“Las Cachorras”, el grupo de sicarias de Los Zetas y sus perfiles psicológicos

Una célula fundada en 2010 con mujeres de entre 16 a 21 años, su función era matar a los enemigos del cártel de Los Zetas.

Foto de referencia Pixabay

Por N. Hernández / Agencias

Jul 08, 2020- 11:31

En 2011 un tiroteo en México de cuatro horas entre policías y sicarios reflejó una realidad que pasaba desapercibida: el reclutamiento de mujeres menores de edad por parte de los cárteles de la droga.

Las mujeres reclutadas para el sicariato o actividades ilícitas tiene ciertos patrones psicológicos, la doctora  Arcelia Ruiz Vázquez en la investigación Personalidad, valores y motivación criminal del sicario en México plantea un perfil psicológico característico de féminas dedicas a estas actividades.

Ruiz Vázquez clasifica a los sicarios en cuatro grupos: marginal, antisocial, psicopático y sádico.

Asegura que por lo general, el sicario marginal proviene de zonas rurales de extrema pobreza donde los padres están involucrados en actividades como cultivo, recolección y transporte de drogas.

“Estos hijos desarrollan otras tareas como cuidado de casas de seguridad, acompañamiento en extorsiones y secuestros. De manera paulatina se insensibilizan ante los daños a terceros y después de un entrenamiento se le asignan las primeras ejecuciones. En este tipo de sicario no hay disrupción de normas sociales durante la niñez y adolescencia, tampoco comportamientos antisociales como robos y peleas. El factor económico es el motivo por el cual ingresan a la delincuencia organizada, y ya dentro del crimen tienen conductas antisociales”, explica la experta en una publicación de la Universidad de Guadalajara, México.

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En segundo lugar está el sicario antisocial, según la experta este crece en un ambiente propicio para el crimen, dentro de zonas con altos niveles de marginación social, económica y académica.

“Estos sicarios provienen, por lo general, de familias altamente disfuncionales donde es frecuente la violencia, el maltrato y las adicciones, y en las que incluso el delito es una forma de vida aceptada y alentada. Estos individuos suelen, en un principio, unirse a pandillas y cometen delitos menores como robos o venta de droga. Luego, son invitados por familiares o amigos a incursionar en la delincuencia organizada”, enfatiza.

Hay sicarios que no sienten ningún tipo de remordimiento por sus actividades, estos son los que tienen un perfil psicopático. La personalidad se puede desarrolla o no en un ambiente con tendencia al crimen y no necesariamente sufre marginación económica, pero sí proviene de familias disfuncionales. Por lo general tienen antecedentes de maltrato excesivo, abuso físico y sexuales.

“Desde pequeños registra comportamientos antisociales como lesiones, robos y venta de droga, y ve en la delincuencia organizada un futuro prometedor, a la que ingresa con actividades de bajo rango. Tiene un ascenso rápido por su capacidad de liderazgo, manipulación, encanto superficial (es simpático) y las habilidades cognitivas que le permiten la planeación estratégica de sus crímenes. Es inteligente, agresivo, planea; actúa con frialdad emocional, es manipulador y no tiene remordimientos. Puede matar por igual al traidor, al rival, al niño, a la mujer embarazada o a una familia completa sin sentimientos de culpa. No tiende a la ostentación como lo hace el sicario antisocial”, explica Vázques.

Por último está el perfil del sicario sádico, a diferencia del psicópata que tiene por objetivo la mejoría económica y calidad de vida, el sádico es impulsado por la satisfacción que siente al dañar a otra persona.

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“El sádico disfruta de torturar y ejecutar con la mayor crueldad a sus víctimas. Las ganancias económicas para él son secundarias, pues llega a matar aunque no le paguen. Incluso, puede grabar sus asesinatos para después verlos y recrearse de nuevo. Es común que quiera un “recuerdo” de sus crímenes, por ejemplo, colecciona dedos de sus víctimas. Tiene también habilidades cognitivas, es frío emocionalmente, recurre a la planeación estratégica, pero no manipula, ni tiene encanto superficial, ni busca ocupar altos puestos. Sólo busca tener víctimas y saciar su necesidad de sadismo. No cambiaría lo que hace por otra actividad que le reportara mejores ganancias económicas”, se lee en la publicación.

Jesús Lemus, escritor de libros relacionados con el narco y quien recientemente analizó la operación de Las Cachorras, afirmó que la participación de mujeres en el sicarito de México ha tomado relevancia en los último años y sus participantes suelen tener comportamientos y perfiles psicológicos parecidos a los descritos antes.

Esta agrupación actualmente se mantiene con operaciones en los estados de Guanajuato, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco y Zacatecas.

Las Cachorras habrían sido fundadas en 2010 por Ana Karen Cuevas, quien entonces era pareja de Hernán Ramos “La Calaca”, que llegó a ser jefe de plaza de los Zetas en el Estado de Hidalgo.

Cuevas fue detenida en 2012, acusada de tener la función de secuestrar y asesinar, junto con Verónica Nájera, a todos los enemigos del cártel.

Las Cachorras fueron fundadas con el objetivo de entrenarlas para acabar con los enemigos del cártel de Los Zetas y funcionaban en cada uno de los estados donde operaban. Actualmente se dedican al sicariato y extorsionar.

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Cada célula estaría integrada por entre 10 y 15 mujeres, lo que muestra una importante presencia femenina al interior de Los Zetas.

El grupo existe una especie de sistema de escalafón en el que luego de cometer cinco homicidios, cualquiera de “Las Cachorras” pasa a formar parte de “Las Panteras”, un grupo de élite al que se considera que sus integrantes son aptas para asumir el mando de las células locales, en los estados en donde mantienen presencia Los Zetas.

“Este grupo surgió en 2010 y están identificadas con las ideas y la operación de los viejos zetas. El último vestigio que tuve de ellas fue en 2017 cuando se dio la disputa entre María Teresa Rodríguez ‘La Tía’ y Leticia Rodríguez Lara ‘Doña Lety’, en Quintana Roo, ellas fueron fundadoras de Las Cachorras.”

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“Doña Lety” fue detenida en Puebla en agosto de 2017, luego de haber detonado la violencia en Cancún, donde le disputó la plaza a “La Tía”, quien había sido ascendida por Juan Gerardo Treviño Chávez, “El Huevo”, cuando se hizo cargo del cártel y quien estuvo bajo las órdenes de “La Tía” en la zona de Reynosa, Tamaulipas.

“Hasta donde tengo entendido ahora el grupo está encabezado por Leticia Jiménez, ‘La Muñe’, quien no debe andar por arriba de los 35 a 45 años de edad”, expresó Lemus.

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