fue hasta que mataron a Antonio y ella tuvo que decirle que la víctima que aparecía en los diarios era su esposo. Aun así, siguieron saliendo. Planearon comprarse una casa, tener hijos y recibir el 2018 en Italia.

María hacía bien el papel de enamorada, pero seguía teniendo relaciones esporádicas con Tomás y, también, con Sergio, un sensual guardia urbano. Sergio, en su declaración a la policía, definió a la viuda como “una depredadora sexual”. Contó que la conoció en un boliche y que ella le había dicho que era ginecóloga. Esa noche tuvieron sexo tres veces seguidas, en el descanso de unas escaleras y en unos baños públicos. Habían pasado 23 días del asesinato.

Paralelamente a estos amoríos, su matrimonio con el ingeniero estaba derrumbándose. En una conversación por WhatsApp, Antonio le dice que no quiere que le vuelva a poner la mano encima. María le había pegado durante una discusión.

La grabaciones de llamadas

Los Policías interrogaron a la viuda y encontraron extraña la actitud porque a pesar que se ve afectada en cada receso de la declaración toma el teléfono y envía mensajes.

Descartaron que el asesinato haya sido por robo, rencillas personales o amorosas con alguna mujer, deudas o adicciones. María les insinúa que los culpables pueden ser los albañiles que hacían la reforma en su apartamento o una compañera de trabajo de su esposo. Pero las autoridades no encuentran pruebas de nada.

La Policía empieza a grabar sus llamadas, con la familia se muestra triste, consternada, pero con sus amigas no. Menos con sus amantes, ahí descubren que ella tiene más relaciones.

María Jesús Moreno Cantó fue sentenciada a 22 años de cárcel. Foto EFE

Sin embargo, el primer sospechoso es José porque hablan de vivir juntos en Italia y tener un hijo. Pero también detectan el número de Salvador, quien la llama en repetidas ocasiones y ella no contesta.

En noviembre María les cuenta a los policías sobre Salvador y les cuenta que él había tenido una discusión con Antonio en el garaje, pero que no había contado nada por miedo. Sin embargo, no le creen porque tienen las grabaciones:

Salvador: “Me ha venido a la cabeza que es verdad, que tu madre tiene razón, que tendrás que desconectar de tu casa (…) y en cierta medida también tendrás que desconectar de mí porque yo te lo voy a recordar cada día que me veas. (…) Me ha dado un bajón bestial (…) y el otro día llamé a la Policía”.

María empieza a gritar como loca, pensando que él ha confesado.

María: “¡Qué dices! ¡Salva por Dios no hagas locuras eh!”

Salvador la tranquiliza diciéndole que no ha confesado, que solo se ha contactado con un amigo policía para saber cómo van las investigaciones. Y que ha sido esa persona quien le contó que ella tiene un novio que se llama José y que se van a ir juntos a Italia.

Salvador: “Hay otra persona que no sé quién es, un tal José Antonio…”

María: “Sí, sí, el publicista. También te hablé de él. ¿Te acuerdas del publicista?”

Salvador: “Sí… y me ha dicho mi amigo que te vas con él a Italia”.

María hace silencio. Salvador, llora. Ella le pregunta a Salvador, preocupada, qué más supo por su amigo policía.

María: “Pero escúchame, entonces ¿me están investigando a mí?”

Salvador: “A ti o a él (por José)… lo saben”.

María: “Hostia”

La charla continúa, Salvador quiere saber más de la relación de Maje con José. Le achaca llorando que no le haya contado que tiene nuevo novio.

María: “Igual que tú tienes una familia, o sea… y te jodes, pues… me jodo. Pues ya está. O sea, es así, no voy a estar sola esperándote. Es así.(…) Eso no quita que me hagas feliz o no, que igual que tienes una familia y disfrutas de tu hija, yo no puedo estar esperando a que…”

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El 28 de diciembre, Vicente, el hermano de Antonio Navarro, junto con los investigadores preparan una trampa. Ya sospechan que María y Salvador son las personas que buscan, pero necesitan pruebas. Vicente habla con ella por el tema de la herencia y le desliza un comentario preparado: la policía tiene pistas ciertas sobre el asesino y su captura es cuestión de días.

María corta con él y llama histérica a Salvador. Él la calma, le dice que nadie lo ha interrogado. Durante esa charla confiesa que el autor ha sido él.

Confesión

La policía los detiene la mañana del 10 de enero de 2018. María reniega de él, dice que Salvador es un tipo que no la atrae y que está obsesionado con ella. Aclara que le atraen los jóvenes con cuerpos musculosos y atléticos. Él, en cambio, lleva su amor hasta las últimas consecuencias y asume toda la responsabilidad sobre el asesinato.

Los policías registran la casa de Salvador. Su mujer, Inmaculada, les entrega una mochila de su marido. En el interior, están las cartas que María le enviaba. Salvador ha confesado, también, dónde ha escondido el arma asesina que había comprado en una ferretería: está en la fosa séptica de su casa.

El cuchillo, con una hoja de 14 centímetros, es recuperado el 18 de enero de 2018. El laboratorio de ADN de la Policía Nacional española logra encontrar restos biológicos de la víctima en él, a pesar de que el arma llevaba cinco meses hundida entre los excrementos. Entre la hoja y el mango, aíslan dos perfiles genéticos. Uno, es del operario que armó en la fábrica el cuchillo. Otro, pertenece a Antonio.

Mientras están detenidos, María necesita más que nunca de la lealtad de su cómplice, así que le escribe cinco cartas y se las hace llegar a través de otros presos.

Salvador es absolutamente leal a ella, hasta que su propia hija lo convence para que diga la verdad. Le señala que María lo ha traicionado siempre.

El viernes 9 de noviembre de 2018, Salvador cambia su versión de los hechos. Cuenta una verdad que convierte a María en el verdadero cerebro detrás del homicidio: “María me pidió que acabara con la vida de Antonio. (…) Me decía que no tenía que fallar, que tenía que matarlo antes del aniversario de su boda. Me pidió que no lo hiriese, que lo matase. María Jesús preparó todo. Me llamó la noche antes y me dijo que el coche de Salvador estaba en el garaje. Me dijo que tenía que ir a primera hora de la mañana y que ella no podía estar porque tenía guardia en el Hospital Católico de Valencia”.

Juicio a la hipocresía

Cuando comienza el juicio, en el mes de octubre 2020, el fiscal Vicente Devesa, solicita 22 años de prisión para María y 18 para Salvador. Sostiene que las dos personas que están en el banquillo de los acusados habían empezado meses antes del crimen a fantasear con la muerte del ingeniero.

El juicio arranca con acusaciones mutuas entre la bella “viuda negra” y el asesino material. María niega haber encomendado a Salvador el asesinato: “Le encubrí, pero no planifiqué nada. No es cierto que yo acordara con Salva acabar con la vida de Antonio. Sólo hablamos de problemas en mi matrimonio, pero nunca le he pedido eso. Imposible”. Da su testimonio con mascarilla y llorando, pero no los convence.

¿Si ella no había participado cómo era que Salvador tenía las llaves del garaje? Ella se defiende diciendo que las llaves del garaje, las de su casa y las de su coche se las había dado mucho antes del asesinato porque Salvador “era mi compañero. Compartía todo con él, lo sabíamos todo el uno del otro”. El fiscal, nada lento, le repregunta: “¿Compartían todo menos el crimen?”. Ella, responde: “Sí, menos el crimen (…) Y no lo denuncié porque quería pasar página, tenía que olvidar esto”.

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Salvador afirma que quiere hablar porque está arrepentido: “He pedido declarar porque estoy cansado de proteger a María Jesús y cargar con la muerte de Antonio. No puedo más. Estoy muy arrepentido y pido perdón a toda la familia. Era María Jesús quien quería matar a Antonio. Ella me comió la cabeza durante tres semanas. Me convenció para que fuera yo quien lo apuñalara y lo consiguió. Me dijo cómo tenía que matarlo y me pidió que lo acuchillara en la plaza del garaje”.

Tras seis horas de deliberación, en un veredicto alcanzado por unanimidad, el jurado los declaró culpables de asesinato. Y el 18 de noviembre 2020, el magistrado José María Gómez Villora, dio a conocer su sentencia: la pena para María, como coautora del delito de asesinato con el agravante de parentesco, es de 22 años; la de Salvador, de 17. Además, resolvió que deberán indemnizar con 250 mil euros a la familia de la víctima.

Perfil psicológico y móvil

Tanto Salvador como María fueron sometidos a una profunda exploración psicológica y psiquiátrica. Ambos superaron las pruebas sin que se les diagnosticara ninguna patología. Los forenses que examinaron a María hablaron de una personalidad organizada y de una elevada inteligencia: manipulaba con habilidad y mentiras a su esposo, sus amantes, sus amigas y sus compañeros de trabajo. Utilizaba el sexo como un arma infalible para concretar sus objetivos. Esa fue la conclusión a la que arribó el equipo de homicidios y aclararon que no era “un alegato o crítica moral”, ni pretendía exponer la vida sexual de Maje, sino que trataban de demostrar su poca empatía.

Pero ¿cuál fue el móvil concreto para que María quisiera quitar a Antonio del medio? Acá aparecen el dinero y las ansias de una vida alocada.

Según el registro de la Gerencia Territorial de Justicia, Antonio Navarro era titular de dos seguros de distintas compañías: Mapfre y Santa Lucía. Tras su muerte, María ya había comenzado a gestionar los cobros de las pólizas con la ayuda de Salvador. Además, obtuvo la pensión de viudedad de 1,100 euros al mes. A eso se suma el piso en el que vivía la pareja, que era propiedad de ambos: el 80 por ciento pertenecía a Antonio y el 20 a ella. Pero María pretendió reclamar, a los familiares de Antonio, más dinero.

Los policías no solo la escuchan, en sus grabaciones, hablar de sus conquistas, también encuentran en las redes sociales una foto donde se la ve en una discoteca, sonriente y feliz con sus amigas. Había pasado un mes desde el crimen.

La vida tras las rejas

Desde que entró el 12 de enero de 2018, en la cárcel de Picassent, María ganó gran protagonismo: va al gimnasio, coquetea con los presos y utiliza el sexo para conseguir favores.

Con solo 30 años, su largo pelo castaño que ahora tiñó de rubio y su atractivo físico, sigue coleccionando amantes tras las rejas. Varios son los reclusos que afirman haber mantenido sexo furtivo con ella en los más diversos lugares de la cárcel.

Viuda negra al fin, no les teme en absoluto, aunque varios de ellos acarrean muertos sobre sus espaldas. Su última conquista, en enero 2020, es un pederasta de 59 años, Amador Vidal Vidal, quien está preso por haber abusado de una menor de 13 años.

Con información de INFOBAE

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