Ella fue la primera mujer universitaria de Centroamérica

En la tarde del 20 de septiembre de 1889, la sansalvadoreña Antonia Navarro Huezo se convirtió en la primera mujer graduada de una universidad en la región centroamericana.

Edificio de la Universidad de El Salvador (1879-1955), en cuya segunda planta se ubicaba el paraninfo donde Antonia defendió su trabajo doctoral. / Foto Por Imagen proporcionada por el educador estadounidense Dr. Stephen Grant.

Por Carlos Cañas Dinarte

Sep 21, 2018- 18:24

En San Salvador, el maduro boticario Lic. Belisario Navarro contrajo nupcias con Mariana Huezo y procrearon a Antonia -nacida el 10 de agosto de 1870-, José Belisario (1872-1931) y Miguel (¿1874? – 1890).

Huérfanos de padre desde el 18 de septiembre de 1878, Antonia y José Belisario se afanaron para obtener sus bachilleratos en Ciencias y Letras. Pero Antonia tenía serios padecimientos de salud, por lo que presentó una solicitud de excepción educativa ante el mandatario Francisco Menéndez, quien respondió con términos favorables, el 11 de junio de 1886. Gracias a ello, pudo prepararse en su casa y presentarse sólo a los exámenes de rigor en el claustro universitario, en los que obtuvo sobresalientes unánimes.

A inicios de 1887, Antonia se matriculó en la Facultad de Ingeniería, para cursar el doctorado en Ingeniería Topográfica. A los doctores Santiago Ignacio y Juan Barberena, Alberto Sánchez Huezo (doctorando, llegaría a ser su novio), José Emilio Alcaine, Manuel A. Gallardo y Carlos Flores Figeac correspondió la formación de “Toña”, quien en ese primer año obtuvo tres sobresalientes unánimes en Aritmética Superior, Álgebra, Dibujo Lineal y Trigonometría.

Única fotografía disponible de la Dra. Antonia Navarro Huezo. Fue publicada en 1895 por la revista “El porvenir de Centro-América”, en San Salvador. Fotografía proporcionada por la Biblioteca “Florentino Idoate, S. J.”, de la UCA.

El 19 de julio de 1888, Antonia y los bachilleres Francisco Santillana y Eduardo Orellana realizaron una expedición científica al volcán de San Salvador, con la finalidad de recabar datos para establecer una nueva computación de la altura del cráter volcánico sobre el nivel del mar, la profundidad de la boca y otros puntos, todos realizados “por un procedimiento puramente trigonométrico”. A fines de ese mismo año, con notas sobresalientes en Topografía, Geometría analítica y descriptiva, Física matemática, Cálculos y Dibujo topográfico (I) obtuvo el bachillerato en Ingeniería.

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Entre 1810 y 1824, hubo cientos de hombres y mujeres (indígenas, ladinos, mestizos, mulatos, negros, etc.) que se involucraron en los movimientos insurreccionales de San Salvador, Metapán y Sensuntepeque. La historia oficial los olvidó casi a todos.

A mediados de septiembre de 1889, la bachiller Navarro Huezo aprobó con sobresalientes Geodesia, Astronomía esférica, Dibujo topográfico (II) y Agrimensura legal. Sólo le faltaba la defensa pública de su tesis “La luna de las mieses”, acto que fue desarrollado en el paraninfo de la segunda planta de la Universidad de El Salvador, a partir de las 16:00 horas del 20 de septiembre de 1889, “ante numerosa y escogida concurrencia”. La noticia circuló por varios medios de Iberoamérica, Estados Unidos y Europa. La tesis de cinco páginas fue publicada por la revista institucional “La Universidad”

Página de la tesis doctoral de Antonia Navarro Huezo. Al ser publicada por la revista “La Universidad”, no se incluyeron los diagramas que la disertante citaba en el texto. Foto cortesía de la Biblioteca Nacional “Francisco Gavidia”.

Aunque al principio de su intervención pública, Antonia expuso que en su trabajo no buscaba hacerse “la ilusión de decir nada nuevo ni digno de aplauso”, al final afirmó que esperaba haber demostrado que la luna de las mieses -una aparente anomalía en el curso mensual de la Luna que se da solo entre septiembre y octubre “cuando sale unos pocos minutos más tarde por varias noches sucesivas y suministra así luz para recoger las mieses” o cosechas- era “un fenómeno ilusorio para nosotros y para la mayor parte de los países de la tierra.”

Después del acto, un nutrido grupo de ciudadanos la acompañó hasta su casa. Por la noche, la familia Navarro celebró con animado baile. En la cena, fue felicitada por los doctores Luciano Hernández, Manuel Delgado y Jerónimo Pou, además de que disfrutó del concierto que, por orden del presidente Menéndez, le brindó la banda marcial capitalina.

A la doctora Navarro Huezo no se le dejó ejercer su profesión. Se le dio trabajo como profesora y examinadora del Instituto Normal de Señoritas y del Liceo Salvadoreño, pero se le negó la posibilidad de ser catedrática universitaria. Aquejada por la tuberculosis, murió en San Salvador, el martes 22 de diciembre de 1891. Su defunción no fue registrada por las actas oficiales de la Alcaldía de San Salvador ni por las listas mensuales de sepulturas en los periódicos de entonces.

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