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¿De dónde provenían las noticias en el medioevo?

En una pieza de correspondencia escrita a Carlomagno en 798 a.C., Alcuino, el abad benedictino, e intelectual Anglo-Sajón, quien fungió como asesor ejemplar de toda Europa desde la corte del emperador en Aachen, condenó el dicho popular vox populi, vox Dei (la voz del pueblo es la voz de Dios), porque, como él argumentó, ‘las opiniones del pueblo siempre están muy cercanas a la locura’”. Alcuino de York. Epístola 132, en los cinco volúmenes de su correspondencia editado por Ernst Dammler (Berlin, 1895). 4:198-99.

Por Katherine Miller, Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Mar 03, 2018- 17:25

Comenzamos con la definición de “noticias” durante el medioevo, que de acuerdo con el Oxford English Dictionary, es “Información notablemente importante y reciente, relatada inmediatamente”. En el inglés del siglo XII, es novel o nouvel, es decir, que significaba algo nuevo, y es usado en plural: noveles o nouvelles. En el latín medieval, la palabra para noticias es nova: nuevos asuntos.

Ahora, debemos tomar nota de que el concepto de “la privacidad” no tenía vigencia en el diario vivir del pueblo de pocos recursos y un historiador comentaba, con base en sus investigaciones, que “un hombre ordinario del siglo X en Normandía (en el norte de Francia) probablemente tenía contacto con entre 100 y 200 personas en el transcurso de su vida entera, y su vocabulario consistiría tan solo de algunas 600 palabras” (Coulton. Medieval Village, Manor and Monastery, 1960). Así que, con el latín como el idioma internacional de la comunicación medieval, el acceso a la información nueva y fresca para los hombres pobres del campo y de la ciudad, quienes hablaban en sus idiomas vernáculos, era limitado, por decir lo menos.

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Entre el siglo V y el siglo XV, la mayoría de noticias que llegaron a la población común y corriente en el mercado central de alguna aldea —si es que llegaron— fueron por la palabra hablada, la poesía y la canción cantada o recitada por trovadores, goliardos, saltimbanquis, jongleur y predicadores que vagabundeaban por toda Europa, de pueblo en pueblo, trayendo información, por cierto, exagerada, elaborada y tardía, en especial si se trataba de las guerras o la peste negra.

Nadie en estas sociedades —con la excepción de los monjes y monjas enclaustrados— podía ignorar las noticias que estos “reporteros errantes” traían. Hasta los reyes les pagaban por saber sus secretos, aunque el tiempo transcurrido entre el hecho y el momento en que les llegaba la noticia era muy largo. Un ejemplo es la notificación de la muerte de Frederico Barbarossa en Asia Menor (10 junio del año 1190), que no llegó a Alemania hasta cuatro meses después de ocurrida.

Por otro lado, quienes gozaban de más recursos, como reyes o prelados manejaban redes sociales de mensajeros, servicios diplomáticos, y hasta espías. Un ejemplo de esto es que el rey Eduardo II de Inglaterra pagó 20 schillings a un mensajero de los Bardi, quienes sirvieron como banqueros a los papas en Roma, por reportar la elección del papa Juan XXII en Lyons en 1316, inmediatamente (10 días) después de la elección. Mientras que el mismo rey recibió el anuncio formal y público del Legado Papal de Avignon, un mes más tarde y a un costo de 100 libras esterlinas.
La primera cruzada predicada por el Papa Urbano II en Clermont Ferrand en el sur de Francia, en 1095, desató una confluencia de mensajeros ya que impulsaba una red internacional de noticias comerciales, políticas y eclesiales desde El Levante hasta a las ciudades europeas, en las cuales vivía gente que podía leer y escribir, debido a los bienes de lujo que llegaron del oriente, a las cinco nuevas universidades que se formaron como franquicias del Vaticano entre 1300-1500 en Francia, España, Italia, Inglaterra, Praga y a las escuelas para mercaderes, en Flandes e Italia, donde enseñaron contaduría, matemáticas y geografía.

Así las cosas, toda esta actividad intelectual y el comercio internacional fortaleció la correspondencia que se constituyó en la base de la práctica noticiosa, por medio de, por ejemplo, el estudio de las cartas de Cicerón y otros elocuentes griegos y romanos que sirvieron como modelos en el desarrollo de lo que se llamaba ars dictaminis: el arte de escribir cartas. En particular Marco Tulio Cicerón, quien recibió el apodo cariñoso de “don Tully”, contribuyó con su prosa al mejoramiento del recuento y presentación de las novedades y sucesos.

Otro avance para la producción de las noticias fue la introducción en Europa Occidental del papel proveniente del mundo del Islam, ya que éste comenzó a reemplazar el pergamino hecho de pieles de vacas, corderos y ovejas, cuya fabricación requería grandes esfuerzos físicos y comerciales (comprar y matar animales, quitarles sus pellejos y tratarlos con piedras y químicos, buscar las semillas para preparar las tintas; capturar gansos y seleccionar las plumas más adecuadas para escribir). He aquí la naturaleza primitiva que impidió la creación de la comunicación con las masas de personas que deseaban estar informadas.

La Iglesia apoyaba toda esta correspondencia por escrito. San Ambrosio, Arzobispo de Milano y uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia, comentaba que “el género epistolar fue inventado para que alguien pudiera hablar con nosotros aunque estuviéramos ausentes” (San Ambrosio. Epístola 66 en Patrologia Latina 16.1225. Ed. J.L. Migne).

La correspondencia y mensajería calificada como noticia en el mundo medieval fueron las cartas comerciales (las encontradas en la Genizah en Alejandría); las políticas (las patentes del rey a la nación entera) y las personales (cartas de amor); los despachos diplomáticos; las dispensaciones, los decretos reales y eclesiales otorgando privilegios, las comisiones, los mandatos legales, las encíclicas y bulas papales (escritas como mandatos de los papas para controlar a la población, estos, sí, llevaban su sello). Por supuesto, el crecimiento del comercio aumentó el volumen y carácter secreto de las correspondencias de toda clase, incluyendo instrumentos de finanzas internacionales como las famosas letras de cambio desde las Ferias de Champagne, pasando por el magnífico Banco di San Giorgio en Génova, y siguiendo hasta Florencia, para llegar finalmente a la poderosa Brujas en Bélgica, en el norte, el centro comercial más fuerte de todos. Pero al fin de tanto, no fue la iglesia ni la corte del rey la que reforzó el “negocio” de las noticias. Las noticias eran especialmente necesarias para los banqueros, prestamistas, comerciantes y mercaderes.

Hay dos dominios de noticias adicionales que debemos mencionar. La mensajería eclesial que legitimó el estatus de la Iglesia durante el medioevo y otorgó coherencia y centralización de poder como consecuencia del acaparamiento de información, pública y secreta. Lo mismo se puede decir de las monarquías para quienes las noticias, en todo su esplendor y desgracia, formaban parte del proceso de centralización política. La moraleja sigue siendo que la información (noticias) era, y es, no solo el poder, sino la posibilidad de otorgar el poder.

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Cuando examinamos las relaciones por medio de las noticias, debemos tomar en cuenta no solo la habilidad de poder leer y escribir, si no las relaciones entre personas por toda Europa en el caso de los bancos y el comercio —además de la Iglesia y la corte del rey quienes gozaban del máximo de poder. Los sistemas de comunicaciones noticiosas eran especialmente amplios para los prelados y reyes, quienes fueron debidamente bendecidos con la gracia divina que las noticias otorgaban a quienes ostentaron poder y siempre más poder. Las razones son obvias. Eran personas alimentadas con información, y, que formaban parte del negocio de hacer vivir la Vox Dei (la voz de Dios) una realidad en la actualidad, aquí en la tierra.

Debemos imaginar cómo se ha simplificado la situación de proyectar noticias en la actualidad. Pero quienes escribieron y repartieron las primeras noticias sociales y políticas del medioevo —aun en su comienzo— manejaban un asunto no tan pequeño, y siempre poderoso.

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