Señales en el cielo, monedas en la tierra (1832-1834)

En las próximas semanas, dos libros del coleccionista salvadoreño Ing. Roberto Jovel añadirán más conocimientos a la historia de la moneda salvadoreña. Estos apuntes proceden de una de esas publicaciones, dedicada a las monedas provisionales de la década de 1830.

Fragmento de La intensa lluvia de estrellas del 12 al 13 de noviembre de 1833, en un grabado hecho en 1889 por Adolph Vollmy.

Por Carlos Cañas Dinarte

Dic 04, 2020- 21:44

El 27 de julio de 1832 se desarrolló un eclipse total de sol, visible en el Estado de El Salvador y en el resto de Centroamérica. Muchísimas personas se refugiaron en sus casas ante la presencia de aquellas sombras. El cielo daba señales luctuosas.

Entre septiembre y noviembre de ese mismo año, los residentes en diversos puntos de El Salvador levantaban los ojos al cielo nocturno y podían ver aquella luz, con una cola que le brotaba hacia el lado derecho. En realidad, el pequeño cometa 3D-Biela efectuaba uno de sus periódicos acercamientos al sol, registrados entre el 8 de marzo de 1772 y 1846, año en que se le vio regresar partido, en un sistema doble. Desde el 24 de septiembre de 1852 no volvió más, por lo que se asume que se disolvió en el cosmos.

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Su órbita fue medida el 27 de febrero de 1826 por el astrónomo austríaco Wilhelm von Biela (1782-1856) y su máximo acercamiento a la Tierra ocurrió el 29 de octubre de 1832. Así lo vieron los capitalinos de El Salvador, a quienes los cometas, lluvias de estrellas y demás fenómenos del cielo los estremecían, porque implicaban malos augurios.

Unos días después, el independentista sansalvadoreño Dr. José Matías Delgado y de León murió. La sociedad capitalina se estremeció con la partida súbita del llamado Padre Obispo, porque había recibido esa designación no por nombramiento del Papa, sino de la Asamblea Legislativa del Estado de El Salvador. Si la independencia existía de España, también podía existir con respecto al Arzobispado de Guatemala y del Vaticano mismo. Esa noche, la anual lluvia de estrellas Leónidas -vinculada con el cometa Tempel-Tuttle- fue muy intensa y la gente de San Salvador la asoció con ángeles que bajaban del firmamento para llevarse el alma del sacerdote fallecido. Un año después, las Leónidas desplegaron una intensa actividad.

Arriba: Eclipse en óvalo, cometa y erupción, moneda de 2 reales, 1832 y Lluvia de estrellas en moneda de 2 reales, 1833. Fue sobrefechada para usarse también en 1834. Abajo: Estrella en óvalo para designar al cometa Biela en esta moneda de 1 real, 1833 y La intensa lluvia de estrellas del 12 al 13 de noviembre de 1833, en un grabado hecho en 1889 por Adolph Vollmy.

En la noche del 12 al 13 de noviembre de 1833, decenas de miles de estrellas fugaces iluminaron diversas partes del hemisferio norte terrestre. El Salvador no fue la excepción. La gente creyente pensó que había llegado el temido Día del Juicio Final, ya preanunciado el 29 de octubre por la máxima luminosidad del cometa Biela, con su cauda del lado izquierdo, en su despedida del sistema solar.

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Entre 1832 y 1833, el levantamiento de Anastasio Mártir Aquino y sus nonualcos obligó a movilizar tropas y los gobiernos de Joaquín de San Martín y Ulloa y Mariano Prado se lanzaron a aplastar ese movimiento indígena de reivindicaciones sociales. Como escenario, el volcán Izalco lanzaba lava, humo y fuego en sus erupciones. Todo aquello quedó plasmado en la simbología usada por la ceca o cuño de San Salvador para sus diversas series de monedas provisionales acuñadas entre 1832 y 1834.

A esos años convulsos aún faltaba agregarles los tres días de oscuridad resultantes por la erupción del volcán nicaragüense Cosigüina, que inició el 20 de enero de 1835. Muchos atribuyeron el fenómeno eruptivo a la influencia del general Francisco Morazán en la política centroamericana, ignorancia anticientífica que enfureció al educador brasileño Antonio José Coelho, quien dirigía una de las más importantes escuelas de primeras letras en la capital salvadoreña.

Además, les faltaba añadir la pandemia de cólera morbus de 1836 a 1839, guerras, plagas de chapulines, viruela, etc. Vivir en El Salvador de esos años no resultaba fácil. Hoy, la numismática nos lo recuerda.

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