Algunas palabras congeladas para Navidad

François Rabelais (1494-1553), un observador político, médico, escritor de novelas, humanista, erudito en latín, griego y hebreo, además monje, nos recomienda un análisis de la estructura del estado en Francia durante el siglo XVI

François Rabelais (1483–1553), retrato de autor desconocido. Musée national du château et des Trianons, Versailles, Francia .

Por Dra. Katherine Miller

Dic 22, 2018- 16:03

Se ha dicho que la soberanía y el poder en un estado se mueve en un espectro entre el pueblo y el gobierno, de un polo a otro, y de una manera dialéctica. François Rabelais (1494-1553), un observador político, médico, escritor de novelas, humanista, erudito en latín, griego y hebreo, además monje, nos recomienda un análisis de la estructura del estado en Francia durante el siglo XVI, en pleno renacimiento y en medio de las guerras de religión entre católicos y calvinistas (hugonotes).

Durante su vida, los renacimientos de Italia, Francia, Inglaterra y de toda Europa en diferentes formas, florecieron. Al mismo tiempo la estructura del estado y el concepto de la soberanía se movieron drásticamente de un lado a otro, arriba y abajo, siguiendo el conflicto entre el conciliarismo y la visión del poder asentado solo en el Papa en Roma. Rabelais agarró este debate como el hueso del perro que describe arriba con la intención de entender los distintos conceptos del estado y gobierno de sus tiempos. Pero lo hizo con humor, con risa, con chistes aptos para la tarea. Elocuencia —así como en Cicerón— era la esencia. Y así, Rabelais se concentra en “la palabra”: como en la Epístola según san Juan que reza, “En el principio era la palabra…”.

Comienza la novela de Gargantua y Pantagruel con una fiesta de un grupo de familias de gigantes. Ahora, son seres humanos enormes porque los conceptos de hombre y mujer durante los renacimientos europeos eran tan grandes que casi no había límites. El tamaño de los personajes en la novela representa la grandeza de que eran capaces los seres humanos con las nuevas visiones de los redescubiertos textos de los griegos, hebreos y romanos.

Ilustración del francés Gustave Doré para edición de 1854 de Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais.

Bueno, la esposa gigante de Grandgousier, la niña Gargamelle, hija del rey, está embarazada y tiene mucha hambre. Así que, cuando Grandgousier (un nombre que nos da a entender que es un bebedor grande) comienza a repartir la comida de la fiesta y es sopa de tripa. Gargamelle le gusta tanto, que come demasiado y provoca los dolores de parto. Pero como los orificios por donde debe salir el niño son bloqueados (acordamos que Rabelais era un médico) éste tiene que nacer por el oído izquierdo de su madre. El niño es Gargantua; comienza a gritar (ya puede usar palabras) que quiere vino para tomar. Enseguida, las criadas tienen que usar la leche de 17,913 vacas para sostenerlo diariamente. Puede percibirse la clase de humor que ocupa Rabelais: el oído es para escuchar palabras que comunican algo. Así que cuando Gargantua nace, tiene que nacer por el oído y no salir del vientre y así comienza la metáfora más profunda de la novela.

Además, los griegos son la fuente de mucho conocimiento en Europa Occidental después de que sus textos son rescatados de Constantinopla en 1453 ante la conquista de los Turcos Otomanos. El griego tal vez más famoso es Aristóteles, y en su insigne definición de un hombre, declara que es un “animal político”, como sabemos. Pero también es el único que puede reírse. La risa, la carcajada, el humor son los instrumentos que ocupa Rabelais en su elogio implícito de la retórica de la palabra, de la educación y de la ingenuidad verbal, para analizar gobiernos y poblaciones.

De hecho, Rabelais examina la consciencia de las poblaciones en términos de los lazos de obligaciones mutuas entre las personas de una comunidad o estado como Francia, que ve a su alrededor cuando está escribiendo. El estado, en su análisis, es una obra de arte a un lado del espectro del poder en que se mueve el hombre —o, en este caso, los gigantes. Y el estado es descubierto, en sus muchas formas, en los viajes que hacen los gigantes para descubrir un oráculo (“de la botella”, por supuesto) que les puede indicar si Pantagruel debe casarse, o no.

lustración del francés Gustave Doré para edición de 1854 de Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais.

En sus viajes encuentran monarquías absolutas donde la población no tiene derecho a usar palabras porque el monarca tiene todo el poder y solamente los ordena y ellos se vuelven no “animales políticos”, si no nada más que animales con sus funciones corporales.
Otra manera de gobierno se descubre en palabras congeladas en un mar congelado donde había pasado una guerra entre dos grupos de otros gigantes y cuando se descongelan las palabras (que se encuentran en la cubierta de su barco y también al fondo de botellas de licor): las palabras son de gritos de hombres y mujeres, el accionar de espadas y hachas de guerra, los choques de armadura, los relinchos de caballos. Pantagruel encuentra algunas palabras distintas que son descongeladas y son “como crudas ciruelas de azúcar, de muchos colores”, etc.

El capitán del barco, Panurge, ruega a Pantagruel un regalo de unas de estas palabras exóticas y Pantagruel le dijo que dar palabras es el papel de un amante. Vendérmelas, pues, gritó Panurge. Pantagruel responde, pero este es el papel de un abogado. “Yo prefiero venderle silencio, aunque es más caro”, dice Pantagruel. Sin embargo, Pantagruel tiró tres o cuatro manadas de palabras exóticas medio descongeladas, pero incluyó unas palabras con filos fuertes y algunas palabras sangrientas. Todos son examinados para entender el estado, las guerras de religión, la forma de gobierno que se puede construir con palabras —la elocuencia y la educación que son la esencia de la política y también las palabras usadas para debatir asuntos con y así formar gobiernos y defender derechos”. François Rabelais.

LECTURAS RECOMENDADAS:

Montaigne, Michel de. Essais.

Obra cumbre del pensamiento humanista francés del siglo XVI.

 

Rabelais, François. Gargantua y Pantagruel.

Conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI.

Gargantua y Pantagruel
Finalmente, uno de los frailes recibió una donación para establecer un convento: la abadía de Thélème, una de las parábolas más notables en la filosofía política del Occidente. En esta abadía, la consigna es “Haga lo que desee” (Fays ce que vouldras, en francés del siglo XVI). Y así actúan los que viven allí. Se levantan cuando quieren, comen cuando quieren, trabajan cuando quieren. No es una monarquía, no hay abad para gobernarla: es una forma consensual, casi un contrato social, pero todos hacen lo que les da la gana. ¡El asunto es que funciona! Es una obra de arte basada en el uso de la educación y las palabras para definir la soberanía y el poder.

Contemporáneo con Rabelais es el famoso Michel de Montaigne quien escribe los primeros ensayos —esfuerzos para definir, pero solo tentativamente. Montaigne se proclama rey del material que está escribiendo (una forma de gobierno, ¿verdad?) y dice que hinca su rodilla ante el rey, pero no su mente. Es decir, como en la abadía de Thélème la persona pública actúa así ante el gobierno, pero no la persona privada que pasa su tiempo considerando distintas formas de gobierno no en público, si no en el gabinete adentro (arrière-boutique) en consulta con su ser interno.

Ahora, hay muchas tendencias de pensamiento, creencias religiosas y políticas en movimiento en la Francia del siglo XVI. El conciliarismo versus el poder absoluto del Papa es un debate. En ello comienzan con los Concilios de Constanz y Basle a favor de las decisiones del concilio que son las que el Papa tiene que obedecer (para resolver el cismo entre Avignon y Roma). Son los tiempos de la Reforma Protestante y la Contra-Reforma Católica, cuando la doctrina de la Iglesia católica está definida en el poder del papa que le es devuelto en el Concilio de Trento. (Esta es una clara revocación del movimiento conciliar que dio poder a los arzobispos y cardenales, la curia y concilio, junto al Papa.) Las guerras religiosas entre los calvinistas y los católicos, con la Masacre del Día de San Bartolomé en París, son otras. Rabelais menciona, explícitamente, a los calvinistas.

La importancia del lenguaje, la retórica, las palabras, los oídos y la educación es la esencia en los escritos de Rabelais. Refiere irónicamente a la demagogia en el discurso político y público y la retórica repetida, cansada y estereotipada como desviaciones y disminuciones del lenguaje necesario para gobernar y ser gobernado. Con Rabelais, tenemos que reír para entender, criticar y formar buen gobierno. El lenguaje y la educación nos salva para que podamos ser los animales políticos que saben reír, como nos indica Aristóteles, según Rabelais.

Pero al fin de tanto, como declara Rabelais, “Si cae el cielo, se puede esperar atrapar unas golondrinas”.

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