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Mario Arévalo, el tenor salvadoreño que apoya el talento de la niñez con su fundación “Una voz, un mundo”

El tenor salvadoreño emigró a los Estados Unidos en 1999, en donde se convirtió en un cantante de ópera internacional y ahora impulsa el talento artístico de niños y jóvenes de su natal San Vicente con su fundación “Una voz, un mundo".

Por Óscar Orellana | Ago 23, 2021- 13:09

El tenor salvadoreño tiene la iniciativa de poder contribuir con el desarrollo artístico de los niños y jóvenes de San Vicente. Foto: cortesía Mario Arévalo.

Mario Arévalo nació y creció en una familia de escasos recursos en la Ciudad de San Vicente. En su infancia tuvo que sufrir los estragos de la extrema pobreza que azotaba a su abuela y a su madre con quienes vivía en un pequeño cuarto de un mesón. El recuerdo de andar de un lugar a otro por no poder pagar el alquiler aún persiste en su memoria.

A la edad de 8 años, sin saber realmente lo que sucedía, tuvo que separarse de su madre, quien emigró a los Estados Unidos en busca del anhelado “Sueño americano” y para poder darle a él y a su abuela la vida que tanto habían soñado.

“Aún recuerdo moverme de habitación a habitación en diferentes partes del pueblo de San Vicente porque nunca tuvimos una casa, pero aun así fuimos tan felices. Mi abuela fue todo en mi vida. Han pasado 14 años desde que ella, la mujer que me crió y me hizo el hombre que soy, dejó este mundo”, recuerda con mucha nostalgia Mario a sus 36 años de edad.

Su mayor sueño fue ser un cardiólogo para ayudar a salvar vidas en El Salvador, no obstante, el destino le había preparado otro camino que debía recorrer, el de la música. A sus 14 años también tuvo que dejar el país y con un maletín lleno de sueños tuvo que decirle “adiós” al pueblos y amigos que lo vieron jugar por las calles. Pasaron casi 7 años para poder volver a reencontrarse con su madre, quien ya se había casado en el país americano.

El tenor salvadoreño en uno de sus conciertos. Foto: Cortesía Mario Arévalo.

“Cuando venía para los Estados Unidos venía con un poco de dolor, porque sentía que me habían apartado de mis amigos, de mi niñez, porque no pude graduarme de noveno grado”, dijo el vicentino, nacido un 24 de abril de 1985.

Al llegar a Nueva York su vida no fue fácil, pues tuvo que sufrir bullying por parte de sus compañeros de escuela, incluso de salvadoreños por no saber inglés, pero eso no fue ningún impedimento para poder destacar entre sus compañeros.

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De emigrante a cantante de ópera

“Nunca pensé que sería cantante”, son las palabras del tenor salvadoreño al narrar cómo fue que descubrió que tenía innato el don para el canto. Él afirma que fue su maestra de inglés quien le dijo que tenía talento y lo motivó para introducirlo a clases de coro y música.

“Mi maestra de inglés de la escuela me descubrió y estaba muy emocionada de poderme ayudar para poder sobresalir en la escuela, a lo que pensé que podía hacer algo que me ayudaría a desenvolverme mejor con los demás estudiantes”, agregando que después conoció a maestros de cantó y así inició su amor por la ópera.

Posterior se preparó en la materia y se graduó de licenciado en Música, preparación que le permitió dar sus primeros conciertos, cuando todavía era muy joven, en varias partes de los Estados Unidos. Pero luego tuvo que abrir sus alas y comenzar a probar por otras partes del mundo.  Es así como lo invitan a ser parte de una ópera italiana para dar concierto en Italia y Canadá.

“Me salió mi primer contrato en una ópera en italiano para ir a darle primicia en Canadá y en Italia ya estaba saliendo de aquí de la comunidad, de lo nacional. Fue la que me abrió puertas pues desde que yo hice los conciertos las cosas comenzaron a ser más bonitas para mi carrera”, indicó Arévalo.

Luego se le presentaron oportunidades para llevar su talento a muchos países del mundo, incluidos Austria, Canadá, Italia, Perú y toda Centroamérica. Además, de ser reconocido como “Embajador de Buena Voluntad para Bellas Artes y Cultura”, un nombramiento que recibió por parte de la Asociación de las Naciones Unidades de El Salvador en Nueva York.

Su excelente trayectoria como tenor y su reconocimiento artístico lo han llevado a ser considerado el “doctor de las almas”, pues desde niño supo que quería ser cardiólogo para ayudar a salvar vidas, pero se dio cuenta que la música también cura el alma. “La música es muy importante en la vida del ser humano porque transporta a otro espacio, cura, es amor. Es prácticamente como la medicina”, dijo el salvadoreño.

Mario Arévalo entregando instrumentos a jóvenes. Foto: cortesía Mario Arévalo.

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“Una voz, un mundo”

A Mario, ser un artista internacional no le ha quitado esa humildad con la que fue criado por su abuela, por ello, comprometido por las causas sociales, los niños y la juventud ha tenido la oportunidad de contribuir con su granito de arena al pueblo que lo vio nacer.

En 2018, cantó por primera vez en El Salvador, específicamente en el Teatro Capitalino en donde docenas de compatriotas se deleitaron de su repertorio musical. Asimismo, llegó hasta su natal pueblo y brindó un concierto abierto al público en la Plaza del Pilar. En esa fecha donó junto a otras instituciones para construir el Teatro Jiboa que en este año se inaugurará.

“Siempre tuve ese sueño de poder regresar y demostrarle a mi país lo orgulloso que estoy de ser salvadoreño y de demostrarle en lo que me había convertido”, añadió.

Luego de ser nombrado Embajador de Buena Voluntad comenzó a buscar proyectos para ayudar a talentos salvadoreños radicados en Estados Unidos. Es por ello, que en 2016 creó la fundación “Una voz, Un mundo”, con la que también ha brindado apoyo a niños y jóvenes de San Vicente.

Mario y los niños de San Esteban Catarina. Foto: cortesía Mario Arévalo.

“Fue así como comencé haciendo conciertos pequeños en iglesia, en edificios, dándole la oportunidad de expresar su música a compositores que ya murieron y compositores que todavía están con nosotros”, resaltó el “Doctor de las almas”.

Mario contó que, en 2018 vino al país para poder entregar instrumentos a niños y jóvenes de bajos recursos en San Esteban Catarina, en San Vicente. Ver esa alegría y brillo en los ojos de los niños al tocar por primera vez un instrumento musical, despertó en él aquel niño que se había ido de ese territorio, dejando atrás sus sueños, pero que había vuelto para poder cumplir los de su gente.

“Yo en esos niños solo veo un reflejo de mi niñez, por eso me nace ayudarle. Quisiera tener el esfuerzo de compañías grandes para poder hacer festivales donde los niños se puedan expresar o recibir clases de música. Porque yo creo que un país con cultura, con educación y con sueños puede llegar a ser muy grande. Ayudando a niños que puedan cambiar al país”, expresó con nostalgia.

El “Doctor de las almas” sigue comprometido con los niños y jóvenes de su municipio. Actualmente se encuentra gestionando proyectos para poder beneficiarlos en el arte y la cultura. Asegura que no descansará hasta ver brillar a más artistas salvadoreños como él lo hace internacionalmente.

Concierto en San Vicente. Foto: cortesía Mario Arévalo.

 

 

 

 

 

 

 

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