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De zapatero a empresario musical: William Cenna, el artífice del éxito de Salsa Clave: “El sombrero azul”

El también fundador de La Vieja Fiebre y esposo de la cantante Ligia Morales habló de cómo convenció a su familia para demostrarle al mundo que la música salvadoreña puede traspasar todas las fronteras.

Por Elis Silva | Sep 25, 2021- 12:56

William Cenna ha entregado su vida a sus pasiones y la familia. / Foto Por EDH / Jorge Reyes

Aunque el nombre de William Cenna no resuene con fuerza en los oídos de las nuevas generaciones, sí lo hace la canción que es considerada un himno en el país, la versión salvadoreña de “El sombrero azul”.

El músico de origen salvadoreño e italiano posee mucho talento y grandes éxitos a su vez, aunque como él mismo dice, siempre se mantiene detrás de sus triunfantes producciones. Aseguró felizmente que cede con gusto el reconocimiento y los aplausos a su media naranja, la icónica cantante Ligia Morales.

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El fundador de Salsa Clave y actual director de La Vieja Fiebre continúa dejando un legado en el país con su labor como músico, arreglista e intérprete.

En una entrevista con elsalvador.com, el tecladista habló de cómo ha combinado sus dos pasiones: el mundo empresarial y la música; esta última fue una opción que por poco y no logra, debido a la temprana desaprobación de su padre, quien veía en su hijo a un hombre de negocios.

Pero antes de su partida del mundo terrenal, dejó claro que estaba muy orgulloso de su hijo y su gran triunfo. Cuando su padre enfermó de gravedad, Cenna tuvo el privilegio de escuchar cómo su papá —con sus pocas fuerzas— exhalaba un “dale salvadoreño”; el cual nació después de ver que una enfermera reconoció a su descendiente.

Durante la entrevista con elsalvador.com habló de sus inicios en la música. Foto: EDH / Jorge Reyes

“En 1983 comencé a tocar profesionalmente con el grupo Bossa de “Paquito” Palaviccini, aprendí mucho con él. Conocí más sobre el piano; porque yo soy autodidacta, nadie me enseñó… yo no sé, la cosa es que salí tocando de repente”, ríe al recordar sus inicios.

Tras un fugaz paso por Grupo Andrómeda, Cenna decidió, en 1984, crear la icónica agrupación Salsa Clave. Admitió que en ese tiempo solo tocaban en hoteles y fiestas privadas, ya que como muchos saben, la guerra civil en El Salvador estaba en auge.

“Era bien arriesgado en mi caso”, explicó el artista, quien dejó claro que la música no era el medio con el que se ganaba la vida, solo era su hobbie. Su profesión era otra: “Me considero zapatero, no músico”. Cenna se dedicaba al negocio familiar, El Calzado Don Juan, que surgió en 1942.

William Cenna junto a su esposa, la icónica cantante salvadoreña Ligia Morales.

Sus comienzos en la música fueron “puro accidente”, de pequeño percibió una tendencia musical, la cual se fortaleció a los 20 años con la invitación que recibió para tocar en el conjunto Bossa.

“Mi familia no estuvo de acuerdo, ya que nosotros venimos de una familia empresarial, con fábrica y tiendas de calzado, nada que ver con la música. Mi papá tenía fábricas de cueros, entonces no le gustó”, detalló.

“Nunca he ocupado drogas, nunca he bebido, así que la música fue como quizá mi droga, lo que me relajaba, lo que me divertía, lo que me hacía sentir bien”, agregó. Aún así su padre no aprobaba su inclinación artística, hasta que Cenna, por consejo de un amigo, decidió combinar este arte con el rubro empresarial.

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Su padre le dio cinco años para experimentar con su interés por convertirse en un empresario de la música, y sí que tuvo que profesionalizarse de inmediato, ya que sus parientes no lo apoyarían económicamente. Esto ocurrió a finales de la década de los 90, cuando un milagro ocurrió: “El sombrero azul”.

“Dale salvadoreño”

En el 2001, como reacción a lo vivido durante los terremotos, William Cenna hizo un icónico arreglo de “El sombrero azul”, original del cantante y activista venezolano Alí Primera. Esta fue la canción que además le dio fama internacional a su amada, la icónica cantante Ligia Morales, a quien él seleccionó casualmente como la vocalista de este himno.

Una vez más, sintió una corazonada con esta producción: “Yo siempre a la primera persona que le llevaba una canción que yo grababa era mi papá, no estaba muy de acuerdo con la música pero yo sabía que él disfrutaba escuchar lo que yo hacía. Cuando le llevé ‘El sombrero azul’ me dijo ‘hoy sí, esto sí creo que te va a funcionar, no conozco tu negocio pero esto sí me huele’. Y más que mi mamá arregló la letra (…) porque era una canción con mensaje social y yo creo que nosotros ya no estábamos para eso”.

Después de este monumental acontecimiento, llegó su accidental encuentro con La Vieja Fiebre, cuyo nombre aseguró hasta el día de hoy no lo termina de aceptar. “No se lo puse yo, se lo puso el excantante de Fiebre Amarilla (banda que en ese momento ya no existía)… vino Manuel Gómez y dijo ‘pongámosle La Vieja Fiebre'”, sostuvo.

Una invitación a un evento provocó que él reuniera a varios de sus colegas, ya que se requería interpretar temas en inglés y Salsa Clave no los ejecutaba; así que invitó a varios de sus amigos que casualmente habían formado parte de Fiebre Amarilla.

Actualmente junto a La Vieja Fiebre están trabajando en material original. Foto: cortesía William Cenna

Ni siquiera ensayaron y el espectáculo salió perfecto. Finalmente armó el grupo y dejó a su “tiernito”, que era Salsa Clave. Aceptó que en ese instante pensó que el proyecto de La Vieja Fiebre no duraría mucho tiempo, de eso ya pasaron 14 años.

En medio de todos estos sucesos, a Cenna también se le ocurrió abrir el restaurante, el ya legendario Sombrero Azul, que desde su apertura recibió en el escenario a grandes figuras del entretenimiento salvadoreño.

Aunque su esposa Ligia no estaba de acuerdo con este negocio; al fin y al cabo terminó siendo el rostro de este sitio. “Yo hasta ahora estoy volviendo a los medios, pero yo me desaparecí por completo. Tengo a mi esposa que es la que pone la cara y yo soy el de las ideas”.

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“Bendito Dios que se me ocurrió (el restaurante), porque ahora con la pandemia La Vieja Fiebre es el único grupo que toca todos los sábados, si no lo tuviera, estuviéramos igual que los demás”, sostuvo.

“El pelado mix”, “Vientos de Navidad” y “Partido por la mitad” son algunos de los temas de este conjunto, que aunque no fueron promocionados en los medios de comunicación tuvieron buena recepción.

Actualmente Cenna se avocó a la prensa para promocionar el sencillo “Volver a nacer”, que se ha convertido en un mensaje de alegría y amor hacia El Salvador.

“Nosotros solo escuchamos cosas sobre el país de delincuencia, como que fuéramos los reyes de las noticias negativas. Entonces con esta canción pienso que llegamos a las fibras de las personas (…) tenemos un país tan bonito, que tiene todo”, explicó.

“Volver a nacer” es el material más reciente de La Vieja Fiebre. Foto: cortesía William Cenna

Con La Vieja Fiebre están cocinando muchos proyectos musicales, que además de calidad reúnen a excelentes músicos. Están preparando una producción discográfica de temas originales.

“También ya tenemos en mente la otra canción, que es un tema muy cotidiano, pero algo duro, donde los viejos como yo (risas), que algunos se creen guapos y ya estamos feos, reventados, creen que una cipota se va a enamorar de ellos. Y el amor es el carro, el amor es el dinero… por ahí va la historia”, explicó.

Cuando se le preguntó si logra ver una industria musical en El Salvador respondió de manera tajante: “Nunca ha habido industria, aquí todo es artesanal. Yo vengo de una familia empresarial y les he expuesto mi punto de vista a algunos empresarios de la música, pero realmente es bien difícil que entiendan (…) mis colegas dueños de grupos le están coartando el desarrollo o los derechos que le competen al artista, al músico, no al dueño; su Seguro Social, su AFP”, continuó.

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Con el tiempo, “si Dios me lo permite”, Cenna quiere ser el primero en poner el ejemplo.

Para concluir, sostuvo que los 14 años que lleva con La Vieja Fiebre han sido “una muy buena experiencia, porque todos son muy buenos músicos, con experiencia. Difícil, por las edades, son necios, testarudos, andropáusicos (risas) en términos generales. Es un placer tocar con ellos porque se siente la experiencia, se siente lo añejo, lo sólido del grupo”.

Por otra parte, el legado de los zapatos continúa, aunque Cenna se ha dado un descanso para cuidar de su madre, de 87 años, ya que él es el único que puede cuidarla. Así que ya no fabrica zapatos, “solo compra y vende”.

Entre los negocios, la música y el restaurante se encuentra Ligia, “es mi segundo matrimonio… me quedé con lo que el país produce. Es una mujer sencilla, no muy normal (risas) pero la quiero, ha sido un apoyo. Creo que sin ella no estuviéramos donde estamos, tal vez no es la empresaria, pero sí es una tremenda imagen y las relaciones públicas ella las maneja a su antojo. Lo bueno es que tiene muy pocos detractores, la mayoría la quiere. Ella es una pieza muy importante en mi trabajo, pero más que todo en mi vida”, afirmó.

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