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Jacques Coeur y el arte de las finanzas: un trozo de vida en tiempos revueltos

“Conmigo, el rey había descubierto otro método. En Genoa, hablé con todo el mundo y sin ningún protocolo a priori. Con los interlocutores, ocupé el nuevo idioma universal, el que, hélas, había remplazado los códigos de caballería: el dinero. Algunos se los pueden comprar; con otros, hay que pagarlos; con otros, hay que hacerlos promesas; y para aquellos, hay que extender los créditos: es un lenguaje que todos entienden”. Jacques Coeur, hablando en la novela de Jean-Christophe Rufin. Le gran Coeur (París: Gallimard, 2012)

Por Katherine Miller. Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA | Jul 03, 2021- 12:32

Retrato de Jacques Coeur (1395-1456), tesorero del rey Carlos VII y empresario francés. Cuadro anónimo del siglo XVII según un original del siglo XV. / Foto Por AFP

Hay un verdadero diluvio de biografías, historias, mémoires, elogios cinematográficos y novelas disponibles sobre la vida de Jacques Coeur, nacido entre 1395 y 1400, fallecido en 1456. Aunque el siglo XV —cuando nació este personaje que brilla— a través de los siglos figuró como el más grande que la vida, era un siglo de transición entre la Edad Media y los Renacimientos en Europa Occidental, su vida es un fresco inmenso en el que son dibujados las guerras, las paces, la política del ejercicio del real politique y el manejo innovador de las finanzas en su forma más brillante y, a la vez, desgarradora.

Toda esta historia se ubica en el marco de la historia del surgimiento del comercio marítimo internacional de larga distancia en la metáfora del dedal de una vida ejemplar; pero ejemplar no en el sentido de vida de santo purificada, sino que en las elegantes, igual como en las crudas filigranas de los éxitos y fracasos del empresario, financiero y político Jacques Coeur, el hombre más rico y poderoso del siglo XV.

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Algo de la esencia de su vida la capturó el biógrafo más reciente de este hombre que surgió de raíces comunes para dominar las esferas más altas del poder nacional e internacional. Jean-Christophe Rufin y su novela biográfica e histórica The Dream Maker (El tejedor de sueños), originalmente publicada en 2012 en francés por Gallimard como Le vrai Coeur (El verdadero Coeur), apellido que en francés significa en este juego de palabras “El gran corazón” pero que traducido literalmente se convierte en “El verdadero corazón”, es decir, la historia cierta y verídica del hombre que se llamaba Coeur.

Cuadro de la Virgen y el niño rodeados de ángeles, o Madonna lactans, de Jean Fouquet (1420-81), pintado en 1453-55 con Agnes Sorel vestida a la última moda haciéndose pasar por la Virgen a punto de amamantar al niño Jesús. Agnes Sorel era la amante real favorita del rey Carlos VII de Francia. Foto: AFP

Aunque no es muy conocido en este hemisferio —ni en español, ni en inglés—, la vida de Jacques Coeur representa la esencia del espíritu de fuerza, ingenuidad y valentía en la expansión del comercio y poder de Francia durante el siglo XV en el mar Mediterráneo, en el Medio Oriente, donde logró casi un monopolio del comercio en el Levant, con Genoa, y además con Constantinopla, con el apoyo de dispensaciones del Vaticano para llevar a cabo intercambios de mercadería que se tradujeron en salvoconductos de los turcos en tiempos cuando fue anatema hacer tratos con los “infieles”; eran los tiempos de las Cruzadas a la Tierra Santa. El dinero para financiar las guerras de Francia bajo el rey Carlos II resulta determinante en las victorias y Coeur, aunque nacido en una cuna burguesa, llegó a subir a niveles muy altos, cercano al rey, dentro de la jerarquía social de Francia y le fue otorgado un título de la nobleza por sus aportes en estrategias para financiar el motor de guerra francesa, otorgando así la victoria a Francia —es decir, al rey de Francia— en su guerra contra los ingleses en la Guerra de los 100 Años. La vida de Jacques Coeur coincide con los más de 50 años de turbulencia que desembocaron en los eventos del año 1453, la fecha que historiadores denominan como el punto alto con que terminó la Edad Media porque, en ese año, ocurrió la caída de Constantinopla ante los turcos otomanos y también el fin de la Guerra de los 100 Años.

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Esta Guerra de los 100 Años era el conflicto sangriento de la Edad Media en el que participaron cinco generaciones de reyes ingleses y franceses que lucharon por el poder y control sobre Francia; en el que participó Juana de Arco y sobre el que Shakespeare presenta la versión famosa y dramática (pero anglosajona) de la victoria contra la aristocracia francesa, en toda su elegancia de la caballería, armadura y caballos emplumados por los soldados campesinos ingleses usando el arma más plebeya, las arcas largas con flechas en la Batalla del Día de San Crispín (Batalla de Agincourt) cantando el himno “Non nobis domine: No a nosotros Señor, si no a tu nombre es la gloria…”. En última instancia, la victoria final de la guerra en total quedó con Francia porque logró reducir el territorio inglés en el continente, abriendo el camino para la caída del imperio Angevin. La visión de Jacques Coeur, aceptada e impulsada por el rey francés, dio la victoria a Francia; y Jacques Coeur y su familia recibieron muchos honores como resultado. Esta guerra marca el comienzo del final del gran mito de la caballería, la gloria militar y el privilegio de las aristocracias, simultáneamente con el realce de los hombres que ganaban dinero y poder por el manejo de comercio y finanzas (las tierras y títulos perdiendo su valor como la fuente de riquezas de la aristocracia).

Esta fotografía, tomada el 20 de abril de 2019, muestra el patio del palacio de Jacques Coeur en Bourges. Foto: AFP

En el mismo año de 1453, la Caída de Constantinopla marca el fin de la esfera del poder bizantina en el comercio que desembocó de la Ruta de la Seda en el oriente del mar Mediterráneo.

El siglo XV representa también el siglo en que los banqueros Bardi, Peruzzi y Medici, entre muchos más, proclamaron el triunfo de sus reinos financieros y del enormemente importante e indomable Banco di San Giorgio de Genoa. Es el siglo del auge de las ferias internacionales donde las finanzas florecieron con los intercambios de finanzas, artesanías europeas y mercadería del Medio Oriente.

Este es el lienzo contra el que se puede apreciar y examinar la vida de este financiero, banquero, mercader y estadista, Jacques Coeur antes de su caída impresionante desde las grandes alturas de fama, poder y riqueza. El poeta contemporáneo Francois Villon acuña la expresión, ahora común y corriente, de “rico como Jacques Coeur” para expresar la grandeza y blasón de poder expresado en el auge de comercio.

Coeur experimenta toda su vida con una búsqueda ansiosa y febril de lugares y maneras de conquistar mercados, especialmente en el Levant y el oriente de la cuenca del Mediterráneo. Descubre la existencia de una república como forma de gobierno en Florencia, donde todo es venta: no solamente bienes, también cuerpos, hasta almas. En Francia, todavía medieval, las tierras son la fuente de riqueza y no el ávido funcionamiento de mercados en la conjugación de poder-política; Coeur queda convencido que esta mezcla, agregar el arte y la ceremonia, es la clave para el éxito. Como comenta Rufin en su novela histórica, “Lo que era una nueva era para descubrir una sociedad que no tenía un sentido de dirección porque no tenía soberano. En Francia, no importa qué desastre sufrió el rey, su supremacía nunca fue cuestionada”. Reinaron grandes familias como los Medici en Florencia. Coeur aprende que la necesidad más básica era acumular riquezas monetarias para que no quedaran estancadas la economía ni el gobierno. La fluidez de dinero era el idioma primordial.

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Sobre sus metodologías de trabajo, son ingeniosas. Dos ejemplos son suficientes. Una es su uso de la técnica financiera en la Francia medieval de rentes, en donde se crea una línea de crédito sobre propiedades reales que producen un ingreso anual. Esta manera de acumulación es consonante con su visión económica —aprendida en la república de Florencia— de acumular dinero y no terrenos. Si este ingreso anual no fue pagado, entonces, el dueño de los créditos extendidos puede tomar posesión de las propiedades sobre las cuales las rentes habían sido constituidas. En el caso de tierras agrícolas, la venta de las cosechas producidas constituían la fuente del ingreso; en el caso de propiedades urbanas, un porcentaje de los agregados de renta podía ser designado para pagar la renta anual. Rentes podían estar establecidas de por vida o en perpetuidad.

Una segunda manera de aprovechar las leyes para acumular riqueza líquida tenía que ver con las leyes de marque. Estas leyes conformaron una provisión de recompensa para las pérdidas a causa de robos por piratería o confiscaciones de barcos por corsarios con lettres de marque en que soberanos proveyeron cartas de permiso a los que ya no eran piratas sino corsarios, para tomar posesión de barcos de mercadería de enemigos en alta mar. Llegando al siglo XV, esta situación era un caos en todo el mar Mediterráneo y represalias por pérdidas eran transformadas en impuestos sobre el comercio para generar fondos para pagar compensación a víctimas. Era una solución a violencia sustituida por la imposición de impuestos. Pero requería base territorial en tierra para asignar responsabilidades. Coeur estableció, por estos efectos, los territorios donde él era dueño de puertos y donde tenía agentes: en Cataluña, Aragón, Genoa, Provence y Avignon, donde los remedios por crímenes bajo la ley de marque fueron recolectados como impuestos. Eso requería esfuerzos adicionales en términos diplomáticos para garantizar las posibilidades de establecer impuestos como recompensa por agravios bajo la ley de marque. Coeur, quien gozaba de puestos reales diplomáticos en representación del rey para estas regiones, aprovechó las posibilidades fiscales y administrativas para el ejercicio de este ingreso. En eso, como en todas sus aventuras, Coeur hizo el negocio del rey y, a la misma vez, sus propios negocios bajo el rubro de acumular dinero y no tierras.

Detalle escultórico de una figura que sostiene el escudo de armas de Jacques Coeur, con conchas (coquilles Saint-Jacques) y corazones (coeurs), en la Salle du Tresor o sala del tesoro, en el Palais Jacques Coeur, enorme casa solariega construida 1443-51 en estilo gótico flamígero. Foto: AFP

Eventualmente encuentra un desafío grande que no pudo superar y que ocasionó su caída en forma de una tragedia dramática con sombras de la destrucción del Cardenal Wolsey por el rey Enrique VIII de Inglaterra, las mismas razones de celos de poder reales. La ocasión inmediata era la amante favorita del rey: la cortesana más bella y famosa de Francia, Agnés Sorel. Ella, en combinación con la riqueza y poder de títulos reales que había alcanzado Coeur, incluso las funciones de las finanzas reales centrales de acuñar la moneda del reino, recolectar impuestos y gastar recursos (como argentiere), puestos diplomáticos, la cercanía al papa Nicolás V —quien durante la división del papado entre Roma y Avignon proporciona (históricamente documentada) las indulgencias plenas para él mismo y para Agnés-, además de la riqueza y poder del puesto financiero principal de la corte para acuñar monedas y recolectar impuestos mientras controlaba los mercados y las rutas marítimas que ejercía para su propio éxito, al igual que los intereses comerciales del rey, entre otras prebendas, deletreaba su caída por los celos de poder del rey Carlos VII.

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Coeur es enjuiciado, encarcelado y escapa de su prisión bajo protección papal, vive en la clandestinidad con la ayuda de varias órdenes de monjes, incluyendo los Knights Hospitallers de Malta, y finalmente participa en una cruzada para la Tierra Santa con la protección del papa. Hay debates sobre si Coeur llegó a ser tonsurado o no. Muere, al final, asesinado por agentes presumiblemente del rey, quienes lo buscan y lo encuentran en la isla de Chios en el Mediterráneo oriental.

Jacques Coeur cayó del poder por sus ambiciones desenfrenadas, las cuales lo hicieron más poderoso que el rey. Aunque la vida de Coeur es memorializada en un sinfín de análisis y biografías, la novela histórica de Jean-Christophe Rufin crea un romanticismo y psicología con las que envuelve la esencia de esta vida enorme en sus alcances y la proporciona de una forma moderna. Rufin, en el epílogo que escribe al final de esta novela, confiesa lo siguiente sobre lo que ha escrito sobre la vida de Jacques Coeur: “No sé que habría pensado Coeur de este retrato. Sin duda tiene semblanza más a mí que a él”. Una ingratitud del autor que guarda semejanza con el egoísmo de Coeur mismo.

FIN

Lectura Recomendada

Guillot, Robert. La Chute de Jacques Coeur. Une affaire d´État au XV siecle.
(París, 2008).

Patte, Jean-Yves, screenplay. Presentado por Adyl Adelhafidi.
Jacques Coeur en Berry (DVD).

Reyerson, Kathryn I. Jacques Coeur. Entrepreneur and King’s Bursar
(New York and London, 2005).

Rufin, Jean-Christophe. Le vrai Coeur (en inglés, The Dream Maker) (París, 2012)

YouTube. Agnes Sorel (en francés).

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Comercio Cultura Historia Antigua Historia Moderna Trends Ver Comentarios

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