Así es el Parque Cuscatlán, el moderno espacio de esparcimiento en la capital

Tras tres años de reconstrucción, el parque ha sido finalizado gracias a las gestiones y los presupuestos de cuatro instituciones. Con una visión inclusiva, zonas de recreo activo y una agenda cultural variada, el recinto se convierte en un oasis frente a las escasas áreas de sana diversión.

Por Sara Castro

Sep 14, 2019- 22:00

San Salvador contará, a partir del 17 de septiembre, con un nuevo espacio exclusivo de esparcimiento. Se trata del Parque Cuscatlán, el que fue visionado por primera vez en 1939 y tras 80 años de funcionamiento ahora presenta su modernizado rostro.

En esta construcción de arquitectura minimalista se contempló áreas para todos: para los que se deleitan en la naturaleza, los que prefieren el deporte y aquellos que desean disfrutar de actividades artísticas. Incluso se ideó hasta para los peatones que utilizarían el parque solo para transitar de la alameda Roosevelt a la Sexta décima calle o viceversa.

Y es que, parte de sus más imponentes elementos son las pasarelas aéreas de hierro, pensadas para que los visitantes o transeúntes caminen “sobre el parque” y cerca de las copas de los árboles.

La función ambiental fue un pilar fundamental dentro del diseño del parque, por lo que el arquitecto colombiano Felipe Uribe, responsable del proyecto, tuvo un especial respeto por la vegetación que estaba en el antiguo recinto. Si algún árbol estaba situado en un espacio que sería intervenido no sería talado, sino que la construcción se adaptaría a él.

Ese fue el caso de un árbol en el área donde se construyó la concha acústica. No fue destruido y su belleza se fundió con la infraestructura de concreto visto.

En esta área se contempla realizar conciertos y espectáculos culturales. El auditorio tiene una capacidad para 300 espectadores sentados y está equipado con cabina de sonido, luces y pantallas.

Parque Cuscatlán

La edificación fue construida con concreto visto, material estético de gran durabilidad. Fotos EDH / Yessica Hompanera

Tras de él se encuentra el Trébol Cultural, un espacio con una fuente al centro y cuatro salones para clases gratuitas de arte o usos múltiples. Cada uno cuenta con una pequeña terraza.

La extensión para las zonas de recreo pasivo llega hasta el muro ubicado detrás de la Sala Nacional de Exposiciones Salarrué. Ahí se ubicaron 30 espacios para montar obras de arte salvadoreño, las que se pretenden renovar cada seis meses.

La zona de arte colinda con el Monumento a la Memoria y la Verdad.

Pero el Parque Cuscatlán también tiene varias áreas de recreo activo: senderos para caminar, para andar en bicicleta, decks (plataformas) para realizar aeróbicos o yoga, un gimnasio urbano y una zona para practicar parkour, deporte extremo en boga que consiste en saltar o superar obstáculos urbanos.

Foto EDH / Cortesía

“La visión aquí fue clara: generar un lugar para el bienestar de la ciudadanía. Un parque es un elemento urbano. Hablamos de la vida de las ciudades. No es algo que dura tres años, es algo que puede durar siglos”, expresó Mayu Ferrufino, coordinadora de Espacios Públicos de Glasswing International, sobre este complejo.

Pero para que los ciudadanos se sientan seguros en él, las instituciones responsables del proyecto incluyeron el Puntos de Atención Social (PAS), área donde se encontrarán una oficina de la Policía Nacional Civil (PNC), una de la Policía de Turismo, otra del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) y un sistema cerrado de 20 cámaras de vigilancia.

Frente a la zona PAS se encuentra un espacio para jugar en arena.

Cada uno de los detalles incluidos en el parque significó un presupuesto de más de $19 millones, según el director de Desarrollo Municipal de la Alcaldía de San Salvador, Juan Carlos Montes. Dinero proveniente de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), Glasswing International, The Howard G. Buffet Foundation y la Alcaldía de San Salvador.

Pero el cuido y mantenimiento de esta extensa área de sana diversión será responsabilidad de todos los salvadoreños.

Con este extraordinario proyecto, la representante de USAID, Ana Rosa Selva, considera que es un punto de partida para que se replique en otros municipios y para que los salvadoreños “salgan a disfrutar de El Salvador y exijan a sus líderes más espacios como este”.

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