Aníbal J. Salazar, uno de los pioneros de la fotografía salvadoreña

Desde mediados del siglo XIX, los productos fotográficos y fílmicos se han constituido en formas insuperables para fijar el desarrollo de una sociedad y retratar su pulso y sus personajes en momentos determinados de su historia.

Por Carlos Cañas Dinarte

Oct 12, 2018- 14:48

El Salvador no fue la excepción. A partir de 1867, extranjeros como Auguste Feussier, Charles Dorat y Armand Harcq fotografiaban y litografiaban el desarrollo arquitectónico de la capital salvadoreña, a la vez que dejaban testimonio gráfico de la devastación inflingida por el Gran Terremoto de San José, ocurrido el 19 de marzo de 1873.

Conoce a Aníbal J. Salazar, uno de los pioneros de la fotografía salvadoreña

Desde mediados del siglo XIX, los productos fotográficos y fílmicos se han constituido en formas insuperables para fijar el desarrollo de una sociedad y retratar su pulso y sus personajes en momentos determinados de su historia. En las décadas de 1940 y 1950, Aníbal J. Salazar produjo una serie de postales denominadas “iluminadas” (fotografías en blanco y negro, coloreadas a mano) que reflejan El Salvador de aquella época.

En 1884, en San Salvador, el doctor Emeterio Salazar y su esposa Mercedes Serrano de Salazar recibieron a su nuevo hijo, Aníbal Jesús Salazar Serrano. Durante su niñez y adolescencia, Aníbal recibió conocimientos de ciencias y letras en su propia casa. A los 14 años ingresó al Liceo Salvadoreño, que para ese momento ocupaba locales frente al portón central del cuartel de la Policía Nacional.

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Inició sus estudios de secundaria en el Instituto Nacional Central de Varones (ahora llamado “Francisco Menéndez”), situado en la manzana frente al costado poniente de la Catedral de San Salvador. En 1900, la muerte de su progenitor lo forzó a dejar sus estudios y buscar un trabajo para mantener a su progenitora y a sus hermanos César y Emeterio Oscar.

Dotado de buena letra, fue contratado como escribiente en el Juzgado Tercero de lo Laboral, conducido por el doctor Casimiro Chica, quien ya lo conocía desde el Liceo Salvadoreño.

Después, obtuvo el puesto de oficinista y cajero en el primer Banco Agrícola Comercial, donde devengó por dos décadas un sueldo mensual de treinta colones, que le alcanzaron para pagar los gastos familiares, comprar sus sombreros de paja, trajes de lana, bastones y su primera cámara fotográfica: una Bull’s Eye Kodak, de cajón, que le compró en 1903 al comerciante Max Rosemblum junto con algunos folletos para orientarse entre las lentes, bromuros y emulsiones.

En la noche del 22 de julio de 1920, un incendio consumió al Banco Agrícola Comercial. Soltero y desempleado, en enero de 1924, obtuvo 20 mil colones de premio en la lotería, que le permitieron comprar el estudio fotográfico y fílmico de Francisco Fernández.

Instaló su Fotografía Mexicana sobre la sexta calle oriente y la avenida 29 de agosto, a pocos metros de la iglesia del Calvario. En ese antiguo local de fachada verde, ni la luz eléctrica ni los decorados modernos tenían cabida. Supo dirigir la luz solar y aprovecharla mucho, por lo que trabajaba pocas horas al día con sus cámaras y después se dedicaba a sus colecciones fotográfica y fílmica, histórica, arqueológica y bibliográfica.

En su archivo custodiaba trabajos realizados por otras personas, como los dibujos al crayón del fusilamiento de Gerardo Barrios (1865), las fotografías de las erupciones del lago de Ilopango (1879-1880), la muerte del mandatario guatemalteco Justo Rufino Barrios en los campos de Chalchuapa (1885), la edificación de la segunda Catedral de San Salvador (1884-1888), el entierro del presidente Francisco Menéndez (junio de 1890), la inauguración del Campo de Marte (1892) y el derrocamiento de los hermanos Carlos y Antonio Ezeta (1894).

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Su propia cámara fotográfica también captó la inauguración de la Sala Cuna (1904), el incendio de la Iglesia del Calvario (1908), los primeros automóviles en el país (1909) y los iniciales accidentes de tránsito, la llegada del primer avión (tripulado por el suizo Durafour, 1912), la proclamación como candidato presidencial y el entierro del Dr. Manuel Enrique Araujo (1913), la juramentación de la bandera y escudo nacionales (1912), la erupción del volcán de San Salvador (1917) y muchos eventos más.

Autor de portadas, postales, imágenes para billetes bancarios y muchos productos fotográficos más, falleció en su ciudad natal, el miércoles 18 de septiembre de 1957. Fue sepultado en la tarde siguiente en el Cementerio General capitalino. Se ignora el destino que tuvieron sus valiosos archivos.

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