¿La vida que antes tuvimos? o ¿la faz de la Luna?

“La guerra no fue una interrupción terrible de la cual regresamos un día a donde habíamos comenzado. Debemos dejar de pensar en términos de propiedad y poder y comencemos a pensar en términos de comunidad y creación”. J.B. Priestly, novelista inglés, en una radiodifusión del BBC de Londres durante la Segunda Guerra Mundial “Postscript, 1940”.

Desolación o celebraciones concurridas, qué es lo que vendrá después de la pandemia. / Foto Por EDH / NASA / AFP

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Jun 21, 2020- 05:30

El mes recién pasado, se celebró, como cada año el 8 de mayo, el VE Day (el día de Victoria en Europa contra el fascismo) y el 25 de mayo, en memoria de los caídos en este enorme y sangriento conflicto conocido como La Segunda Guerra Mundial. Era la última guerra en que las partes estaban bien definidas: era claramente una lucha contra el fascismo en Europa y en el hemisferio occidental y oriental. Los Aliados lucharon contra el eje del fascismo. Hasta en el Comité Central del Partido Comunista de EE.UU. ordenaron a sus militantes enlistarse en la Fuerza Armada y luchar contra el fascismo —el nazismo de Hitler—.

La actual pandemia del COVID-19 se ha caracterizado como un conflicto parecido a la Segunda Guerra Mundial. Es una contienda para controlar la contaminación y el contagio del virus que está matando a la humanidad. La palabra “guerra” implica, lógicamente, la esperanza de una “posguerra” o período cuando termina el conflicto, en el que regresamos a la normalidad de antes: el status quo ante o la vida que antes tuvimos.

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En años pasados, en las calles de San Salvador después del conflicto, a veces, se oía que alguien dijera que la guerra había sido más fácil que la posguerra, porque, por lo menos, durante la guerra se sabía quien era el enemigo; mientras que, en la posguerra no se sabe quién es quién. Igual el virus de ahora: es invisible, pero mata de todos modos. La Organización Mundial de Salud ha declarado, con base de información científica, que América Latina será el nuevo “hotspot” (punto caliente del contagio); América Latina, entonces, remplazará a EE.UU., Europa y Asia en el escenario internacional de la salud en términos de números crecientes de muertos por el virus.

En medio de la crisis el personal de salud se mantiene luchando con ánimos. Foto EDH / AFP

En medio de todo eso, los países del mundo están abriendo sus economías que se encuentran en un estado peor que durante la Gran Depresión. Hay que reabrirse, porque, se declara que de otro modo no hay vida, negocio, dinero, civilización —nada—. Estaremos viviendo, comenzando en el mes de junio, una especie de interregno, un período o intervalo, un lapso o pasaje de tiempo entre dos períodos o eventos definitivos. Se ha anunciado el “regreso a la normalidad”. Pero imposible saber cómo será la vida a la que regresaremos en medio de este nuevo torbellino de la “normalidad”.

Consultamos a la historia sobre el período después de la Segunda Guerra Mundial en Europa para saber qué pasaba y si podemos pescar unas migajas de evidencias, que nos puedan servir para proyectar lo que nos depara como posguerra este año 2020. Después de la ocupación nazi de Francia, el bombardeo de Gran Bretaña durante el “Blitz”, por los alemanes, el bombardeo de Dresden y Hamburgo y otras ciudades alemanas y su población civil, en Washington, D.C. el presidente Harry Truman ordenó el ataque con bombas atómicas contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en el Japón fascista. O sea, el fin de la guerra y el comienzo de la posguerra no era una celebración; la verdad no es captada en las fotografías propagandísticas de las bellas niñas francesas en les Champs Elysées besando a los hombres americanos que llegaron en las tanquetas de liberación cuando entraron a París.

Repartición de alimentos en Nueva Delhi. Foto EDH / AFP

En Francia, las mujeres francesas de la posguerra no podían votar en las elecciones hasta 1945. Se dieron divisiones políticas entre la Resistance Francaise, el general De Gaulle, Winston Churchill y el general Dwight Eisenhower, comandante supremo, sobre cómo formar un gobierno francés. Los pleitos eran agrios. Inmediatamente después de la invasión a Normandía por las tropas americanas, inglesas y la resistencia francesa inició la conocida “Épuration Sauvage” (purificación salvaje) en la que, a balazos sueltos, mataron a los que habían colaborado con los nazis durante su ocupación de Francia. Se han visto las fotografías de mujeres francesas con sus cabezas rapadas, golpeadas y cubiertas con alquitrán negro porque habían tenido amantes alemanes. La izquierda y la resistencia francesa se fragmentaron brutalmente, cada facción contra el general De Gaulle y los Free French exiliados en Gran Bretaña. El cineasta francés, Max Ophuls, hizo una película de estas contiendas con el título La vergüenza y la piedad (Le Chagrin et la Pitié).

Es decir, en Europa, no había una posguerra en forma de un regreso a la normalidad: no había gobiernos, ni instituciones, ni cinemas ni teatros ni bibliotecas ni archivos. No había periódicos, correos ni bancos. El dinero no valía nada. No había policías, ni comida, ni sistema judicial. Mujeres de todas las clases se vendieron por comida. Tampoco había vergüenza ni moralidad. La hambruna era primordial. Solo sobrevivencia, venganza, retribuciones y purgas. La base legal para los enjuiciamientos de Nuremberg se tuvo que crear desde cero, porque, obviamente, no se podía utilizar el sistema legal alemán, y el derecho legal internacional estaba muy incompleto para la tarea de enjuiciar a los criminales de guerra nazis.

Una dominicana celebra su alta tras padecer de COVID-19 Foto EDH / AFP

Los ideólogos denominaron a los Estados Unidos como “El arsenal de la democracia”, y el país reanudó los programas del New Deal, comenzado por el presidente Franklin Delano Roosevelt. Los Estados Unidos enviaron toneladas de ayuda a una Europa destruida por bombardeos de toda clase en nombre del Plan Marshall. El New Deal, simultáneamente con el Plan Marshall, formó docenas de organizaciones gubernamentales como el Works Progress Administration que dio trabajo y pagos directos a la población que sufría desempleo y hambre, así como ahora. Mientras que, en 1945, los Afroamericanos del Sur de los Estados Unidos sufrieron una vasta exclusión del sufragio al negárseles el derecho a votar en las urnas.

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Al otro lado del océano Atlántico se comenzaron a formar los antecedentes de la Unión Europea, pero en la edición del día 1 de mayo de 2020, Le Monde, el diario parisino, anunció que “la avaricia de los estados y el regreso de las fronteras están causando peligro a los dos pilares de la Unión Europea: el Acuerdo Schengen y el mercado único”.

Hay que tomar nota de que hay una diferencia entre la posguerra en Europa después de la Segunda Guerra Mundial y la “posguerra” declarada con la reapertura de las economías hoy, después de la primera ola del virus COVID-19. Y es que, no hay un fin definitivo a la pandemia, como sí ocurrió con la Segunda Guerra Mundial. Seguirá. El doctor Robert Redford, jefe del Centro para el Control de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) anunció recientemente en las páginas del Financial Times, con mucha claridad, que se avecina una segunda ola este invierno de 2020, proyectando la muerte de hasta 200,000 americanos. Y así va a ver más millones de desempleados durante el “lockdown” de cuarentena que se tendrá que imponer como resultado. Concurrentemente, con el deslizamiento económico, será inevitable un deslizamiento en lo político y lo moral, igual como una fragmentación de las instituciones democráticas en este año de elecciones presidenciales en Estados Unidos.

En Brasil una madre e hija se reúnen tomando las medidas preventivas. Foto EDH / AFP

En el mundo Atlántico, siguen las luchas complejas de las negociaciones del Brexit, con los pleitos eternos de una frontera dura con Irlanda del Norte, y la apertura de las fronteras adentro de la Unión Europea mientras el Producto Interno Bruto (PIB) de Europa entera está sufriendo una contracción del 10%, con economías severamente traumatizadas en el viejo continente, y con voces que advierten que hasta el destino del proyecto entero de la Unión Europea está colgado en la báscula.

Los problemas de la civilización occidental están vislumbrándose en esta “posguerra” después y durante la continuación de la pandemia. Lo que es seguro es que las poblaciones que tienen empleo continuarán trabajando virtualmente desde sus casas, usando máscaras y practicando distanciamiento físico. Los efectos culturales, intelectuales, sistémicos y psicológicos son inmensurables todavía. Ni se sabe las dimensiones.

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Las economías, la naturaleza del trabajo en sí, el desempleo, la caída de corporaciones multitudinarias y la dinámica de la cultura occidental y oriental, ambas, se perciben entre la neblina. La xenofobia abunda, la extrema derecha crece y la naturaleza de los derechos constitucionales nos señala con luces y faros desde lejos la necesidad de renegociar y reescribir constituciones.

Es posible que todo florezca; es posible que todo se vuelva un terreno como la faz de la Luna— gris, plano, sin dimensiones humanas—. Pero lo que es seguro es que no nos depara un regreso a ninguna “normalidad”. El desempleo sería menos importante que la hambruna y la alimentación del planeta tendrá que ser asumida por un gigantesco Plan Marshall. Se tendrá que inventar un enorme consorcio internacional con personal casi militar para distribuir la comida.

Un miembro de un grupo étnico de Perú descansa junto a su familia tras vencer el COVID-19. Foto EDH / AFP

Propongamos un Plan Marshall desde este momento para que no sufran hambre las poblaciones de todo el mundo. Lo demás se inventa cuando estamos todavía con vida. Pero la pregunta primordial queda. Después de la primera y segunda pandemia, ¿a qué regresaremos? Tendríamos que reinventar la vida, las emociones, las economías, la creatividad para sostener a las comunidades como propone J.B. Priestley en la BBC después de la Segunda Guerra Mundial. Y queda también la pregunta de qué a qué serán las nuevas normalidades. ¿Será el regreso a una vida como antes la tuvimos? ¿O una vida desde cero en la faz de la Luna?

LECTURA RECOMENDADA:

Home Fires.  (BBC de Londres).
Un Village Francais (TV5 de Paris).
Ophuls, Max. The Sorrow and the Pity (Le Chagrin et la Pitié).
Alain Resnais. Hiroshima, mon Amour.
Roberto Rossellini. Germany, Ground Zero.
Fassbinder, Reiner. The Marriage of Maria Braun.
Wajda, Andrzej. Ashes and Diamonds.

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