¿Sabes cuántas personas murieron de influenza en El Salvador hace un siglo?

Originada en el campo de China, la mal llamada “gripe española” se propagó por el mundo en 1918 y provocó cerca de 100 millones de muertes.

La tos y la propagación por vía aérea del virus mortal H1N1 o de la influenza. Caricatura publicada por el Health Bulletin (Carolina del Norte, no. 10, volumen 34, octubre de 1919), cortesía de la Biblioteca del Congreso, Washington D. C.

Por Carlos Cañas Dinarte

Dic 28, 2018- 17:56

En 2014, mediante la exhumación de un cuerpo femenino congelado en Alaska, un grupo de investigadores médicos, dirigido por el genetista Dr. Jefferey Taubenberger, logró obtener los genes de los pulmones de aquella víctima mortal de la “gripe española” o pandemia de influenza de 1918, que en dos oleadas sembró la muerte en prácticamente todo el planeta.

Gracias a ese trabajo, pudo saberse que aquel virus era el mismo de la gripe aviar, sin mezcla alguna, con una capacidad de multiplicación de 50 veces en un día y de 39 mil veces tras cuatro días de infección.

Aunque aquella cepa aviar originada en China tuvo 25 variedades, sólo fueron necesarias dos mutaciones en la hemaglutinina del virus H1N1 para conferirle una extraordinaria capacidad de transmisión entre los seres humanos y fuerte presencia en el sistema respiratorio, donde provocaba neumonía y, tras dos días de síntomas, el fallecimiento del cuerpo huésped.

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El Banco Occidental de Benjamin Bloom

Durante medio siglo, esta empresa con sedes en Santa Ana y San Salvador fue uno de los bancos privados autorizados por el gobierno para emitir billetes.

El primer caso de influenza en el continente americano fue registrado en Camp Funston (Kansas), el 4 de marzo de 1918. Esa fue la variedad que entró a El Salvador, por el puerto de La Unión, en la primera quincena de agosto, cuando ya en Europa se producía el surgimiento de la segunda oleada de la pandemia, debido a la llegada de las tropas estadounidenses a los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.

En apenas tres semanas, en la ciudad de San Miguel había más de 7 mil personas enfermas y los telégrafos de diversas poblaciones de las zonas oriental y paracentral reportaban entre 6 y 80 defunciones diarias. Empresas que implicaban trabajos en grupo, como las imprentas, talleres de costura, escuelas, cines y teatros, tuvieron que cerrar sus puertas por la falta de operarios, de docentes, escolares y público. Para la tercera semana de septiembre, el país entero era azotado por el denominado “trancazo”.

La pobreza, la falta de higiene, la ausencia de medidas preventivas y un aparato gubernamental sin experiencia en epidemias crearon una situación perfecta que permitió el avance incontrolable de la enfermedad. La gente tosía sin taparse la boca, por lo que aire expelido y saliva contribuían a expandir el virus, en especial en los barrios más populosos y socialmente excluidos de ciudades como San Miguel, San Vicente, Soyapango, Santa Tecla, San Salvador y Santa Ana.

Anuncio de la casa alemana Bayer para promover sus pastillas combinadas de aspirina y fenacetina contra el “trancazo”. Fueron publicados en San Salvador, en febrero de 1919, por el Diario del Salvador (1895-1934). Imágenes cedidas por la Biblioteca Nacional “Francisco Gavidia”, Ministerio de Cultura.

Ante la lentitud de las autoridades del Consejo Superior de Salud para intervenir en labores de atención de las víctimas, fueron los médicos y farmacéuticos privados quienes comenzaron a reunir recursos químicos, ofrecer consultas gratuitas y sugerir formas sencillas y prácticas para higienizar las calles y hogares para evitar que la influenza no sólo se propagara, sino que retornara.

Esa desorganización gubernamental en actuar de inmediato ante aquella situación mortal se originaba en el hecho de que el presidente Carlos Meléndez Ramírez estaba enfermo de muerte, por lo que en noviembre de 1918 presentaría su renuncia al cargo y se marcharía hacia Estados Unidos, donde fallecería a los pocos meses. Sin embargo, su vicepresidente y sustituto era un médico, el Dr. Alfonso Quiñónez Molina, por lo que quizá hubiera podido hacer más… si no hubiera estado tan involucrado en la campaña por su reelección, como compañero de fórmula de Jorge Meléndez Ramírez, su propio cuñado y hermano del renunciante.

Fue hasta el 23 de septiembre que se tomó la decisión de no permitir, durante un mes, sesiones de cine y teatro en San Salvador. Curiosamente, al día siguiente, los diarios capitalinos informaban que el número de muertos por influenza comenzaba a disminuir. El sábado 12 y domingo 13 de octubre, el Teatro Colón (costado oriental frente a la actual plaza Barrios) exhibía filmes documentales de la Gran Guerra.

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La influenza no respetó fronteras ni condiciones sociales. Entre el 19 y el 24 de octubre de 1918, en la californiana San Francisco murieron los jóvenes salvadoreños Raúl, Álvaro, Ricardo y Coralia, cuatro de los siete hijos del español Ricardo Trigueros Mora y la costarricense Julia Contreras Cañas, cuñada del escritor y diplomático Rubén Darío.

Aunque la influenza casi cesó en suelo salvadoreño en noviembre de 1918, a fines de enero de 1919 se reportó un rebrote en Santa Ana y Candelaria de la Frontera. Para entonces, el país hacía cuatro semanas que había recibido la visita exploradora del famoso epidemiólogo estadounidense, general y doctor William C. Gorgas (1854-1920), reconocido por su trabajo contra la fiebre amarilla y la malaria durante la construcción del Canal de Panamá.

¿Cuántos miles de hombres y mujeres de El Salvador murieron de influenza hace un siglo? Por el momento, la respuesta sólo yace en los archivos oficiales.

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