Napoleón: una sinfonía de cuatro movimientos

“A mi querida esposa, una Buonapartista, quien en su juventud extrema jamás pudo entender porqué los ingleses habían nombrado una gran terminal ferroviaria por una derrota militar” Dedicatoria a la novela Napoleon Symphony (1974) de Anthony Burgess

“Napoleón dans son cabinet de travail” (1812), del artista Jacques-Louis David. / Foto Por EDH / archivo

Por Katherine Miller

May 15, 2021- 09:59

La Waterloo International Railway Station de Londres comenzó a funcionar en 1994, cuando ganó el European Union Prize for Contemporary Architecture y el British Architect’s Building of the Year Award. El nombre de la terminal celebra la victoria de Gran Britania sobre los ejércitos de Napoleón Bonaparte en la Batalla de Waterloo en el año 1815. Las ironías de la dedicatoria en la novela del autor inglés, Anthony Burgess (1917-1993), son señales de las controversias que continúan arremolinándose alrededor de la figura de Napoleón Bonaparte hasta el momento actual, mayo de 2021. El nombre de Waterloo Station es una anomalía para los bonapartistas porque, para ellos, la batalla de Waterloo fue una derrota militar que cortó la gloria de Napoleón. He aquí la confusión de la esposa “Buonapartista” del novelista inglés Anthony Burgess, quien nunca entendió porqué pusieron el nombre de Waterloo a la gran terminal ferroviaria. Para los ingleses, por supuesto, Waterloo era una gran victoria.

Así las cosas, consideramos unas ironías envueltas en vestuario literario con cualidades surreales que no solamente informan la novela cómica e histórica de Burgess de 1974, Napoleon Symphony. Veremos, que están publicadas también en las primeras planas de los periódicos más prestigiosos de la nación de Francia, hoy en día, donde Napoleón se coronó como imperador. El jefe de gobierno francés Emmanuel Macron realizará este año actos para recordar los 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte, el día 5 mayo de 1821, cuando murió después de su exilio de los “Cien días” en St.Helena, un promontorio territorio de Gran Britania, aislado en el Océano Atlántico del Sur.

Comienza el debate contencioso sobre si se debe celebrar o no el bicentenario de Napoleón este año con el anuncio, en la primera plana de Le Figaro (París) el día 28 abril de 2021, y el encabezado que reza “Cómo Emmanuel Macron conmemorará el bicentenario de Napoleón”. Y continúa: “El presidente visitará el Institut de France el día 5 de mayo, antes de colocar una corona conmemorativa al pie de la tumba del imperador en Les Invalides”.

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Parece sencillo y directo el anuncio. Veremos que es más parecido a un acto de arrojar el guante en la cara para comenzar debates de honor. Porque, el día siguiente, el 29 de abril, el periódico más prestigioso de Francia, Le Monde (París), emprendió un debate nacional que abarca las dimensiones de una contenciosa controversia nacional que osa impregnar no solamente la memoria y conciencia histórica de Francia, sino de toda Europa y, de hecho, del mundo entero.

Después de considerar las palabras escogidas por Le Figaro en su anuncio de importancia nacional sobre el acto de bicentenario, el periódico Le Monde tomó la iniciativa en el mismo tema en su reportaje y editorial. Le Monde profundizó en el significado de la postura política del gobierno de Francia según las diferenciaciones etimológicas, filosóficas y políticas de las palabras ocupadas por Le Figaro con respecto al bicentenario. Tan sensible es el tema que Le Monde explica que las palabras —y, evidentemente los conceptos— de “conmemoración” versus “celebración” requerían una verdadera explication des textes a la baccalaureat en las páginas de la prensa nacional francesa, sobre el significado del acto nacional del gobierno de Francia con respecto a Napoleón Bonaparte.

El título del editorial de Le Monde es: “El Élysée (sede del gobierno nacional de Francia) desea honrar a Napoleón de una manera balanceada”, en un intento de clarificar las intenciones estatales efectuadas por su presidente. Confirma que hay dos diferentes lógicas en juego con respecto a Napoleón, quien antes de su muerte en el exilio era “una figura gloriosa y controversial”, quien, sin embargo, se dio el gusto de cometer “prácticas despóticas… (y) aunque celebrado por su estatus como reformador, el emperador”, sigue el editorial de Le Monde, “conspiró, en particular, para restablecer la esclavitud”. Este último puede entenderse como una referencia a su decreto del 20 mayo de 1802, que restauró la esclavitud y la trata de esclavos en Guadaloupe en Martinique y en otras colonias francesas de las islas caribeñas, pero principalmente en Martinique, lugar donde nació Josephine, esposa de Napoleón y, por lo tanto, emperatriz de Francia. Según las costumbres y chambres de la isla de Martinique, se dice que históricamente los compatriotas martiniquéses de Josephine expresaban un odio eterno y especial hacia ella, específicamente debido a esta restauración de la esclavitud. Tomamos nota que la publicación adjunta del periódico de Le Figaro dirigida a las lectoras femeninas, Madame Figaro, no ha anunciado un número dedicado a la emperatriz Josephine.

Regresando al acto de Monsieur le Presidente Macron del 5 de mayo, Le Monde hizo un pronunciamiento en su mismo editorial del 29 abril, que acompaña el artículo noticioso sobre el significado de la palabra “conmemoración”: “Celebramos los actos de un héroe o las virtudes de un mártir, mientras conmemoramos una guerra o una masacre”. Sigue con una clarificación —en caso que hayan dudas políticas— que “conmemorar no es necesariamente celebrar”, apoyándose sobre este punto distintivo, con una citación de la Académie Royale de France que emite la siguiente sentencia sobre el debate: “Por lo tanto, la conmemoración deberá ser vista y considerada desde múltiples ópticas: local, nacional, europea e internacional”. Además, el diario casi oficial y nacional de Francia, que da un guiño hacia la izquierda a la vez que al estado de Francia, señaló que “no se conmemorará a la Comuna de París porque no contribuyó a la construcción de la idea de nación”.

Portada de la novela Napoleon Symphony de Anthony Burgess.

Pero el debate no termina aquí. La posición nacional comprimida y final sobre el acto que ocurrirá el día 5 de mayo en el bicentenario de Napoleón concluye que “los franceses habitan un número de espacios de memoria heredados del Consulado y del Imperio: el código civil, la figura del Prefecto, el Alcalde, le bacalaureat et les grandes écoles” (las grandes escuelas secundarias) y la “emancipación” de los judíos del gueto de Venecia. Bueno, sobre “les grandes écoles” debemos tomar nota también, que otro hueso de contención adicional aparece con unos coros de jóvenes de estas grandes écoles, quienes estarán presentes en la actividad napoleónica ejercida por M. le Presidente Macron. Ellos cantarán el himno nacional de Francia.

Al fin de tanto, Le Monde declaró que “Los franceses desean evadir el obstáculo napoleónico” porque, después de 200 años de polémica, es “un aniversario controversial”. Este es un proceso de intención que consiste, confirma el mismo periódico, en “evadir el obstáculo napoleónico”. Obviamente, esta aseveración implica la ejecución de una cierta circunlocución que es calificada como un ejercicio “delicat” (delicado). Consiste en una iniciativa pública y controversial, como hemos visto, que ha encendido las sensibilidades políticas de la nación, a los 200 años que nos separan, este año, de la muerte de Napoleón!

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El New York Times del día 6 de mayo de los corrientes anunció que, con celebrar el bicentenario, “Mr. Macron stepped into the heart of France’s culture wars” (El señor Macron se metió en el corazón de las guerras culturales de Francia) y que este paso complacerá al ala de la extrema derecha de la política francesa, que sueña con la gloria perdida cuando Francia (con Napoleón) estaba parada al centro del mundo. (Una pausa: Macron es un candidato soi-disant “centrista” en los comicios presidenciales este año y las encuestas lo muestran en una suerte de empate con otra candidata, Marine Le Pen, para el partido político Front Nacional, de la extrema derecha. Se está diciendo en la prensa francesa que Macron desea, con su celebración del bicentenario, ganar unos votos más de la derecha en las elecciones. Marine Le Pen, por su parte, se ha limitado a proclamar “Vive l´émpereur!”.

Por su parte, Le Monde elogió a Macron por conmemorar el bicentenario como “el jefe de estado, por celebrar una vida de voluntad, de libertad, de gusto del posible que demuestra que un hombre puede cambiar el curso de la historia con tomar el riesgo de tener confianza en la imaginación, de ser plenamente sí mismo”. El New York Times insistió que el presidente francés “miró a Napoleón en la cara, luz y sombra” y tomó nota que, según Macron, Napoleón fue “sobre todo una oda a la voluntad política”, parte de un acto en la cuerda floja centrista de la política francesa de este año en el que Macron dio “un reconocimiento pleno y cándido, sin arrepentimiento” al “Orden” establecido por Napoleón en su golpe de estado de “18e Brumaire” en que se autoproclamó emperador después de la revolución francesa. Aún así, dijo Macron, Napoleón era “el alma del mundo, era el demonio de Europa”.

No falta una voz de oposición, en la formación de coaliciones de antiracistas, anticolonialistas y feministas, la cual canta que Napoleón era un reformador que creó el Code Civil, el sistema “lycée” de las famosas escuelas, de la formación de la institución del Banco Central de France y de la centralización del gobierno, pero que era “un retrógrado que reinstituyó la esclavitud (el único país que lo hizo)”. Estas coaliciones han declarado a Napoleón como “imperialista y misoginista”. El Consejo Representativo de las Asociaciones de Negros de Francia denominó la celebración “no como una mancha, ni una falta, sino que un doble crimen, porque Francia, que había abolido la esclavitud durante la Revolución Francesa, la restableció bajo el mando de Napoleón”.

Esta fotografía tomada el 7 de mayo de 2021 muestra a “Marengo”, un esqueleto en 3D del caballo de Napoleón que cuelga sobre su tumba (invisible) por el artista francés Pascal Convert en el Hotel des Invalides. Marengo (1793-1831) fue el famoso caballo de guerra de Napoleón I y recibió su nombre de la Batalla de Marengo, a través de la cual llevó a su amo. El caballo fue traído a Francia desde Egipto después de la batalla de Abukir en 1799, cuando tenía 6 años.

Los recuentos periodísticos en el Reino Unido, en sus reportajes sobre el bicentenario gálico, se realizan como siempre, con elegancias acérbicas e irónicas. Por ejemplo, la edición del 2 de mayo de The Guardian (Londres) anunció que “Francia está en medio de la penumbra de un pantano de una pandemia, de una caída económica, de miedos y resistencias a las cuarentenas, de temores al terrorismo islámico y que, recientemente, ha sufrido una llamada de trompeta, la semana pasada, por unos oficiales de mayor rango, jubilados, que se declararon a favor de una toma militar para salvaguardar a Francia de una guerra civil”. The Guardian también aprovechó para citar a Monsieur Dominique de Villepin, ex Primer Ministro de Francia, cuando elogió a Napoleón como “un Alejandro Magno moderno quien ejemplificó el espíritu de resistencia para los franceses… (que fue) más tarde reencarnado en el General Charles De Gaulle”. El contexto del reportaje inglés sobre el bicentenario aquí es, por supuesto, el Brexit mismo. En resumen, The London Times (30 abril 2021) anunció lo siguiente en su encabezado: “Macron defies Left with Napoleón” (Macron desafía a la izquierda con Napoleón). La prensa de Londres saludó a Macron, diciendo, además, que él “va a enfrentarse para rechazar a la importación americana de ‘cancel culture’”, una parte del movimiento estadounidense Black Lives Matter.

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Pero la piece de resistance del pastel inglés es, tal vez, The Telegraph (30 abril 2021) con su titular “French historians appalled at plan to hang plastic skeleton of Napoleón’s horse over his tomb”. La furia de los historiadores es resultado de los planes de reconstruir, en plástico, el esqueleto del caballo de Napoleón, Marengo (“purebred white and light grey Arabian horse, 1794-1831”), y colgarlo en el aire sobre la tumba de Napoleón en La Musée de l’Armée en l’Hôtel des Invalides en París, el día 7 mayo de 2021 en una exhibición con el nombre “Napoleón n´ést plus” (Napoleón ya no existe). Tal vez la cereza encima del pastel es la declaración del historiador Thierry Lentz, a Le Parisien, cuando reportó los resultados de una encuesta nacional reciente que encontró que “Los franceses admiran a Napoleón más que admiran a Charles De Gaulle o a Louis XIV”.

Antes de una descripción de la novela napoleónica-más-sinfonía de Anthony Burgess, debemos apreciar el orgullo de los lugareños de Corsica -donde nació Napoleón-, llegó a ser el corso más famoso del mundo. Los corsos, estáticos por el bicentenario, están celebrando la “ascensión social sin precedente de Napoleón, más grande que Alejandro Magno, Julio César y Carlomagno” (Le Figaro avec Agence France Presse). Los corsos de la aldea natal de Napoleón, Ajaccio, han confeccionado para su venta un “Pan de Napoleón” que contiene cúrcuma y azafrán.

Además, el día 5 de mayo de este año fue celebrada una misa en l´Abbaye Saint-Victoire de la ciudad de Marseilles. La revista Paris Match anunció en su artículo “La Folie de Napoleón” (La Locura de Napoleón) que los correos franceses han emitido dos estampillas postales conmemorativas al bicentenario y que el evento será la ocasión para limpiar las tumbas de los hermanos de Napoleón.

Para finalizar esta rapsodia de contenciones sobre la figura de Bonaparte, es tal vez apropiado dar una mirada a la novela de Anthony Burgess, Napoleon Symphony (1974, no traducida al español, pero incluida por David Bowie en su lista de lectura). Sería mejor comenzar al final de esta novela histórica de hace 40 años con el “Epílogo al lector” en que Burgess, también autor de muchas otras novelas, incluyendo A Clockwork Orange, nos explica en pésima poesía que la forma de la novela es una imitación de la Sinfonía No. 3 en Mi bemol mayor —la “Eróica”— de Beethoven. Está divida en obertura, cuatro partes con coda al final y es vestida en una prosa que juega con los deleites de la música (Burgess, muerto desde 1993, era también compositor). De hecho, es una celebración, en sinestesia —la fusión neurálgica de los sentidos no usualmente mezclados-, de la vida interior y exterior de Napoleón, un hombre para quien la vida normal y cotidiana estuvo fuera de toda posibilidad.

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En la obertura, Napoleón se presenta en un principio como novio que llega muy tarde a su boda con Josephine, y, como lectores, tenemos que esperar simultáneamente junto a personajes históricos del Directorio de la Revolución de Francia, aburridos, en conversación mundana. El notario que inscribiera el matrimonio civil de la pareja se duerme cerca de la chimenea y podemos oler su pierna de madera rostizando en el fuego mientras que otros platican de que Napoleón no está en control de sí mismo. Ejemplo que citan es que padece del problema de eyaculación prematura y otro es el hecho de que orina sus pantalones cuando está nervioso. La muerte y la destrucción rodean al personaje del emperador así como lo hicieron en vida, pero la presentación es una comedia de estilo romano y de commedia del´Arte. En el Primer Movimiento hay reportajes de los frentes de guerra; en el Segundo Movimiento, están sus cartas de amor; el Tercer Movimiento presenta la pesadilla de Napoleón, que es Prometeo, el titán amarrado a una piedra mientras que un buitre come su hígado; en el Cuarto Movimiento vemos a un anciano enfermo en St.-Helena sufriendo visiones insubstanciales, cultivando su jardín (como nos aconseja Voltaire al final de Candide) y sufriendo su propia crucifixión como Cristo Jesús.

Después de su muerte, los médicos declararon en la autopsia de Napoleón que había “muerto del hígado” (o sea, como el titán, Prometeo) y no del envenenamiento que metieron los ingleses en su coñac. Escuchamos ecos y chismes internacionales en conversaciones con Fouché, Mme. De Stael o Talleyrand sobre sus heroísmos y sus debilidades como amante. Los soldados rasos describen sus batallas victoriosas y también los desastres de Moscú y Waterloo. La carrera de la vida de Napoleón hace piruetas en el escenario de la historia en este delirio histórico de la novela de Burgess: cómico, pero tomado con la seriedad de la muerte de un gran hombre por la historia originalmente memorializado en la sinfonía de Beethoven.

¿Sería posible que la novela Napoleon Symphony es una representación igual de fide digna como las aproximaciones en los reportajes de la prensa francesa, inglesa y estadounidense del bicentenario de este año?

De hecho, después de su derrota en el invierno de Rusia, Napoleón mismo declaró en la novela: “Voy a regresar a París. No puedo mantener a Europa como un conjunto desde un trineo en las afueras silvestres de Rusia. Tengo que controlar a Europa desde Les Tuileries”. Y así ha sido.

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