Dinora Alfaro, una embajadora de la cultura salvadoreña

Con una vida dedicada al teatro, esta mujer tiene como objetivo que la sociedad reconozca el poder liberador del arte y el valor de transmitir mensajes a través de la dramaturgia.

Por Nancy Moncada

Mar 29, 2020- 04:30

“Soy actriz, directora, productora y dramaturga”, dice la ganadora del Premio Ovación de teatro, Dinora Alfaro. ¿Cuándo comenzó con esta pasión?, le preguntamos. “Con el juego. Desde pequeños ya traemos para lo que vamos a ser y eso se manifiesta siempre en el juego. Mis juegos estuvieron siempre relacionados con la actuación. Yo todo lo que hacía pensaba que tenía un público que me estaba viendo. Siempre soñando con estar en un escenario”.

Aquel juego de hacer novelas con sus compañeros se transformó. “Se fue convirtiendo en algo más fuerte. Yo decía: Tengo que lograrlo y en eso me tengo que convertir, en una actriz”.

Sus padres la apoyaron cuando les dijo que quería estudiar un bachillerato en Teatro. Viajaron de San Vicente a San Salvador dispuestos a buscar el lugar para que su hija se realizara, pero no encontraron ninguna escuela. “Tuve que regresarme a San Vicente y estudiar Físico Matemático (la física y la matemática también me gustaban un montón, pero no era lo que yo soñaba)”, rememora.

Al ver que no había una especialidad, decidió estudiar Periodismo. “Creo que en mis sueños desde chiquita me veía diciendo cosas importantes a la gente y el periodismo es una manera de hacerlo”. Y fue en la Universidad de El Salvador (UES), donde encontró el Teatro Universitario. “Ahí empiezo mi camino”, cuenta. Pero su verdadera formación sobre las tablas se dio en la escuela Arte del Actor. “Mis bases de actuación están ahí. Fue un proyecto muy bonito liderado por el Fondo Sueco”, explica sobre el espacio que buscaba ser una escuela real de actuación.

El camino de Dinora para dedicarse a lo que ama ha sido complejo. Uno de los retos que ha encontrado, lamenta, “es luchar contra una sociedad que no entiende lo que estás haciendo. Todavía no somos conscientes del poder liberador, del poder de sensibilizar a las personas que tiene el arte. No se dan cuenta de que es algo vital para el ser humano. El ser humano no solamente es materia. El ser humano es espíritu y el arte recrea el espíritu”.

Y aunque ha sido dura la lucha, su carrera también le ha dejado grandes dichas. “La mayor satisfacción para el artista, y en mi caso, es cuando viene alguien y te dice que lograste tocar su corazón con lo que hiciste. Cuando has escrito algo, has actuado algo y luego viene el público y te dice que le has transformado su vida. Eso es un gran logro”, dice complacida.

“La Huida”, coproducida por Costa Rica-El Salvador. Es protagonizada por Dinora Alfaro. Foto/EDH

La actriz confirma lo que su trayectoria ha demostrado, que ama ser una embajadora del arte salvadoreño: “He tenido la suerte de ser reconocida, de que mi trabajo ha sido muy aplaudido fuera de las fronteras. En 2017 fui reconocida con una Mención Honorífica por una actuación que hice en un proyecto que se llamaba ‘La Huída’, que también yo había escrito. Y es la Mención Honorífica de un Premio Nacional de Cultura en Costa Rica, que es un país lleno de cultura. Entonces esas cosas realmente lo animan mucho a uno… eso ayuda a que la sociedad vaya comprendiendo un poco más que tu trabajo tiene un significado más allá del divertimento. Está transmitiendo cosas y hay gente que lo está notando”, dice.

En la lucha, rompiendo esquemas
Dinora afirma que las mujeres son el pilar fundamental de la sociedad. “Es imposible pensar en una sociedad sin pensar en la mujer. Creo que nosotros debemos todos los días, lastimosamente, demostrarle a la sociedad lo importante del trabajo que hacemos. Y no cansarnos, porque siempre vamos a encontrar obstáculos. Debemos luchar siempre por ser las mejores. Que esto sirva como un horizonte que te ayuda a ir caminando, a superarte a ti misma. Porque creo que no es necesario estarnos comparando con nadie, sino es todos los días procurar ser mejor en lo que hago, ser mejor persona, ser mejor madre, ser mejor hija”.

La dramaturga se inspira “en la mujer luchadora, en la mujer que rompe esquemas, en la mujer que no se conforma con lo que la sociedad le ha dictaminado como su rol, porque lastimosamente vivimos en sociedades demasiado machistas, en donde siempre te están determinando cuál es el rol que debés cumplir”.

Para ella, ser una mujer influyente es un “gran honor”. Y añade: “Me sorprende gratamente porque anteriormente he sentido que nuestro trabajo en El Salvador no es muy reconocido, pero esto es como una gotita de esperanza; de decir, hay alguien que ve el trabajo que estás haciendo y que lo valora. O al menos es como una palmadita en la espalda que a uno le ayuda para seguir adelante”. Y reconoce que es un reto, “porque te coloca bajo el cenital, como decimos en teatro. Te coloca ahí bajo la luz y la gente te va a estar viendo. Eso significa compromiso siempre”.

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