Cataratas del Niágara, maravilla de la Era Glacial

Es el primer parque nacional de Estados Unidos, fundado en 1885 en el norte de Nueva York. Este conjunto de cascadas forma parte de un complejo geológico de más de 12 millones de años. Más de 8 millones de visitantes llegan cada año para admirar esta belleza de la naturaleza.

Por Tomas Guevara / Washington

Jul 19, 2019- 04:00

Ruge la madre naturaleza en el Parque Nacional de las Cataratas del Niágara. A varios kilómetros de distancia se escucha la estrepitosa caída de agua por el despeñadero, que al rebotar en las rocas forma una niebla densa que se eleva como un llamado casi hipnótico a los visitantes, quienes llegan durante todo el año a este tesoro natural que en las diferentes estaciones ofrece un paisaje diferente para explorar.

Este parque nacional fue el primero de su tipo en Estados Unidos en el año de 1885, luego de numerosas exploraciones por esta maravilla del planeta, que comparten en partes iguales Canadá y Estados Unidos, al norte de Nueva York.

Las enormes cataratas de más de 60 metros, que forman este complejo natural en dos vertientes del mismo río Niágara, son el legado del final de la gran Era Glacial; pues al descongelarse el hielo que enfrió el planeta por unos mil años llenó el valle donde hoy se encuentran los Grandes Lagos. De ahí que las fuerzas de readaptación de la placa terrestre formaran la fractura geológica, la cual ha canalizado por los últimos 12 millones de años el desagüe de los Grandes

Lagos hacia el Lago Ontario, en Canadá. Dicho desagüe posee un desnivel de unos 100 metros.
Como la madre naturaleza no conoce fronteras, el bravo raudal de aguas cristalinas atraviesa una estrecha zanja de 40 kilómetros de largo del Río Niágara, mientras corre por la cuesta serpenteando entre los dos países.

Uno de los puntos más espectaculares es la famosa catarata “Herradura”, que se convirtió en mítica de la cinematografía en películas como “Superman”, y más recientemente en hazañas del talante humano, cuando el famoso equilibrista estadounidense Nick Wallenda la atravesó caminando sobre una cuerda atada a cada lado de las dos fronteras. Mientras el mundo veía boquiabierto al equilibrista, que parecía una diminuta cruz andante sobre la tempestuosa caída de agua iluminada con luces de colores, las televisoras se concentraban en el legado de una familia circense y el valor del tesoro natural de Niágara.

Este parque, de 162 hectáreas en el lado estadounidense, fue diseñado por el arquitecto paisajista Frederick Law Olmsted (1822 – 1903), el mismo creador del Central Park en la isla de la ciudad de Nueva York.
A diferencia del famoso parque de Manhattan, hecho a la medida en cada aspecto y efecto, las Cataratas del Niágra habían fraguado en unos 12 millones de años su propia forma. Además, era refugio de las tribus nativas que consideraban el Niágara como un lugar sagrado y de veneración por los primeros exploradores y los posteriores incursionistas de esta tierra, mucho antes de la colonización por los europeos.

Es más, el nombre mismo significa “Trueno de agua”, en la lengua que hablaba la tribu Iroquois que pobló esta región conocida en las lenguas nativas como Ongiara.

Los franceses que llegaron a esta región en el siglo XVII no encontraron resistencia en esa tribu que habitó la región por miles de años, es más, eran proclives a cooperar y a mediar en conflictos con los colonizadores.

Volviendo al turismo actual, durante la estancia en la ciudad de Niágara, el visitante puede hacer caminatas por el ramal de senderos que parten este centro turístico, concurrido por unos 8 millones de personas cada año. A pesar de que la población de la ciudad, cuyo nombre es el mismo en cada lado de las fronteras, no llega a los 50 mil habitantes.

También hay un tranvía que atraviesa el parque, que se aborda para cada tramo por $3 dólares, que ofrece recorridos de uno a otro punto; aunque la mayor concentración de miradores está en la Isla Grande del lado estadounidense, donde los visitantes pueden caminar hacia las “Cataratas estadounidenses”, “Herradura” y “Velo de novia”. Además de ir hacia la explanada del río antes y después de las caídas de agua.

Los más osados también abordan la reconocida embarcación “Dama de la niebla”, que por la módica suma de $35 dólares por persona te llevan sobre el lecho del río a los pies de las cascadas para ver en contrapicada la espectacular caída de unos 8 millones de litros de agua por segundo, y que, sin duda, dejan empapado al visitante a pesar del chubasquero que incluye el paquete de viaje, todo por el efecto de condensación del agua cuando cae al precipicio.

Las Cataratas del Niágara están a unos 650 kilómetros de Washington D.C., con un recorrido por tierra aproximado de 8 horas, que incluye atravesar la gran cadena montañosa de Pensilvania, donde además se pueden hacer paradas de camino para conocer los sitios históricos y las pequeñas ciudades ancladas en esa franja del norte de los Estados Unidos.

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