El parque Cuscatlán cumple 80 años

En el año 2019, este espacio público constituye un punto verde dentro del cada vez más degradado ambiente del área urbana de la capital salvadoreña.

La Doble Vía, con arriate central y farolas. La zona arborizada a la derecha corresponde al parque Cuscatlán. Foto archivo EDH

Por Carlos Cañas Dinarte

Mar 01, 2019- 18:22

Con la llegada del siglo XX, el desplazamiento del centro de San Salvador hacia el poniente y el oriente se consolidó. Muy pronto, los edificios metálicos del Hospital Rosales -empotrados desde 1902 en el suelo de la antigua finca cafetalera San Diego- dejarían de ser la última frontera urbana de esa capital dispuesta a crecer no sólo en población, sino en diversas infraestructuras privadas y estatales.

Las antiguas áreas conurbanas de la ciudad fueron construidas y usadas para trasladar las residencias y villas de la clase más privilegiada y extranjeros -edificadas hacia el final de las calles del Hospital y del Comercio, actuales Arce y Rubén Darío- o al oriente, cerca de las estaciones de los ferrocarriles, en los alrededores del Paseo Independencia, con residencias abiertas para un estrato medio compuesto por burócratas y empleados de casas de comercio. De esa manera, decenas de árboles y predios arborizados sucumbieron ante los acelerados afanes urbanizadores.

¿Adónde debía trasladarse esa creciente masa poblacional para divertirse en sus momentos de solaz y esparcimiento?

Una opción era el Campo de Marte e Hipódromo Nacional, construido e inaugurado en octubre de 1892, con ocasión de los festejos del cuarto centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América. El problema era que algunos de los eventos desarrollados dentro de ese enorme espacio público -carreras de caballos o de automóviles, actividades deportivas de competencia, desfiles militares o escolares, etc.- eran de paga o implicaban ser parte de grandes cantidades de personas de diversas extracciones sociales.

Esto no resultaba atractivo para ciertos sectores urbanos, que deseaban tener acceso a un sitio más íntimo, más en contacto con la naturaleza, donde pudieran darse eventos de menor público, pero más en contacto con la naturaleza y las bellas artes. En ese sentido, las plazas del centro capitalino iban perdiendo su atractivo a medida que pasaban los años y la capital crecía y se expandía hacia el norte, el oriente y el poniente.

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La siguiente opción surgiría en la década de 1930, de la mano de la construcción del primer gran escenario deportivo de la ciudad: el Stadium o Estadio Nacional de la Flor Blanca. Para engalanar toda esa zona, potencialmente sujeta a contar con más y mejor infraestructura habitacional y gubernamental, también se hizo necesario contar con un espacio público trazado desde nuevos lineamientos del urbanismo.

Fue entonces cuando se pensó en realizar los primeros pasos de la San Salvador del futuro, lejos de la traza colonial hispanoamericana y con la vista puesta en una urbe moderna y comprometida con la conservación de la tierra y sus recursos.

Con la construcción del Estadio Nacional llegó también la necesidad de expandir el trazado de la Doble Vía, esa importante arteria vial que a partir de 1945 pasaría a denominarse Franklin Delano Roosevelt, en homenaje al presidente estadounidense que dirigiera buena parte de la estrategia aliada durante la Segunda Guerra Mundial.

La Doble Vía se conectaría en la zona de la Cruzadilla con importantes avenidas y calles, trazadas dentro de la nueva Ciudad Jardín de 200 manzanas, planificadas por el gobierno encabezado por el brigadier Maximiliano Hernández Martínez. Aquel fue el origen de la colonia San Benito, concebida para albergar a la nueva clase pudiente del país, a diplomáticos extranjeros y a una clase media emprendedora y plutócrata, involucrada en negocios internacionales, la construcción y las exportaciones e importaciones de productos industrializados, pese a los estragos causados por la crisis bursátil internacional de 1929.

Postal a colores desarrollada por Aníbal J. Salazar en su Fotografía Mexicana, de San Salvador, en la década de 1940. Imagen cortesía Ing. Carlos Quintanilla

En 1935, al sur del Hospital Rosales comenzó a tomar forma un nuevo proyecto constructivo. Al principio se habló de que sería la sede del nuevo Jardín Botánico, pero pronto esa idea fue descartada, al saberse que el trazado y desarrollo constructivo le habían sido encomendados a la Junta de Fomento de San Salvador.

Un primer aspecto que hubo que tratar en aquellas diez manzanas proyectadas fue su saneamiento, pues la zona había sido destinada durante años para albergar a los enfermos de tuberculosis derivados desde el nosocomio cercano. Aquellas cabañas de madera, muebles y enseres fueron incinerados, para librar al área de los peligrosos bacilos de Koch.

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Dos años más tarde, el proyecto avanzaba con lentitud. En su memoria anual correspondiente, el gobierno nacional informaba que ya se había procedido a edificar algunas barandas de cemento, trazar jardines, construir sistemas de drenaje y alcantarillado y otras obras. Pero no había mucho entusiasmo gubernamental, al menos no como el demostrado con otras edificaciones tiempo atrás. Los años de permanencia en el Poder Ejecutivo causaban mella en la figura del presidente y brigadier teósofo, por lo que para cuando se volvió a postular a una candidatura presidencial más, en 1938, su popularidad continuó en descenso.

En casi todos los informes oficiales de entonces se mencionaba a esa obra pública en proceso como “el parque al sur del Hospital Rosales”. No fue sino hasta que el presidente leyó su discurso anual ante la Asamblea Legislativa, en el Salón Azul del segundo nacional, en febrero de 1939, cuando de la voz del propio gobernante salió el nombre real de aquella edificación: parque infantil Cuscatlán.

Bajo ese nombre sería inaugurado el primer día de marzo de ese mismo año, con ocasión de la segunda toma de posesión de Hernández Martínez como gobernante electo. Tres de sus altos funcionarios presidieron el breve acto inaugural. El mandatario no se hizo presente. Al año siguiente, al parque le fue construida la acera de cemento frente al Hospital Rosales.

Recorte de periódico, sin fecha ni procedencia, en la que se aprecian las escalinatas de acceso al gran salón del parque Cuscatlán, sitio ahora ocupado por la Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”.

Desde su apertura, el parque Cuscatlán fue visto como un enorme jardín dentro de la ciudad. A las 09:00 horas del sábado 24 de mayo de 1947, en la zona suroriental del parque se procedió al acto fundacional del Rincón “Alfredo Espino”, inaugurado con la lectura de sonetos del poeta y periodista Joaquín “Quino Caso” Canizález y otras palabras de prominentes intelectuales y docentes de la época. En dicho lugar, se pensó colocar un busto en bronce del poeta y planchas de mármol con poemas suyos, pero el proyecto nunca fue realizado.

Doce años más tarde, el pintor y escritor Salvador Salazar Arrué, Salarrué, fundaría y sería el primer director de la Galería Nacional de Arte Moderno, la cual fue construida bajo el pavimento de la alameda Roosevelt. Modificada en junio de 1959 por la Dirección General de Urbanismo y Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, a un costo de 28,121 colones, fue abierta al público desde el miércoles 23 de diciembre de 1959. Ese sitio ha sufrido varias modificaciones y remodelaciones y en la actualidad es denominado Sala Nacional de Exposiciones “Salarrué”, así bautizada desde febrero de 2008.

Durante la guerra, una zona al norte del parque fue ocupada por salas de recuperación del Hospital Militar, para alojar a soldados heridos por minas antipersonales. Además, las organizaciones sociales usaron su perímetro para organizar la mayor parte de las grandes concentraciones y manifestaciones durante ese mismo período conflictivo y convulso.

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