El negro cocinero que (no) es prócer de la independencia

Entre 1810 y 1824, hubo cientos de hombres y mujeres (indígenas, ladinos, mestizos, mulatos, negros, etc.) que se involucraron en los movimientos insurreccionales de San Salvador, Metapán y Sensuntepeque. La historia oficial los olvidó casi a todos.

Iglesia Parroquial de San Salvador en noviembre de 1811, cuando se produjo el segundo movimiento insurreccional dentro del Reino de Guatemala. Grabado inglés de 1859, proporcionado por el coleccionista Ing. Carlos Quintanilla.

Por Carlos Cañas Dinarte

Sep 14, 2018- 15:44

En la tarde del 24 de noviembre de 1811, decenas de hombres y mujeres comenzaron a reunirse en el valle de Santa Rita, en las afueras de Metapán, una zona de mucha actividad agrícola y minera dentro del Reino de Guatemala, en la zona intermedia entre Santa Ana y Comayagua. Esos negros, indígenas y ladinos no fueron detectados a tiempo por las patrullas y compañías de Voluntarios de Fernando VII que patrullaban las calles de la localidad.

A partir de las 18:00 horas, aquella turba entró a saco, impulsada por varias botellas de aguardiente y por consignas encendidas —vociferadas por las catequistas María Madrid, Francisca López y otras mujeres de verbo encendido—, a su vez motivadas por el movimiento insurreccional que había estallado en San Salvador, el 5 de noviembre.

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En un primer momento, los sublevados interceptaron en una calle al alcalde segundo de Metapán, el español Jorge Guillén de Ubico, y lo despojaron de su vara del mando edilicio. Después, se dirigieron a los estanquillos o ventas de aguardiente, así como a las oficinas de Recepción de alcabalas, la Administración de tabacos y las cárceles locales, donde derribaron las puertas y liberaron a los presos.

El cura párroco y otras figuras prominentes se alarmaron por el tumulto, por lo que salieron a pacificarlo y a decirles a los sublevados que se tranquilizaran, que se fueran a sus casas y que volvieran al día siguiente para dialogar y buscar soluciones a sus demandas, varias consistentes en no cobrar más impuestos y bajar el precio del tabaco. Las demandas independentistas de Guatemala y España quedaban diluidas en medio de aquella gritería popular.

Mapa de la Nueva España y parte del Reino de Guatemala, trazado en Leyden, en 1729, por Pieter van der Aa (¿1659?-1733). Fina cortesía del coleccionista Lic. José Panadés Vidrí.

Dos días después, la situación volvió a detonar en nuevos desórdenes, por lo que se procedió a aplastar el movimiento por la fuerza, con la intervención de gente armada llegada desde la villa de Santa Ana. Así fueron capturados Juan de Dios Mayorga (procesado como máximo instigador), Lucas Flores, José Galdámez Miranda, Severino Posadas, Marcelo “Pacaya” Zepeda, Enrique Montero, José Pablo Vásquez, Pedro Morán, Juan Manuel “El albañil” y decenas de hombres y mujeres más. Casi todos fueron consignados a las cárceles y tribunales de la Capitanía General de Guatemala, el 3 de diciembre. Sometidos a juicios por infidencia y traición en un tribunal especializado, se les sentenció a encierro en los castillos de San Felipe, San Carlos, Trujillo y Remedios (Petén), de los que no salieron sino muertos o hasta ser indultados en 1818.

El 18 de febrero de 1812, en la ciudad de la Nueva Guatemala de la Asunción fue capturado José Agustín Alvarado, quien llegó ocho días antes y se disponía a marcharse a Quetzaltenango. Fue reconocido por un oficial como uno de los principales instigadores de los tumultos de Metapán, por lo que fue procesado. Era un negro de 32 años, originario del puerto de San Cristóbal de Alvarado (Veracruz, Nueva España), dedicado a la cocina y a las labores como criado, pero era ebrio y displicente con sus tareas. Fue procesado en el Tribunal de Fidelidad, pero no se sabe si fue exculpado o enviado a prisión durante varios años.

La historia del proceso de independencia del Reino de Guatemala está repleta de historias como la suya: ignoradas por la historia, que les ha negado la posibilidad de ser considerados próceres.

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