La doctrina del sentido común, o, ¿el pragmatismo nos salvará?

En Defoe y sus contemporáneos, si la meta es la sobrevivencia, hay que sobrevivir no importa como. Es la filosofía que guía la vida de esta mujer de sobrenombre “Moll”

Wordsworth Classics de Moll Flanders. / Foto Por EDH / archivo

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Oct 24, 2020- 21:37

Una novela es un reconocimiento—reconaissance, en la jerga militar. Es una incursión en un terreno desconocido para determinar si es factible para el consumo y asentamiento humano. En nuestra época de información concentrada en el internet y los medios sociales, apreciar la incursión que ofrece una novela es casi un proyecto arqueológico, un acto para desenterrar artefactos del pasado y apreciarlos a la luz del día. La luz de la lámpara a mano de un novelista, al tocar los antiguos artefactos como sentimientos, filosofías para guiar la vida, categorías económicas y demás artefactos del pasado, facilita la determinación de la factibilidad de consumo.

Daniel Defoe (1660-1731) sería el guía quien haría la incursión en el terreno de la vida social, económica y moral en Inglaterra y América del período de unos cincuenta años antes del comienzo de la Revolución Americana en 1776. La novela que presentará los artefactos que nos interesa lleva el título de Las Fortunas y Desgracias de la famosa Moll Flanders, publicada en 1722. Comienza esta incursión en el siglo XVIII en Londres, en el oscuro, cruel y notorio penal de Newgate Prison, microcosmo de la sociedad en que vive la gente pobre sin recursos quienes chocaron con la ley que prohíbe, por sentido común, por ejemplo, robar pan cuando están muriendo de hambre.

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Es que la corriente de pensamiento más popular durante el siglo XVIII antes de la Ilustración Francesa, era un especie de utilitarismo en que el máximo bien debe ser proporcionado al número máximo de personas. Era la doctrina del sentido común que, en la aplicación a los recursos humanos de esta época, es traducido aquí en la tierra, por la práctica del “sentido común”, la virtud inglesa consumada conocida como common sense. En la aplicación de esta filosofía a la economía y a la vida social, si existía un toque mínimo de educación básica en la moral entre los que ostentaban el poder civil, económico, y moral puede que sea envuelta en la ingenuidad, la candidez y honestidad en actuación y discurso para aplicarlo a una sociedad. De otro modo, sería un pobre populismo que queda en palabras, mientras que en la práctica queda a nivel burdo y vulgar, hasta cruel, para los que no se registran en la pantalla de computador de los que construyen el plan social de gobierno. Defoe describe esta última manera en que el sentido común ha sido aplicado, y como era su efecto psicológico, social y moral, en el protagonista de Moll Flanders.

Wordsworth Classics de Moll Flanders.

El artefacto social que descubre Defoe, en el transcurso de su incursión en el terreno por novela, es un ser humano, una mujer pobre, nacida en el Penal de Newgate recipiente de las políticas del sentido común, pero quien logra, por su astucia, sobrevivir con élan y brío. Moll Flanders representa el uso irónico del sentido común, como resistencia: la astucia. Esta astucia, la sagacidad de la gente común, parece a la crítica social por medio de la representación novelística de la picardía. Opuesto al candor, sencillez e ingenuidad, es el inevitable resultado irónico para los que están forzados a aguantar el utilitarismo, pragmatismo y “sentido común” de las políticas sociales y económicas de una sociedad amarrada al sentido común.

Ahora, Defoe no es el primero en escribir novelas de este índole. Los maestros son los españoles y franceses. Teorías económicas abundan en la elaboración de una sociedad que aplica metodologías de poner orden por sentido común con llenar a los tugurios y penales. Defoe, definitivamente, examina los resultados de esta resistencia de los que viven la realidad aquí en la tierra. Ejemplos en, su orden cronológico de precursores, son las novelas picarescas de España y Francia como La Vida de Lazarillo de Tormes y sus fortunas y adversidades (1554), y La Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, ejemplo de vagamundos y espejo de tacaños de Francisco de Quevedo (ca. 1604), Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1681) y Gil Blas de Santillane de Alain-René Lesage (ca. 1715).

Defoe, es, entonces, sentado en los hombros de gigantes. Así publica, en 1722, la primera de sus muchas novelas: Reflexiones durante la vida y aventuras sorprendentes de Robinson Crusoe, y visión del Mundo Angélico (1719). Es seguido por Diario del año de la Plaga (1722), publicado en el mismo año que Moll Flanders. Sigue Roxana, Memorias de una mujer de placer afortunada (1749). La producción de Defoe es abundante. Ejemplos de contemporáneos ingleses son, entre muchos, Samuel Pepys y su Diario famoso, John Cleland y Fanny Hill (1749); Joseph Andrewes (1749) y Tom Jones, Expósito (1749), ambos de Henry Fielding. Como muestra de cómo son de populares, todas estas novelas de España, Francia e Inglaterra existen en su forma completa hoy en el internet y la mayoría han sido montadas en forma cinematográfica, también, disponibles en internet.

Regresando al tema, Defoe nos presenta la famosa protagonista, Moll Flanders, en una forma más sofisticada que los otros; lo que salva esta novela del cinismo y bajesa es la sofisticación de estilo periodístico por excelencia de Defoe en que revela, por una intrincada psicología social, la joie de vivre por la sobrevivencia de esta mujer en el mero “mercado” de matrimonio como salvación y sobreviviencia de mujeres sin derechos y como seres humanos en una sociedad marcada por la aplicación del sentido común, la virtud por excelencia de los ingleses en que cualquier cosa que funciona, no importa las cuestiones morales y éticas. Se puede pensar, en este sentido, por ejemplo, en las políticas del presidente estadounidense Ronald Reagan cuando, durante la década de los 1970s, para recortar el presupuesto del School Lunch Program (programa de alimentación para los niños escolares) redefinió la esencia de la salsa de tomate, calificándola como una verdura. Eliminar la preocupación por la nutrición de los niños escolares para bajar los gastos del presupuesto era, seguramente, la aplicación de un especie de sentido común.

Daniel Defoe.

Con Defoe, por cierto, esta novela es una celebración de la astucia, reacción escrita en grande, al pragmatismo. Los valores morales, sí, juegan su papel en este escenario, pero solamente como herramienta para evaluar irónicamente en esta exhibición en que Moll misma se juzga, pero irónicamente. Aquí un ejemplo hablado, marcado por la ironía característica de la conversación de Moll con sus lectores cuando observaba las metodología en términos humanos de cómo las mujeres reaccionaron a la imposición del sentido común.
“Pero por las mujeres quienes empujarán desesperadamente hacia el matrimonio, como un caballo entrando en una batalla, digo que debemos orar por ellas en la misma manera que oramos por las demás personas con moquillo o destemplanza”.

Moll es una pragmática, no idealista, en su astucia y sagacidad económica en la batalla y crítica por medio del mercadeo del pragmatismo. Esta es lo opuesto de lo que expone en sus novelas Jane Austen, contemporánea de Defoe quien, en sus novelas es conciente del problema de las mujeres. Austen advierte, de otro modo, que “nada es peor que casarse sin amor”. Otra contemporánea de Defoe es la reconocida feminista, Mary Wollstonecraft, autora de Una Vindicación de los Derechos de la Mujer y periodista en Francia durante la revolución francesa. Wollstonecraft califica al matrimonio como “la prostitución legalizada”.

En Defoe y sus contemporáneos, si la meta es la sobrevivencia, hay que sobrevivir no importa como. Es la filosofía que guía la vida de esta mujer de sobrenombre “Moll” (“molly house” era un coffee house, y, por lo tanto, “moll” era una mujer pública) y “Flanders” (experta en robar bultos de tela carísima en Londres, proveniente del centro por excelencia de tejer, Flanders (los Países Bajos y Antwerp en lo que es ahora Bélgica). Así que, la novela celebra el recurso del sentido común: una vocación de sobrevivencia por medio de robar y escapar con los bienes. Florecer en esta vida de esta manera es también celebrado en la confección del pseudónimo mismo que ella usa para protegerse.

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La preocupación principal de las mujeres en esta sociedad era de llegar a ser un “gentlewoman”. Moll tiene éxito en eso ya que, como sirviente y compañera de casa para las mujeres de la aristocracia y de mercaderes ricos, ella aprende lo que sus amas aprenden como hablar francés, bailar, tocar el piano y otras destrezas necesarias para poder apantallarse como que era un gentlewoman. Veamos una de sus muchos instrumentos de sobrevivencia que ella construye en las relaciones y matrimonios como instrumentos para sobrevivir. Se tiene que capturar un gentleman como esposo. Y la filosofía del mercado de las relaciones sexuales y matrimoniales en este entonces era de que si no puede ser un gentleman o gentlewoman, se puede ser dueña de uno de ellos. Moll logra, con sus habilidades adquiridas de un gentlewoman, casarse con el hijo de la familia. Cuando él muere, la familia quita los niños y ella es desalojada de la casa, el círculo social. “Y eso es todo lo que ganaron de Mistress Betty (el pseudónomo que usaba en esta situación)”.

El tema de como ser gentleman como manera de sobrevivir en las apariencias es retomado por Charles Dickens, más de cien años después, en la publicación de la novela Grandes Esperanzas. El protagonista es Pip, joven pobre de las provincias rurales, quien es recipiente, misteriosamente, de mucho dinero y oportunidades de un benefactor anónimo. Con eso, el joven Pip puede llegar a Londres y hacerse un “gentleman”. Al final de la novela, es revelado que el benefactor era un hombre de nombre Magwitch, un criminal convicto que ahora es rico en ovejas de Australia, que en este entonces era una colonia penal para los convictos de Inglaterra (así como era Virginia). Magwitch, un convicto, termina con ser “dueño” de Pip, ahora que lo ha financiado para ser un gentleman.

Aunque Pip es decepcionado que Magwitch es dueño de él, Moll, de otro modo, al final de la novela de Defoe, sí termina con ser deportada a Virginia, y menciona los nombres de los ríos Potomac, el Chesapeake y Rapahannock, pero dice que, por su seguridad, no va a mencionar ni su propio nombre ni el nombre del lugar donde ella tendrá su plantación de tabaco. Llega a Virginia con por su riqueza acumulada (pero secreta), y es, al final, dueña de un gentleman. Por su astucia ha quedado muy feliz—a cual costo humano se ha visto en toda la novela.

La Teoría de los Sentimientos Morales, de Adam Smith.

Así funciona la filosofía del sentido común. Hay que buscar detrás de las apariencias para saber como se ha llegado a aplicar un sentido común astuto para resistir las prácticas de su sociedad. Una piedra de toque para entender estos asuntos es otro contemporáneo de Defoe: Adam Smith de Edinburgh, Escocia, quien no solamente escribió La Riqueza de Naciones, sino que también, La Teoría de los Sentimientos Morales (1759) en que desarrolla la tesis que la psicología social es un guía mejor que la razón desnuda. En el siglo XVIII nació el pragmatismo y el consecuente florecimiento de la doctrina de sentido común. Y como es el caso en todos los nacimientos, nació desnuda y frío. Hay que vestirlo con ropaje moral, declara Smith, que no viene incipiente con el nacimiento. Eso declara Defoe en Moll Flanders, su novela de crítica social y moral. El sentido común nace, metafóricamente, durante una época de fatiga moral casi al comienzo de la Revolución Industrial en Inglaterra. La ética perecía. Más exigente es la búsqueda para la sobrevivencia y la superioridad de las ganancias en el mercado de esta vida. Se ha dicho que el pragmatismo es la pura racionalidad que tiene el corazón en cadenas. La moralidad, tal vez, no es tan rentable que el sentido común.

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Deportada, al final de la novela, Moll Flanders es transportada a América por orden de la corte de Londres. Obligada viajar a Virginia como deportada, para evitar la ejecución o el penal, ella logra, por astucia, viajar con la riqueza acumulada de su vida anterior. Prospera, y, entre otras complicaciones, se casa con un socio inglés, un “highwayman” (ladrón que opera en las carreteras de carruajes de ricos) con dotes, así como ella, de un gentleman aristocrática. Pero la apariencia de gentleman no es todo. La sustancia interior merece una examinación. Es el trabajo periodístico de investigación social que caracteriza a Defoe como novelista es casi arqueológico. Con eso pasa desde la superficialidad a lo interior. Defoe ha publicado, en Moll Flanders, los resultados de su incursión y examinación de su sociedad.

Defoe, entonces, publica los resultados de la aplicación de los valores de mercado y del sentido común desnudo en presentar la vida de una de las contrincantes que sobrevive. En su vida enfrentando el sentido común, sin moral y ética, que Moll ha usado la astucia para resistir en una forma de sentido común más grande, y, por lo tanto, irónico en sobrevivir en abundancia, pero lo ha tenido que hacer en las afueras de la sociedad. Pero queda rica y contenta al final de tanto.
Resulta que el artefacto descubierto en la incursión arqueológica que efectúa Defoe en su novela es el ser humano.
FIN

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