Violencia atribuida a pandillas frena desarrollo de turismo en Guazapa

Los microempresarios y la municipalidad intentan explotar la historia que encierra la marca Guazapa, pero la delincuencia les juega en contra. Una ola de asesinatos en las últimas semanas afectan al municipio.

Por Diana Escalante

May 25, 2019- 23:31

La violencia que generan las pandillas en el municipio de Guazapa, al norte de San Salvador, es uno de los problemas con los que deben lidiar las autoridades municipales y los habitantes que quieren impulsar el turismo local.

El principal atractivo que hay en la zona es el cerro de Guazapa que conserva los tatús que servían de escondite para los guerrilleros durante el conflicto armado. Decir Guazapa evoca esa época de la historia que hasta fue llevada al cine.

Además, hay entre 4 y 13 kilómetros en donde los visitantes pueden hacer caminatas y disfrutar de la vegetación, los miradores, las cascadas y los riachuelos durante el invierno.

Pero este lugar también es guarida de pandilleros que han salido huyendo del casco urbano de Guazapa y de municipios aledaños como Apopa y Tonacatepeque porque son buscados por las autoridades para que respondan por sus fechorías.

En reiteradas ocasiones, el cerro y sus alrededores han sido escenarios de enfrentamientos entre policías y delincuentes. Estos combates han causado muertes.

Foto de referencia/ Archivo/ Francisco Campos

El 29 de diciembre pasado, cuatro integrantes de la pandilleros murieron y un policía de una unidad elite salió herido en una balacera registrada en el cerro Los Almendros, del cantón Santa Bárbara.

Decenas de policías llegaron tras ser alertados de que no menos de 15 delincuentes estaban reunidos en una especie de campamento y eso atemorizaba a los pobladores.

Los policías fueron atacados por los pandilleros con fusiles M-16 y otras armas de grueso calibre.

En las faldas del cerro y en la carretera Troncal del Norte también han sido registrados varios hechos de violencia, principalmente homicidios, balaceras y asaltos.

En las últimas semanas, las autoridades han procesado no menos de cinco escenas de homicidio en un tramo de esa importante vía, en la jurisdicción de Guazapa.

“Estamos tratando de impulsar el turismo en el cerro; la comunidad se ha organizado también para ofrecer sus productos y se busca hacer convenios con las universidades para que los estudiantes vengan a hacer caminatas, pero esta serie de asesinatos definitivamente no vienen a contribuir. Acá hemos tenido casos en donde la gente dice que no va porque hay presencia de pandillas y no se va a arriesgar”, señala Danis Tolentino, integrante del Comité Municipal de Prevención de Violencia.

Aunque Tolentino matiza que los niveles de violencia han bajado “drásticamente” con respecto a otros años (en los que los pandilleros ejercían control sobre los habitantes) los crímenes continúan.

“Hasta hace unos años estaba complicadísimo, se podía transitar (en el centro de Guazapa) pero no tranquilamente. En los cantones se daban asesinatos. Hoy han bajando considerablemente, pero siguen”, manifiesta el representante del Comité de Prevención de la Violencia.

Homicidio Guazapa


Voluntario de Cruz Roja entre las víctimas de la violencia 

En lo que va del mes, las autoridades han reportado varias muertes violentas en Guazapa.

Una de las víctimas fue Jesús Guevara Alas, de 40 años, quien fue asesinado el 2 de mayo. Él tenía pocos minutos de haber salido de su vivienda rumbo al trabajo, donde se desempeñaba como bodeguero, cuando fue interceptado por varios delincuentes que lo ultimaron a balazos, de acuerdo al reporte policial.

El crimen fue cometido en el barrio El Centro, en el kilómetro 24 de la carretera Troncal del Norte. Las circunstancias en las que lo mataron no han sido esclarecidas por las autoridades.

Más de una semana después, en el kilómetro 31 de la referida arteria, también murió acribillado Santos Mejía cuando se transportaba en una bicicleta. Dos días después de este crimen, la Fiscalía General reportó los homicidios de dos hombres: uno fue ultimado en el kilómetro 29 y el otro en la lotificación Santa Lucía.

El jefe policial de la localidad manifiesta que la hipótesis que se tiene es que quienes cometieron los crímenes fueron pandilleros. Agrega que aunque son varios homicidios no pueden considerar que estén ante una “escalada de violencia”, si se compara con el número de muertes violentas que hubo, en el mismo periodo, en años anteriores.

Sobre las víctimas, el delegado policial señala que inicialmente no se pudo establecer el móvil de los ataques, ni se logró determinar si tenían algún vínculo con pandilleros o eran parte de estos grupos delincuenciales.

“Las investigaciones revelarán eso, estamos averiguando… Lo que sí sabemos es que (los muertos) son personas que vivían en sectores en donde delinquen las pandillas”, expresa el jefe policial.

Municipio incluido dentro del Plan El Salvador Seguro

Por los altos índices delictivos que tenía Guazapa, en 2017 fue incluido en los 50 municipios donde se implementa el Plan El Salvador Seguro (PESS), que es el proyecto “insignia” con el que el Gobierno de Salvador Sánchez Cerén anunció, en 2015, que combatiría la delincuencia y prevendría la violencia que aqueja a la población.

El plan contempla la ejecución de acciones concretas en los municipios seleccionados: dar seguridad en el territorio, atender a las víctimas de la violencia; brindar oportunidades educativas; buscar ofertas laborales y de inserción productiva, así como recuperar los espacios públicos para hacerlos dinámicos y seguros.

Para financiar estas acciones, el Gobierno central tendría que inyectar económicamente a las municipalidades, o al menos eso anunciaron las autoridades en su momento. A eso se suma lo recaudado con la Ley de Contribución Especial para la Seguridad Ciudadana.

Las autoridades centrales y la alcaldía de Guazapa han priorizado acciones de prevención de violencia y han reforzado la presencia policial y militar en el cantón San Jerónimo, que colinda con Aguilares; el cantón Calle Nueva y el casco urbano del municipio, según Tolentino.

Él señala que, desde hace tres años, están trabajando en coordinación con la Policía y la Fuerza Armada. La municipalidad ha dado en comodato a los agentes de una base rural una casa que tiene todos los servicios básicos; también les ayuda a darles mantenimiento a las patrullas.

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