“Teacher, ¿cómo se dice en inglés ‘no me toque’?”

Con frecuencia, la activista salvadoreña prohispanos Doris Rubio escucha estas preguntas durante la clase de inglés que imparte en el Centro de Salud Comunitario de East Boston, en Massachusett.

La compatriota en una marcha por los derechos de los inmigrantes en Washington D. C. Foto EDH / Cortesía

Por Rosemarié Mixco

Mar 10, 2020- 07:58

Hace dos meses, en el área que el Centro de Salud Comunitario de East Boston destinó para que la salvadoreña Doris Rubio Merino impartiera clases de inglés a residentes hispanos, una de las alumnas pidió la palabra y le preguntó: “Teacher, ¿cómo se dice en inglés ‘no me toques’?

— ¿Y por qué me preguntas eso? Fue la respuesta de la férrea defensora de los migrantes en esa región de la ciudad de Boston, en Massachusett.

— Es que en mi trabajo hay un hombre que se la pasa queriéndome tocar y yo no quiero.

— Él no tiene derecho a tocarte. Tú no tiene que aceptarlo.

— Él dice que el supervisor le dice que lo haga.

— Pero tú tienes derecho de irte a quejar con el otro supervisor o el gerente de la empresa.

— Es que si lo hago me van a quitar el trabajo.

— Yo voy contigo. Eso no puede suceder.

— Y sabe qué, hay un supervisor mexicano que un día se me acercó y me dijo: “Mirá, esas dos que están allá atrás han apostado $50 a que te toco el trasero. Si te dejás, te doy $25 y yo me quedo con los otros $25.

— ¿Y te dejaste?

— No, pero tengo miedo.

Esta breve conversación provocó indignación e ira en Rubio Merino, quien tiene 35 años de vivir en ese lugar de Boston y 40 de ser residente en Estados Unidos.

En junio de 2018, la compatriota recibió el premio “Maestro” en la gala anual del programa The Arts of Health Care del Centro de Salud Comunitario de East Boston. Foto EDH / Cortesía Doris Rubio

Desde que arribó a dicha zona residencial dominada por italianos — en la década de los 80— , su convicción de defender a los más vulnerables floreció y la animó a convertirse en una de las activistas prohispanos más influyentes de su localidad.

“Ofrecí acompañarla el día siguiente a su lugar de trabajo pero ella no quiso”, indicó la compatriota, quien además tiene 15 años como vicepresidenta de la directiva del Centro de Salud Comunitario.

Esta inmigrante, madre y profesional salvadoreña ha militado en una diversidad de iniciativas y organizaciones prohispanos, y ha recibido una diversidad de reconocimientos y galardones por su activismo social. También ha integrado un ballet folclórico que promueve la cultura y el arte salvadoreño.

Pero nada le proporciona más satisfacción que ver cómo a través de su esfuerzo la vida de muchos hispanos en East Boston cambia a una de mejor calidad.

El simple detalle de saber decir “Yes, I did” y “No, I didn’t” puede transformar la situación de un migrante en los Estados Unidos.

“Después de dar esa clase, a un grupo de salvadoreños en el Consulado de El Salvador, un estudiante pidió la palabra para darme las gracias. Le pregunte por qué y el dijo: ‘Gracias a usted ya no me pega mi jefa’”. Al escucharlo, Doris le explicó que nadie en ningún lugar tiene por qué recibir golpes.

En 1999, Doris Rubio se graduó con honores de la Licenciatura en Gestión de Proyectos

El alumno explicó que antes de la clase, su jefa llegaba y le reclamaba por no haber hecho lo que le había ordenado mientras lo golpeaba. “Dijo que ella le decía: ‘Tú no hiciste esto, tú lo hiciste mal”. Pero ahora, él responde “Yes, I did” o “No, I didn´t”.

Fue precisamente el maltrato a los inmigrantes lo que la empujó a buscar la manera de frenar tales injusticias. Cuando llegó a East Boston, los italianos que dominaban la zona veían de menos a los hispanos, no los toleraban.

“Había mucho salvadoreño desde entonces, y los italianos no los aceptaban. Los encontraban en la noche y les pegaban; a quién fuera”, recordó la licenciada en Gestión de Proyectos y en Administración de Empresas por el Wentworth Institute of Technology de Boston (en donde trabajó por 25 años), de donde se graduó tras su llegada a la gran nación del norte.

En 2020, detalla Doris, más del 50% de los habitantes de esa zona residencial son hispanos y al menos un 19% de estos son salvadoreños. Ahora, este sector social recibe mucha más atención por parte de las instituciones.

Pero uno de sus primeros esfuerzos prohispanos en su comunidad la llevó a ser una de las primeras latinas en sumarse al consejo de padres de las Escuelas Públicas de Boston, desde donde logró oportunidades de superación para los estudiantes latinos y una diversidad de mejoras en las instituciones.

Además de su activismo, la compatriota (c) ha integrado un ballet folclórico. Foto EDH / Cortesía Doris Rubio

Precisamente esta entidad fue la que le abrió las puertas del Centro de Salud Comunitario de East Boston, a través del cual ha logrado proporcionar asistencia médica a la comunidad hispana. “A los indocumentados los abusan por todos lados y tienen miedo, pero en ese centro de salud se les brinda la asistencia, tengan para pagar o no y tengan documentos o no”, enfatizó.

Desde que migró a Estados Unidos, tres fueron los pilares sobre los que edificó su lucha: salud, educación y derechos civiles. Y aunque las historias de sus alumnos suelen estrujarle el corazón y afectar su estado de salud -debilitado por una epilepsia- Doris no piensa rendirse y continuará defendiendo a los más desprotegidos.

“Los salvadoreños, y los latinos en general, en países extranjeros necesitamos unirnos más y apoyarnos para el bienestar de todos. Que los políticos y demás reconozcan que somos una fuerza que ayudamos a la economía y bienestar de los países en los que residimos”, concluyó la compatriota.

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