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Una historia muy fumada: la marihuana en El Salvador

Conocido desde hace seis mil años, el cáñamo, maría, mariguana, monte, mota, hierba, pategallina, yerbabuena, espinaca… es una de las drogas más consumidas en este mundo globalizado.

Foto estereoscópica hecha por Felipe Viaud en una zona popular de la San Salvador de la década de 1920. Imagen cedida por la familia Viaud-Kuny, San Salvador.

Por Carlos Cañas Dinarte

Dic 15, 2018- 11:02

Cultivada en China e India hace varios milenios, la Cannabis índica o sativa llegó a tierras americanas en la primera expedición de Cristóbal Colón, cuando se calcula que arribaron unas 80 toneladas de plantas y semillas. En esa época, el uso intensivo de la planta era para confeccionar cuerdas y vestimentas, aunque no se desconocían sus propiedades estupefacientes y narcóticas.

Durante varios siglos, las cuerdas e hilos de cáñamo y sus derivados fueron comercializados y usados en el Reino de Guatemala. Pero fue hasta el período de consolidación de los estados nacionales centroamericanos, en el último cuarto del siglo XIX, cuando la marihuana y su gemelo hachís comenzaron a ser consumidos entre intelectuales y personas de clases pudientes.

Portar una caja elegante con rapé o hierba entre los trajes y vestidos daba reputación de exquisitez y buen gusto a su persona propietaria. Incluso, su consumo era sujeto de referencia literaria, como quedó constatado en uno de los cuentos que Rubén Darío redactó en la capital salvadoreña y que luego incluyó en la segunda edición de Azul…!, publicada en la ciudad de Guatemala, en 1890.

Ella fue la primera mujer universitaria de Centroamérica

En la tarde del 20 de septiembre de 1889, la sansalvadoreña Antonia Navarro Huezo se convirtió en la primera mujer graduada de una universidad en la región centroamericana.

En las farmacias de San Salvador, desde 1867 hasta inicios del siglo XX era posible encontrar láudano de hachís o de cannabis, que era vendido de forma libre para usarse como analgésico y antiespasmódico, en especial en casos de bronquitis y asma crónica.

En 1911, el diario estadounidense The New York Times reveló que Estados Unidos era el máximo consumidor de drogas heroicas del mundo, en especial de opio, morfina, heroína, cocaína, hachís y marihuana procedentes del Lejano Oriente, Turquía y México. Ante la alarma casi mundial, un año más tarde en La Haya fue suscrito el primer tratado internacional para regular y controlar toda la descomunal industria del opio y sus derivados. Tras años de deliberaciones internas, El Salvador se adhirió a dicho acuerdo casi global.

En una de sus primeras acciones dentro de los puntos acordados en ese tratado contra el opio y sus derivados, el 15 de mayo de 1913 el gobierno salvadoreño fundó un Laboratorio de Toxicología e Investigaciones Judiciales, al frente del cual puso al químico belga Dr. Charles Renson. Su trabajo se centró en examinar muestras de productos químicos y farmacéuticos importados por las droguerías y farmacias del país, las que, en su conjunto, apenas necesitaban entre 3 y 5 kilos de drogas puras al año para fabricar sus diversas especialidades. Fundador de la primera cadena de custodia de drogas que hubo en el territorio nacional, ese laboratorio jamás examinó ningún producto derivado del cannabis. Así fue como se dio el primer intento nacional porque la ciencia entrara a los terrenos de la criminalística y el derecho.

En junio de 1917, llegó a San Salvador el poeta colombiano Miguel Ángel Osorio, quien por entonces usaba el seudónimo Ricardo Arenales, aunque el mundo lo conocería más por el de Porfirio Barba Jacob. Alojado en el Hospital Rosales para no pagar hotel, este curioso personaje transportaba consigo una maceta con plantas de marihuana de la variedad Panama Red o punto rojo. Procesaba sus hojas, las cuales hacía en cigarrillos o papos y puchos, mientras se fumaba algunos sentado en las bancas del parque Dueñas (hoy Plaza Libertad), una de las pocas estructuras que no fueron afectadas por los terremotos y erupción volcánica de esas fechas.

Informe salvadoreño (1934 y 1936) ante el Comité Central del Opio de la Sociedad de las Naciones. Copias digitales proporcionadas por el archivo de la ONU, Ginebra, Suiza.

Cuenta una leyenda urbana que Arenales le dio a fumar un porro de marihuana roja al joven escritor sonsonateco Salvador Salazar Arrué, mientras él llegó a leerle algunos fragmentos de las aventuras atlantes de su entonces inédita novela O´Yarkandal. Quizá fue tras ver a “dama de los cabellos rojos” que Salarrué saliera corriendo, despavorido, por varias calles y avenidas, para no regresar jamás a ese mundo de ensueños. Incluso, años más tarde, quizá haya sido esa experiencia de juventud la que contara en otro de sus textos narrativos, la novela titulada La sed de Sling Bader.

El negro cocinero que (no) es prócer de la independencia

Entre 1810 y 1824, hubo cientos de hombres y mujeres (indígenas, ladinos, mestizos, mulatos, negros, etc.) que se involucraron en los movimientos insurreccionales de San Salvador, Metapán y Sensuntepeque. La historia oficial los olvidó casi a todos.

Tras el amplio cultivo y comercio de marihuana que emanó de la revolución mexicana, el gobierno estadounidense advirtió en 1920 que Latinoamérica tenía crecientes niveles de producción y consumo de drogas. Eso lo llevó a crear el Federal Bureau of Narcotics, una dependencia del FBI que años más tarde se separaría y daría pie al surgimiento de la DEA.

En una histórica sesión del 10 de marzo de 1917, la Unión Farmacéutica de El Salvador le exigió al gobierno presidido por Carlos Meléndez Ramírez que todo el control de importación y comercialización de drogas pasara de ser atribución directa de particulares a manos de los profesionales farmacéuticos colegiados, quienes debían solicitar permisos previos anuales a la junta general de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de El Salvador, después transformada en una entidad semiautónoma denominada Junta de Química y Farmacia.

Para valorar los logros de esa centralización profesional obligatoria, quizá baste decir que, en 1929, el ministro de Hacienda José Esperanza Suay emitió un desgarrador manifiesto desde el Diario Oficial, en el que señalaba que su oficina poco o nada podía hacer frente a la invasión de drogas y estupefacientes en el territorio nacional. El caso era tan grave que el funcionario le presentó su renuncia al presidente Dr. Pío Romero Bosque padre, quien no se la aceptó. Diez años después, en agosto de 1939, la intelectual Amparo Casamalhuapa denunció que el gobierno salvadoreño había permitido que las drogas permearan a la sociedad nacional y representaran un verdadero atentado contra la salud pública. Fue amenazada con abrirle un juicio militar y tuvo que marcharse al exilio.

Ilustración en cromolitograbado de la planta, hojas y semillas de Cannabis sativa o marihuana, presentada en el primer volumen del atlas de farmacopea Medizinal-Pflanzen… (1887) del alemán Hermann Adolph Köhler (1834-1879). Imagen digitalizada cortesía de la Biblioteca Peter H. Raven, del Jardín Botánico de Missouri, Estados Unidos.

Entre 1926 y 1936, el gobierno salvadoreño emitió varios informes ante el Comité Central del Opio, organismo de la Sociedad de las Naciones, con sede en Ginebra (Suiza), en los que insistió en que en el país no se cultivaba, consumía o distribuía marihuana. En 1927, el anciano naturalista Dr. David J. Guzmán Martorell escribió en la revista capitalina Excélsior que la cannabis apenas era conocida en El Salvador y que sólo era usada, igual que el opio, en fumaderos abiertos por la comunidad china residente, contra la que mantenía dardos abiertos desde 1883.

El pintor salvadoreño que estuvo ante la corte de Napoleón III

Oriundo de San Salvador, se marchó del país a los 19 años de edad y jamás regresó. Considerado el primer pintor salvadoreño, su obra plástica fue exhibida en fechas recientes en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE).

Para las décadas de 1920 y 1930, el consumo de marihuana era popular y se podía obtener de formas más fáciles entre los sectores bajos y medios de la sociedad. La red de salud pública comenzó a detectar problemas por su consumo. Alberto Masferrer denunció varias veces su penetración social degradadora.

La respuesta tardía fue el decreto legislativo 58, del 14 de febrero de 1939, que prohibió toda forma de cultivo o cosecha de marihuana, hachís y otros alucinógenos parecidos. En las dos sesiones en que se presentó el proyecto de decreto no hubo discusión técnica del mismo: sólo se aprobó la prohibición porque Estados Unidos había hecho lo propio.

Decreto legislativo número 58, que estableció la prohibición para el cultivo o cosecha (no así el consumo, distribución o comercialización) de la marihuana y otras plantas narcóticas y estupefacientes dentro del territorio salvadoreño. Fue publicado en el Diario Oficial, no. 208, jueves 28 de septiembre de 1939, página 2945. Imagen escaneada cedida por la Imprenta Nacional de El Salvador, San Salvador.

En 2015, 183 millones de personas consumieron marihuana en la Tierra, en especial en Islandia, Estados Unidos, Nigeria, Canadá, Chile, Francia y Nueva Zelanda. Esos fumones, fumanchús o burros la consumen con regularidad, de forma individual o colectiva.

En 2017, el 35% de estudiantes de El Salvador afirmaba que le resultaba fácil adquirir marihuana en sus entornos de amigos y familiares.

En la actualidad, 29 estados de los Estados Unidos han legalizado el consumo de marihuana con fines medicinales, mientras que 9 estados también han dado su visto bueno al consumo recreativo. Empresas tacabaleras como Marlboro han decidido entrar de lleno en la producción y venta de cannabis en cajetillas, además de que otras empresas venden dulces, revistas, semillas y mucho más.

Una industria en franco crecimiento se levanta en el horizonte, por encima de las plantaciones de cannabis. En El Salvador, desde 2014 hay voces ciudadanas que han solicitado a la Asamblea Legislativa que se abra la discusión pública que permita el levantamiento del veto al consumo, distribución y consumo de monte, mota o maría. ¿Es conveniente? ¿Está preparado El Salvador para un paso así? ¿Cuáles son los pros y contras de una acción de ese tipo? Pronto quizá veamos los otros humos de esta historia tan fumada.

Lectura recomendada

CAMPOS, Isaac. Home Grown. Marijuana and the origins of Mexico´s war of drugs (Chapell Hill, The University of North Carolina Press, 2012).

CAÑAS DINARTE, Carlos. Narcos del pasado. Historia del tráfico de drogas en El Salvador 1860-1940 (tomo I, San Salvador, Índole Editores, en prensa).

ESCOHOTADO, Antonio. Historia general de las drogas (Barcelona, Espasa Calpe, 1999).

IBÁÑEZ, Marcelo. El viaje fantástico. Breve historia de la marihuana en Chile y el mundo (Santiago, Planeta, 2018).

LEE, Martin A. Smoke Signals. A social history of marijuana (New York, Scribner, 2012).

SORIANO, Fernando. Marihuana, la historia (Buenos Aires, Grupo Planeta, 2017)

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