Cómo surgió el grito “¡Adentro Cojutepeque!” y otras historias curiosas de este pueblo

El grito de guerra utilizado en un enfrentamiento de soldados cojutepecanos sirvió de inspiración para el xuc de Paquito Palaviccini.

Pintura de cojutepeque en los años 30. Foto cortesía de Francisco Berciano.

Por Kevin Rivera

Nov 21, 2019- 06:39

En El Salvador, todos alguna vez han escuchado el Xuc de “Adentro Cojutepeque“, una canción folclórica que fue creada por Paquito Palaviccini en 1942. El “xuc” de Cojutepeque fue el primero de otros como “El Carnaval de San Miguel” que proviene del sonido que emite un instrumento salvadoreño de viento llamado “juco”, que al momento de tocarlo suena “xuc, xuc”. Sin embargo, pocas personas conocen el origen de tal grito que sirvió de inspiración a Palaviccini.

Según información recolectada por el investigador Jorge Buenaventura Laínez, en su libro “Cojutepeque, Cushutepec: biografía de un pueblo”, las batallas de los líderes políticos eran muy comunes en el siglo XIX. Y en ellas se daba la mayor participación de indígenas posibles, siendo comunes los gritos de batallas. En Cojutepeque se conocen algunos utilizados como estandartes de guerra y para dar ánimos a los guerreros.

¡Adentro Cojutepeque! Quizá el más conocido y que hasta ha pasado en su fama las fronteras de El Salvador, se dio en Nicaragua en 1856 cuando el filibustero William Walker invade la vecina república, pero la unión de los países centroamericanos evitaron su expansión. Los cojutepecanos dieron un ataque inesperado por órdenes del capitán Daniel Castellanos y el general Ramón Belloso en el que soldados subieron a los techos, desentejaron varios edificios y por las aberturas dejaron caer una lluvia de balas sobre los minadores mientras gritaban: ¡Adentro Cojutepeques!
Posteriormente este grito lo toma como estandarte de luchas el general José María Rivas en sus 30 años de aguerridas batallas y su ejército de indígenas de Cojutepeque.

La unión de esas palabras fue llevado de generación en generación por la tradición oral del municipio. Eso hizo que en los años 40, cuando Palaviccini visitó Cojutepeque se quedara impresionado por la historia de tal expresión y la retomara en su primer Xuc.

Cuartel Militar de Cojutepeque, siglo XIX. Foto EDH/ Cortesía de Francisco Berciano

¡Mueran Los Chapetones! El cinco de noviembre de 1811 se da el primer intento de independencia en San Salvador. Debido a la distancia y a la poca facilidad de comunicación en Cojutepeque llega la noticia hasta el 11 de noviembre, dando como resultado la revuelta con los indígenas y con su grito de batalla “mueran los chapetones”, asaltando a la población, mueren algunos españoles y otros huyen a hacia El Rosario.

Lo que se escucha en Cojutepeque

Según cuenta Don Francisco Berciano, un habitante de Cojutepeque que guarda muchos elementos históricos en su casa, a lo largo de los años han ocurrido cosas extrañas y curiosas en el pueblo. Hay personajes, hechos y parte de infraestructura con un trasfondo muy interesante y que se han mantenido en la tradición oral del municipio.

Cojutepeque fue capital en 1839, cuando el General Francisco Morazán llevó la capital ahí por un fenómeno natural ocurrido en San Salvador. Y en esa oportunidad fue que se llevó el primer reloj de campana que se conoció en Centroamérica y fue colocado en la Iglesia San Sebastián que está en el centro de la ciudad. Según la historia, este fue traído en una batalla que Morazán tuvo y fue como un trofeo de guerra.

Iglesia San Sebastián en la actualidad. Foto cortesía de Lili Bello de Perdomo, alcaldesa de Cojutepeque

Además, don Francisco Berciano nos comenta que cuando trajeron los restos de Francisco Morazán desde Costa Rica, estuvieron en Cojutepeque y fueron recibidos con mucha algarabía el 14 de septiembre de 1858. “Fue recibido con las bandas del pueblo y ‘cuetes’. Él era muy querido en Cojutepeque”, comenta. Según los datos que recolectó a través de la tradición oral del pueblo, posteriormente el presidente de la República llevó los restos de Morazán a San Salvador, saliendo desde la plaza Central de Cojutepeque en un carruaje de caballos blancos y fueron escoltados por soldados cojutepecanos, entre ellos el Coronel Antonio Chico.

Otro dato interesante es que el 6 de agosto de 1883 fue la inauguración de la introducción del agua en Cojutepeque, una bomba que fue traída desde Nueva York. Quien lo promovió fue don Cayetano Díaz y en la inauguración hubo presencial marcial, de artillería, bailes, “fue bien pomposa”, expresa don Berciano. Con las décadas se quedó con el nombre de “Acuario de Cojutepeque”, que ahora sirve como lavadero público. Originalmente se llamó como “Empresas de agua de Cojutepeque” y se ocupaban fichas para poder adquirir el servicio.

Estas eran las fichas ocupadas para comprar agua en Cojutepeque. Foto cortesía de Francisco Berciano

La historia del pueblo protegido

Por ejemplo, Berciano nos habló de Manuel Subirana, un sacerdote español que radicó en Honduras y posteriormente viajó a El Salvador, especialmente a Cojutepeque, y dijo que este pueblo tenía la bendición de Dios y que nunca iban a pasar catástrofes, guerras o situaciones que podrían poner en peligro a la población. “Aunque sí tuvimos el terremoto del 2001, pero solo hubieron daños materiales en su mayoría”, agrega. De este sacerdote se sabía que hacía milagros, que hacía brotar agua de la tierra, que dormía en un crucifijo, que guardaba una piedra como almohada.

Don Francisco narra que unos hombres llegaron con unos tamales envenenados con los que querían matar al padre Subirana, pero este al sospechar tomó los tamales y se los dio a los perros, los cuales murieron. Sin embargo, los asesinos se fueron en caballos, pero los caballos se volvieron locos, los botaron y los mataron a pisotadas.

Además, hay algo que el Padre Subirana dejó y que mantendría “benditas” esas tierras. De acuerdo con Berciano, el sacerdote dejó en el pueblo cuatro cruces en los cuatro puntos cardinales de Cojutepeque para que protegieran a las personas que vivieran ahí. Hay una cruz al Norte en el Barrio Santa Lucía; al oeste, la Cruz Verde que está en el desvío de Santa Cruz Michapa; hacia el Sur, la que está entre el desvío de San Ramón y Candelaria, y al este, la del Cantón Ojo de Agua. Todas juntas forman una cruz gigante por la cual decía Subirana que el pueblo era bendito.

La Virgen de Fátima en el Cerro “Las Pavas”

Un hecho de gran importancia para los Cojutepecanos fue la llegada de la imagen de la Virgen de Fátima en noviembre de 1949. Según narra Berciano, la imagen fue sorteada a nivel de Centroamérica en tres ocasiones, y las tres ocasiones resultó ganador El Salvador. De igual manera, al traerla al país se volvió a sortear entre los municipios y Cojutepeque fue la favorecida.

Primera gruta de la Virgen de Fátima en el Cerro Las Pavas. Foto cortesía de Francisco Berciano.

Al principio se llevó a la Plaza Central de Cojutepeque y ahí permaneció por varios años. Hasta que en una ocasión, según la tradición oral, una paloma se posó en la cabeza de la imagen insistentemente y cada vez que alzaba vuelo se dirigía al Cerro “Las Pavas”. Esto fue tomado como una señal divina y las autoridades religiosas de ese tiempo decidieron hacer una gruta bajo el cerro.

Y así muchas otras historias que mantienen vivo Cojutepeque. Su esencia son las personas y la tradición oral que se transmite de generación en generación.

Para Berciano, “Cojutepeque vive por sus historias y es deber de nosotros los adultos transmitírselas a las nuevas generaciones para que nunca mueran”.

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