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Estas dos artistas salvadoreñas casadas con pilotos de raíces francesas destacaron internacionalmente en el siglo XX

La más conocida es Consuelo Suncín de Saint-Exupéry, quien se inmortalizó como la esposa del autor de "El Principito". La segunda es Ana Bovard y gozó de mucho reconocimiento por su talento artístico, pero su legado es casi desconocido en su país.

Por Rosemarié Mixco | Mar 09, 2021- 12:41

Consuelo de Saint Exupéry (i), foto cortesía de la escritora Gladis Alvarado Suncín. Y Ana Julia Álvarez, foto cortesía del curador Jorge Palomo.

¿Qué tienen en común Consuelo Suncín de Saint-Exupéry y Ana Julia Álvarez de Bovard? Además de ser salvadoreñas, artistas y haber nacido en la primera década del siglo XX, ambas destacaron a nivel internacional y unieron sus vidas a pilotos vinculados con Francia.

La primera nació en Armenia, Sonsonate, el 10 de abril de 1901. Aunque dedicó su talento artístico a escribir y pintar, su fama se debe al hecho de convertirse en la musa de Antoine Saint-Exupéry, autor del clásico de la literatura universal “El Principito”.

Ella inspiró el famoso personaje de la rosa, el más preciado tesoro del Principito.

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A tal punto llegó la influencia de la compatriota en Francia, que la alcaldía de Ormesson decidió nombrar una de sus calles Consuelo de Saint-Exupéry. Este homenaje fue retrasado a raíz de la crisis sanitaria por COVID-19 y se espera sea realizado en 2021.

En esa región francesa, se puede admirar una escultura del Principito que la salvadoreña donó en 1964, según información proporcionada por la escritora Gladis Alvarado Suncín, descendiente de la armeniense que se ha dedicado a promover el legado de su famosa tía.

Consuelo y Antoine de Saint Exupéry en su luna de miel. Foto / Cortesía de Gladis Alvarado Suncín

No tan famosa como De Saint Exupéry, Álvarez Bovard descolló desde muy joven en el mundo de las artes plásticas cuscatlecas y vale la pena extenderse en su legado artístico.

Carlos Cañas Dinarte, historiador salvadoreño radicado en Barcelona, detalló que tanto Ana Julia como su hermana Refugio destacaron en los concursos nacionales de dibujo y pintura que se realizaban en ElSalvador de los 30; uno de estos era el que convocaba la asociación Amigos del Arte, que solían ganar los más talentosos de la época.

Eran hijas del abogado y escritor Eduardo Álvarez y Joaquina Olmedo, hija de Rafael Olmedo padre, uno de los músicos más importantes de finales del siglo XIX. “Venía de una familia de intelectuales…”, resaltó el historiador.

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Bovard realizó sus estudios básicos en el Licée Francais de San Salvador y fue alumna de Miguel Ortiz Villacorta, José Mejía Vides y Salarrué, en la Escuela de Bellas Artes, y también fue discípula de Alberto Guerra Trigueros.

Dirigida por el pintor sudamericano Camilo Egas, estudió la técnica del mural en Nueva York.

Obtuvo su conocimiento de cerámica en Georgia y California. Algunas de sus mejores obras figuran en colecciones privadas y en la Universidad del Sur de California (USC).

Álvarez cambió su apellido a Bovard, después de casarse con el piloto estadounidense de raíces francesas y artista del metal William Bovard, en 1946.

“Los canastos”, sin fecha. Óleo sobre lienzo, 130 x 83 cm, colección privada (foto Eduardo Fuentes), Fotografía del pasaporte de la pintora salvadoreña de 1943. Sin título (ángel), 1940. Óleo sobre lienzo, 208 x 143.5 cm, colección privada (foto archivo del Marte). Imágenes / Cortesía Jorge Palomo

Hay que destacar que esta pintora nacida en San Salvador, el 19 de febrero de 1908, es considerada la primera mujer que expuso con éxito en El Salvador en el siglo pasado. “Antes de ella no conocemos a nadie”, expresó el arquitecto Rafael Alas, curador, docente y ex director de programación del Museo de Arte de El Salvador (Marte).

Alas recordó que en la exposición “Revisiones”, que se mantuvo abierta al público del 18 de mayo de 2007 al 25 de abril de 2010, el nombre de la pintora figura entre los artistas de la década de los 30.

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El arquitecto e historiador del arte Luis Salazar Retana (1943-2016) también lo aseguró. “… es la primer mujer que pinta con éxito y con profesionalismo en nuestro medio, en una época tan distante como los años treinta y cuarenta”, según biografía publicada por el Marte.

Pero el curador e investigador Jorge Palomo terminó de revelar el tremendo talento de la compatriota . Para él, la salvadoreña fallecida en Canadá —donde reside su descendencia—, el 27 de septiembre de 2007, heredó una valiosa obra como pintora y ceramista, producción que debe ser investigada y debidamente registrada.

Madona india, 1982. Cerámica, colección privada. Foto / José Bovard cortesía Jorge Palomo

Álvarez Bovard fue un gran admiradora de la alfarería precolombina, como ella lo afirmó en una conferencia replicada en el número 35 de la “Revista Cultura” del Ministerio de Educación —dirigida en ese entonces por Claudia Lars—, en 1965. En esa oportunidad, dejó claro que una de las grandes cualidades de la cerámica, al igual que de cualquier otro género artístico, es la sinceridad.

“No hay nada más despreciable que un cuadro, una estatua, un platón o un mural hechos con rebuscamientos hipócritas o con imitaciones sordas”, expresó Álvarez. De esa forma enfatizó en que un artista debe ser siempre él mismo, destacando la importancia de tener un estilo propio u original.

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“Solamente siendo él mismo, puede lograr emocionada comunicación con el público”, resaltó.

Con respecto al público, Álvarez destacó la importancia de enseñar a los niños a valorar las cosas hermosas, para poder percibir el valor del arte mismo. “Es indispensable que desde niño y luego de joven se cultive el hombre para poder gozar de la emoción estética, para poder distinguir todos aquellos —a veces dolorosos— esfuerzos del artista para producir algo nuevo, algo bello, bueno y perdurable”, subrayó.

“Fructidor”, 1935. Óleo sobre lienzo 150 x 230 cm aprox. Colección privada. Foto EDH / Jorge Palomo Cortesía

Su labor como conferencista fue destacada por Alex Cáceres Molina, en la biografía de la pintora publicada por el Museo Forma, en manos de Jorge Palomo.

Según biografía elaborada por el MARTE, la poeta salvadoreña Claudia Lars escribió el poema “La virgen de las tunas”, inspirada en uno de sus cuadros. Las representaciones de la mujer salvadoreña de rasgos indígenas de Álvarez Bovard eran estilo art déco y sus paisajes modernos, estilo fauvista.

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