Jean-Baptiste Colbert y el arte del comercio: ¿Preámbulo y antesala a la Revolución francesa?

"Jean-Baptiste Colbert siempre ha sido celebrado como el ministro de las finanzas, el comercio y la industria de Luis XIV, el monarca de Francia. Sin embargo, recientemente Colbert ha sido considerado también como ministro de cultura, o sea, de propaganda, hasta el gerente de información en la recopilación de datos para la monarquía", Peter Burke, Universidad de Cambridge.

Retrato de Colbert, por Philippe de Champaigne, 1655. Metropolitan Museum of ART. Foto: EDH Archivo

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Jul 17, 2021- 11:46

Este mes de julio se conmemora el comienzo de la Revolución francesa, cuando se dio la Toma de la Bastille en París, en 1798. En La Marseillaise, tal vez el más militante de los himnos nacionales, Francia promulga la violencia del accionar militar en su revolución para celebrar, en su bella y famosa lírica y música marcial, la caída de la monarquía absoluta.

Pero se puede decir que la Revolución francesa comenzó durante el siglo anterior, el siglo XVII, cuando Luis XIV y su poderoso ministro, Jean-Baptiste Colbert, montaron una revolución comercial y marítima para conquistar militarmente y construir, por medio del arte del comercio, un gigantesco imperio para Francia y su monarca en los mares del mundo: el Mundo Atlántico y el mar del Norte; en el Nuevo Mundo, el mar del Caribe; y en Asia, en el mar de Java, y en las costas Coromandel y Malabar de la India misma, en el océano Índico la Grande France d’outre-mer (la Gran France en el Exterior).

Al considerar este imperio de la Gran France, no estamos hablando de las exploraciones, si no de las conquistas y fracasos de guerras y accionar militar en alta mar durante guerras nacionales e internacionales en estas regiones. Por ejemplo, las Guerras de religión nacionales en Francia y España, la Guerra de los siete Años y las tres Guerras anglo-holandesas, además de muchos conflictos menores y continuos durante todo el siglo XVII. La suerte de Francia estaba envuelta en estos conflictos con Inglaterra, España, Portugal y Holanda como parte de las acciones bélicas francesas en su visión de implantarse en las zonas marítimas más ricas del planeta, especialmente en África y Asia para construir su imperio comercial. Estas guerras y conflictos constituyen, quizás, una antesala en el mar a la Revolución francesa en sí. Las preguntas abundan: ¿Por qué y cómo fue que Francia participó en estas guerras comerciales? ¿Quién era Jean-Baptiste Colbert, el arquitecto de la visión comercial y colonial de Francia durante el reino de Luis XIV?

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Tal vez se conoce el nombre de Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) solamente desde las páginas de un viejo texto sobre historia de la economía, como el fundador y protagonista del mercantilismo. Y sí, Colbert era un contador y administrador estatal entrenado asiduamente por los jesuitas franceses, experto en el comercio marítimo al nivel internacional, conocido como la ley de los mercantes: lex mercatoria. La educación de Colbert tenía sus raíces en la cultura financiera medieval y la pedagogía de la Contra-reforma, tradiciones desde las cuales Colbert había adquirido habilidades sabias, como recopilar y organizar minuciosamente todo un reino de datos y utilizarlos en la construcción de un estado para su monarca, Luis XIV de Francia. Esta información fue traducida en inteligencia militar para la conducta de las guerras ofensivas y defensivas de la Compagnie Française des Indes (Compañía Francesa de las Indias), formada en 1664.

El “Príncipe real” y otras embarcaciones en la Batalla de los Cuatro Días, 1-4 de junio de 1666; de Abraham Storck. Foto: Wikipedia

Pero más que derecho de comercio marítimo, Colbert era maestro de un arte antiguo: el ars mercatoria, costumbres y prácticas del comercio marítimo como un arte para construir un imperio colonial para Francia.

En Asia el problema era muy simple, que las islas y costas más ricas en especias, esclavos, algodón, tabaco, índigo, oro, azúcar y más, ya habían sido ocupadas por la East India Company de Inglaterra, el Dutch East India Company (VOC por sus siglas en holandés) de Holanda, el Estado de Portugal y compañías de comercio de España. Colbert recogió inteligencia militar para competir en acciones bélicas para entrometerse donde ya estaban establecidas las compañías inglesas, portuguesas, españolas y holandesas. Los barcos de Francia y estas otras naciones eran de, por lo menos, dos tipos: de mercadería, de ejércitos nacionales, igual como de corsarios con lettres de marque (patentes de corsario) regaladas por los monarcas de sus respectivas naciones; legales bajo el derecho internacional marítimo del período. Entre otras provisiones, estos instrumentos legales permitieron el derecho de atracar militarmente y tomar posesión de los barcos ricos de otras naciones contra quienes Francia estaba en guerra. Un corsario, para los ingleses, era un protestante de una nación protestante, conocido como un “privateer”, como Sir Francis Drake y otros. Los corsarios holandeses eran Puritanos Calvinistas: los “Sea Beggars” (Mendigos del Mar). Los corsarios de Francia eran corsaires catholiques y todos funcionaban para capturar militarmente barcos cargados con ricas mercaderías de las colonias de otros países.

Tal vez los corsarios franceses más famosos eran de Saint Malo, en la costa norte de Francia, en la provincia de Bretagna. Marineros, comerciantes, aprovisionadores, dueños de joint stock companies, de responsabilidad limitada que funcionaban exclusivamente para la entidad real de la monarca absoluta de Francia: Compagnie Française des Indes. Eran protectores militares de barcos de mercadería franceses provenientes de las colonias en la India e Indonesia, llegando a los puertos de Francia en Saint Malo. Los corsarios de Saint Malo fueron contratados exclusivamente por el gobierno francés y el rey, Luis XIV les otorgó lettres de marque —o patentes de corsario— a los consejos de Colbert para capturar barcos de Holanda e Inglaterra en medio de las guerras, así controlar las vías marítimas del mar del Norte durante las tres guerras anglo-holandesas del siglo XVII. En la novela histórica reciente de Bernard Simiot, Ces Messieurs dee Saint Malo, creyeron que los santos de la iglesia les daban victoria y éxito en sus actividades como corsarios para la corona. El título de esta novela es una reflexión de una conversación documentada de Luis XIV, quien mencionó en un comentario casual a Colbert que hay que contactar a “Ces Messieurs de Saint Malo” (estos caballeros de Saint Malo) y afianzarlos en función de los pleitos de Francia con Inglaterra y las Provincias Unidas de los Países Bajos. Funcionaron en línea vertical, directa y únicamente para la monarquía absoluta de Francia, mientras que la East India Company de Inglaterra y la Dutch East India Company de Holanda (VOC por sus siglas en holandés) —ambas de países protestantes— funcionaban bajo los principios del libre comercio.

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Los corsarios de Saint Malo, contratados por Luis XIV y Colbert después de la formación de la Compagnie Française des Indes, participaron directamente en acciones militares a la par de los barcos que pertenecían oficialmente al Marine Nationale de France (el navío oficial y real del gobierno) contra barcos de mercadería holandeses e ingleses durante este siglo de guerras religiosas en Francia, Holanda e Inglaterra. El más famoso de los corsarios de Saint Malo era un tal Duguay-Trouin, considerado “un héroe de Francia”. Léon Guérin declara en su Histoire Maritime de France que este héroe casi folclórico en los anales del comercio de Francia montó “un projet d´expédition pour ruiner le commerce des Hollandais dans le nord” (construyó un proyecto expedicionario para arruinar el comercio holandés en el norte), ganando enorme riqueza personal en botín además de fama. Cuando Duguay-Trouin capturó un barco holandés con toda clase de riquezas desde las colonias holandesas en su ruta hacia el puerto de Amsterdam, cargado desde las colonias en Asia, su carga fue vendida en Saint Malo en subasta pública y el corsario recibió el 20 % de la venta total de las fabulosas cargas.

Otro corsario de Saint Malo involucrado en el “negocio del rey” a beneficio de Francia durante las guerras anglo-holandesas fue Jean Bart, sobre quien Guérin, en la misma historia marítima, dice lo siguiente: “Bart era un hombre capaz de concebir y ejecutar asuntos muy grandes, con heroísmo y habilidades extraordinarias, pero con modestia y humildad…”. Guérin cuenta que fue presentado a la corte de Versailles entre un gran clamor de apreciación del rey y sus ministros y sus cortesanos.

Mapa del imperio colonial de Francia en el siglo XVII. Foto: Wikimedia Commons

Los corsarios al servicio del gobierno de Francia que tenían patentes de corsario fueron memorializados en una película francesa de 1954 sobre Duguay-Trouin, que anuncia que es un héroe para la juventud francesa. Los corsarios de esta “ciudad corsario”, Saint Malo, son el tema de los cinco tomos de novelas de una saga escrita por Bernard Simiot que comenzó a ser publicada en 1983 con el primer tomo. Ces Messieurs de Saint Malo es una saga de familias de Saint Malo que comenzaron como aprovisionadores para corsarios de la monarquía que además llegaron a ser corsarios participando en “la course”, es decir, como corsarios de alto nivel en las actividades pertinentes. Jean Carbec —el protagonista de la primera de cinco novelas best sellers— anuncia en la última página que después de un matrimonio folclórico con su niñera de Saint Malo, firmando un contrato para recibir una patente de corsario del rey para actuar bajo contrato a la Compagnie Française des Indes, “Ahora yo era un corsario”.
Colbert y su compañía figuran en la cuarta novela histórica sobre los Tres Mosqueteros de Alexandre Dumas, père: Le Vicomte de Bragelonne, que dramatiza a Colbert, Luis XIV y Fouquet en las intrigas históricamente verídicas del siglo XVII, que era también el siglo de guerras de religión en el continente europeo (y también en Inglaterra, pues la Guerra Civil de Inglaterra era entre el Parlamento inglés protestante “puritano” y la monarquía católica, ejecutada en 1649). En la Restauración de la monarquía con el rey católico Carlos II en 1660, Luis XIV, el monarca más católico, formó una alianza con Carlos II, a quien había ayudado a regresar a Inglaterra después de la guerra civil inglesa. Dumas pinta todo este panorama y atribuye acciones espectaculares a los tres mosqueteros del rey, en forma dramática pero fiel a la historia.
En Asia, el absolutismo del reino de Luis XIV requirió que los comerciantes, militares del navío de Francia al igual que los corsarios sirvieran directa y exclusivamente a la Compagnie Française des Indes y no pudieran operar independientemente como mercaderes individuales en forma de libre comercio: todo era bajo contrato a la corona y controlado por Colbert. En contraste blanco y negro con los franceses, se ve que los ingleses y holandeses se comportaron, en su comercio, según los principios de libre comercio.

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Luis XIV encargó a su ministro Colbert la creación de un código legal para gobernar a las poblaciones indígenas de las colonias francesas a nivel mundial —en el Caribe, Madagascar, el Mar Indio y las Estrechas de Malacca—, este código era el abominable Code Noir. Colbert comenzó a escribirlo, pero murió en 1683 y su hijo terminó de escribirlo. Fue impuesto en 1685. Le Code Noir ordenó la expulsión de los judíos de las colonias francesas y formó la base para las condiciones de la trata de los esclavos como objetos inmuebles de sus dueños. Es conocido como el documento más inhumano y cruel de los tiempos modernos. El gobierno de Francia hizo proclamación pública en 2003 declarando que Le Code Noir había sido un “crimen contra la humanidad”.

Sobre el arte del comercio y la práctica del mercantilismo impuesto por Luis XIV y Jean-Baptiste Colbert, un historiador del siglo XXI declaró que “El estado feudal francés de la modernidad temprana fue parado completamente por dos estados poderosos y capitalistas: Inglaterra y Holanda. Los preparativos del reino de Luis XIV para la dominación exterior en el comercio fueron todos en vano. La hora de la supremacía para Versailles, que parecía tan cercana en la Europa de los 1660, junto con el comercio francés en

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