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Desde la venganza hacia la justicia: La Oresteia de Esquilo

“Prometer no hacer algo es la manera más segura en todo el mundo para hacer que una persona quiera hacer exactamente esa misma cosa”. Mark Twain. Las Aventuras de Tom Sawyer (1876)

Por Katherine Miller Doctorado en Estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Ene 06, 2018- 17:15

Aristóteles declaró, famosamente, que el hombre es un animal político (polites) que vive en una polis. La tragedia griega refleja la vida de la polis en el accionar de los polites (animales políticos). Ahora, como sabemos, Europa Occidental no conocía estos conceptos, porque no tenían los manuscritos de los griegos, ni la poesía de Homero, ni de ninguno de los dramaturgos y filósofos hasta que Constantinopla fue conquistada por los turcos otomanos en 1543 y los eruditos griegos de Bizancio llegaron a Italia. Así es que La Oresteia no estaba disponible en Europa hasta 1420.

La Oresteia de Esquilo comienza en el hogar (oikos en griego, que significa el área privada y de dominio de la mujer) y se mueve hacia el proceso de la formación del sistema de justicia y las cortes de ley de la ciudad de Atenas, y pasa, también, por las tensiones entre el oikos y la polis, el área de dominio de los ciudadanos -es decir, solamente hombres públicos. Vamos a examinar estos procesos en La Oresteia.

Como es el sine qua non de la tradición literaria, en las obras griegas, que la primera palabra anuncia el tema, La Oresteia comienza con la palabra Theus, es decir, dios; así como La Ilíada comienza con la palabra Menis, que significa la ira de un dios; y La Odisea comienza con la palabra Andra, que significa el hombre. La primera palabra, Theus, es apta, pues hay muchos dioses en La Oresteia: Zeus, Palas Atenas, Apolo y las Furias…

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Comienza Agamenón, la primera tragedia de la trilogía, La Oresteia, con un vigilante, durmiendo en el techo de la casa de Clitemnestra y su amante, Aegisthus. El vigilante comienza la obra explicando a la audiencia que él tiene la tarea de estar atento al sistema de fogatas, diseñado por Clitemnestra, que anunciará el final de la guerra en Troya y la llegada eminente de su esposo, Agamenón. El vigilante comenta a la audiencia, “¡si esta casa pudiera hablar / que historia contará!”, crea así un ambiente de miedo, que se profundiza cuando el vigilante dice que él no va a decir nada porque “un gran buey está sentado en su lengua”. Y anuncia que, dentro del oikos, que es nada más que la Casa de Atreo hay “una mujer con corazón de hombre”, una contradicción en términos bastante chocantes.

La audiencia sabrá que La Oresteia es la historia de Orestes, hijo de Agamenón, de la Casa de Atreo y comandante de la flota que fue a la guerra de Troya. Esta guerra comenzó con el sacrificio de la hija de Agamenón y Clitemnestra, Ifigeneía, para que soplaran los vientos necesarios para llenar las velas de la flota con destino a Troya.

Aún antes de comenzar la obra, todo este trasfondo mítico e histórico iba ser conocido por los, probablemente, 16,000 hombres en la audiencia y por los actores, hombres ciudadanos usando máscaras exageradas y vestuario tieso para disfrazar sus identidades y, así, enfocar la atención de la audiencia en el tema que proyectarían en las tragedias y no en la cara y expresión del actor. El teatro era un asunto por completo masculino, ya que la actuación, como la conocemos hoy, no era un oficio como tal y por tanto no había hombres o mujeres que se dedicaran en exclusivo a ello.

En esta obra, como en La Odisea de Homero, la Xenia y las ofensas contra Xenia, conforman el tema y la corriente subterránea. ¿Hay que preguntarse, “¿qué es la Xenia?”. Es, en esencia, un concepto muy complejo y amplio que funciona como la base de la civilización, porque es la relación entre el anfitrión y el huésped y como se tratan entre ellos. En una sociedad sin lugares de hospedaje para los viajeros, más que una casa privada, esta relación es sagrada ante Zeus, quien lleva la designación de Zeus Xenia. Si el protocolo de Xenia es violado, así como en el caso del príncipe de Troya, Paris, quien como huésped además del rapto y adulterio cometido con Elena, esposa de Menelao, su anfitrión en Esparta, es la ocasión para detonar una guerra o algo peor. Este rompimiento de Xenia es la causa de la Guerra de Troya, que era la voluntad de Zeus Xenia, como nos comentan abiertamente Homero en La Ilíada y Esquilo en La Oresteia.

Las tres tragedias de la trilogía, La Oresteia, son: Agamenón, Las Portadoras de Libaciones (Chorephoroi, en griego; The Libation Bearers en inglés) y Eumenides (Las Amables). Las tres obras marcan el movimiento desde la venganza de sangre individual representada por la Casa de Atreo, la fuente antigua de maldad y representante del oikos y el sistema judicial y la corte de justicia independiente, que forma parte de la estructura de la polis, con fiscal, defensor y jurado de la ciudad de Atenas (que son construidos en la polis, la vida pública y política de los hombres ciudadanos). Pero, encima son los requerimientos sagrados de Zeus y Xenia.

Llega Agamenón, anunciado por el vigilante de la Casa de Atreo, quien sabe esta información por medio del sistema de fogatas en Las Islas Cicladas del Mar Egeo entre Troya y Argos en la Península griega, donde permanece Clitemnestra, esposa de Agamenón, con su amante, Aegisthus. Al no más llegar, Agamenón es asesinado por su esposa, Clitemnestra.

Esquilo describe este asesinato de Agamenón, con el que comienza La Oresteia: Clitemnestra, a la llegada de Agamenón, lo convence con la retórica exagerada de un orador caminando sobre unos tapices bordados de forma exquisita, color escarlata –color de la sangre– que están en el suelo frente a su carroza y que conducen a la puerta de la casa. Con Agamenón viene Cassandra, como botín de guerra, ya concubina de Agamenón. Casandra se niega a entrar a la casa porque dice que “apesta a sangre”, pues, sabe lo que va a pasar, gracias a los poderes de profecía otorgados por el dios Apolo, su pretendiente.

Agamenón, su arrogancia incitada por la retórica intricada de elogios y mentiras de Clitemnestra, camina sobre los tapices y acepta la costumbre de su cultura, que su esposa Clitemnestra lo bañe. Él, desnudo y acostado boca arriba, es atrapado en los mismos tapices escarlatas y descuartizado por Clitemnestra quien está parada, completamente vestida, y armada con una hacha de guerra. Mata a Agamenón en venganza por el sacrificio de su hija, Ifigeneía. La sangre de este asesinato, nos dice Esquilo, es arrojada en chorros sobre Clitemnestra. Ella anuncia al coro que sintió esta sangre como el agua que fertiliza las flores en primavera. Es decir, dice ella, que, al sentir las gotas de sangre, experimentó, algo como el placer erótico de la emisión de semen en ella en el momento del orgasmo. El coro expresa horror.

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Después, el hijo de Agamenón, Orestes, en cumplimiento de las órdenes de Apolo, hijo de Zeus, asesina a su madre Clitemnestra. Es que, además de las órdenes de Apolo a Orestes, el código de venganza de sangre demanda que Orestes tiene que vengar la muerte de su padre, Agamenón. Eso produce el conflicto trágico porque, para cumplir con ello, Orestes tiene que asesinar a su madre.

Ahora, históricamente, la ciudad de Atenas había gozado de un sistema de cortes y jurados desde el siglo VI a.C., pero Esquilo retrocede, de manera dramática, la formación del sistema judicial en una cadena que sigue hacia atrás en las neblinas del tiempo a las actuaciones de sus parientes de la Casa de Atreo: Pelops, Thyestes, Agamenón mismo y su hermano Menelaus. La culpabilidad moral es heredada de generación en generación.

Sus acciones llevan a Orestes ante la corte convocada por Atenas por haber matado su madre. Este es, históricamente, el primer juicio por homicidio y Apolo es el defensor de Orestes; Palas Atenas es el Fiscal; el jurado está compuesto por ciudadanos de Atenas. Pero Orestes, a quien Las Furias ha enloquecido, es absuelto en este primer tribunal. Es la primera vez que el sistema judicial de la polis pública, llega a un juicio definitivo, en contraposición al código de venganza individual de sangre del oikos privado de la familia y el individuo.

Y, aunque Orestes confiesa que ha asesinado a su madre, es absuelto por Palas Atenas con el argumento de que una mujer no es una persona sino solamente el campo que cuida la semilla que hecha el hombre en el acto sexual. Atenas, debemos de recordar, no tenía madre, y nació plenamente armada como guerrera de la cabeza de su padre, Zeus. Ella es quien da el voto determinante que otorga el perdón a favor de lo masculino, ya que Clitemnestra, la mujer, la madre, es descalificada como una persona.

Las Furias están metamorfoseadas por Palas Atenas en las “Eumenides” (“Las Amables”), ya que la polis no las necesita en su carácter como la venganza personal e individual. Ahora hay que incluirlas en la sociedad con otra función.

Lo bueno es que la justicia ya no es la venganza personal e individual: la justicia ya es externalizada como parte de la polis y es válida, proclama Atenas, “aún cuando duermen los ciudadanos de la polis”.

FIN

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