Trabajo doméstico, un oficio sin resguardo legal

Vacíos en las leyes existentes y poco conocimiento de los aspectos legales que las protegen, bajos salarios, horarios extendidos y más, es parte de lo que estas mujeres, empujadas por la escasez de trabajo formal, se ven obligadas a aceptar.

Las mujeres que se emplean en una casa casi siempre aceptan las condiciones del trabajo puestas por el dueño de la casa. Foto EDH / Lissete Lemus.

Por Tania Urías

Jun 11, 2019- 07:30

“Sirvientas o muchachas”, ese es el término común como se conoce a las mujeres que se dedican a trabajar en casas, limpiando, planchando y hasta criando hijos ajenos.

¿Cuántas hay en el país? se desconoce el número exacto, pero en economías como la nuestra, donde ambos padres deben salir a trabajar, ellas se convierten en aliadas para asistir a los hijos y apoyar en las labores del hogar.

Son mujeres que han pasado a integrar la economía informal de El Salvador, la cual representan alrededor del 60% de la población en edad productiva, según señaló   la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), en su último informe
de coyuntura económica 2018-2019.

Según este documento, al menos siete de cada diez salvadoreños siguen ocupándose en actividades económicas informales; es decir, en aquellas que no tienen acceso a seguridad social (asistencia médica ni pensiones).

Además, según Fusades la economía salvadoreña enfrenta cada vez más dificultades para absorber la fuerza laboral.

Entre 2014 a 2018 el empleo formal creado fue de 49,972 plazas, no logrando cubrir ni siquiera los 55,000 trabajadores que ingresan a la fuerza laboral cada año. Entre ella millares de mujeres que sin mayor formación educativa, ven en el empleo doméstico, una alternativa para obtener ingresos.

Una legislación con vacíos

El Diario de Hoy publicó ayer un reportaje en el que se cuenta, de la propia voz de estas mujeres, el calvario que viven tras dejar sus familias y enfrentar condiciones inadecuadas.

Aunque la mayoría de emplea de manera libre, los vacíos legales, propios de empleos informales, hacen que ellas acepten horarios extensos, no reciban pagos por vacaciones u otros beneficios que les corresponden por derecho.

La falta de un contrato firmado que especifique las condiciones del empleo, hace que en ocasiones los patrones puedan sumar tareas u horas a las jornadas, sin que las domésticas pueden hacer nada al respecto.

El estudio “Reconociendo el trabajo doméstico remunerado en El Salvador”de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA, mostró que del total de encuestadas (794), 98.4% no firmó ningún contrato laboral.

El tema de salarios es otro aspecto que está en discusión. Aunque en el código de Trabajo se establece un rango del salario para el sector comercio y servicios – que es de $242.42- que incluye el trabajo doméstico, en este último ganan entre 130 a 200 dólares máximo por mes y a muchas incluso les descuenta el séptimo día o permisos, a lo que por Ley tendrían derecho.

Según el estudio de la UCA, el salario promedio ronda los $131.31 en contraste con la canasta básica alimentaria mensual de la Digestyc que ronda los $373.14 para el área urbana.

De acuerdo al informe, 35.4% de las encuestadas perciben ingresos de menos de $100, 36.2% ganan entre $104 y $150 y 22% tienen un salario de $151 a $240 por mes.

Otra denuncia común son los despidos injustificados, de hecho según Patricia de Membreño coordinadora de la Unidad de Defensa de los derechos del trabajador, de la Procuraduría General de la República, ese es el reclamo más común que reciben.

Según Membreño, la Procuraduría brinda apoyo legal a las que denuncian, abre un expediente y acompaña a la trabajadora en todo el proceso.

“El problema es que algunas veces el empleador cuenta con toda la documentación, pruebas y testigos, pero el trabajador no tiene nada”, advirtió.

Esta Unidad atendió entre 2014 a abril de 2019, 1,593 casos o denuncias de violaciones a los derechos de las trabajadoras del hogar remuneradas, la mayoría despidos injustificados.

Las recomendaciones para quienes ejercen este trabajo es tener un contrato de trabajo que no sea solo verbal, sino escrito, dijo Membreño.

“Una forma es pedirle al patrón una constancia que pruebe que trabaja en esa casa, ese les puede ayudar en caso de despido”, explicó.

Otros abusos

Aunque hay casos de empleadas domésticas que llegan a formar parte del grupo familiar, hay otras que son discriminadas y sufren malos tratos, señaló Marta Zaldaña de La Unión Sindical de Trabajadoras de los Servicios del Hogar Remunerados, UNSITRASEHR.

“Nosotros hemos conocido casos de compañeras que han tenido hasta hijos del patrón, luego de una violación y solo las echan de la casa y ellas no denuncian por que no saben cómo hacerlo o tienen miedo”, comentó Zaldaña.

Según la dirigente sindical la modalidad de “dormir adentro” ha perdido terreno precisamente por el miedo que tienen las mujeres a ser abusadas. Una de las jóvenes entrevistadas para este reportaje comentó que el hijo de la dueña de la casa se robaba la llave de su habitación para entrar por la noche a “tocarla”.

Esa es una de las tantas recomendaciones que las integrantes del sindicato tratan de enseñar a las trabajadoras, un derecho tan simple como el poder tener una puerta en su habitación y cerrarla con llave.

“Las compañeras sufren maltrato sicológico de los patronos y de sus hijos. También en su alimentación , no comen lo mismo que la familia, no las dejan usar la misma vajilla, no comen en la mesa, sino hasta de pie o en una grada”, comentó por su parte Alma Siliézar, del Sindicato de Mujeres Trabajadoras del Hogar Remuneradas Salvadoreñas, SIMUTHRES.

Siliézar señaló además que han detectado que experimentan malas condiciones en el trabajo, sobre todo las personas que duermen adentro que las ponen a dormir en cuartos diminutos o a veces en una bodega.

Aunque esto último no sucede en todos los casos. Siliézar reconoció que algunas trabajadoras domésticas sí se les respetan sus derechos, ya sea por decisión de sus patronos o porque ellas van aprendiendo a conocerlos y a apelar por mejores condiciones laborales.

Convenio 189 DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO, OIT

El convenio de la OIT 189 ha sido ratificado por 25 países, entre ellos Costa Rica, Nicaragua y Panamá y entre otras cosas reconoce la contribución significativa de los trabajadores domésticos a la economía mundial y considera que el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible y que lo realizan principal mente las mujeres y las niñas que son particularmente vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de empleo y de trabajo, así como a otros abusos de los derechos humanos;

Al ratificar el convenio, se podrían abrir espacios para revisar las Leyes existes y mejorar las condiciones de trabajo de estas mujeres. Los sindicatos hacen continuas campañas y marchas buscando que el país lo ratifique, por que buscan por ejemplo beneficios como vacaciones, aguinaldo, mejores salarios, que se regule el horario, entre otros beneficios.

Régimen del ISSS

En junio de 2010 se emitió un acuerdo ejecutivo para incorporar a los trabajadores domésticos al régimen del ISSS. Es de carácter voluntario para el empleador y establece restricciones: No se puede inscribir al cónyuge como beneficiario, solamente tiene derecho a subsidio por maternidad y se excluye el derecho a incapacidad temporal o permanente. No aplica régimen de vejez, invalidez o muerte.

Trabajo sindical

SIMUTHRES Y UNSITRASEHR están formados por trabajadoras del hogar remuneradas. Realizan talleres con enfoque de género o sobre derechos, computación o cualquiera que ayude a las mujeres a mejorar sus condiciones de vida. Para contactarlos, SIMUTHRES, 2510-3893 y UNISTRASEHR, teléfonos 2417-4926 y 2226-2100.

Yolanda:“Mi papá decía que ir a la escuela era perder el tiempo”

“Somos doce hermanos y mis papás trabajaban en el campo y eso aprendí, a sembrar milpa, a aporrerar maicillo, todo. No fui la escuela porque para llegar se caminaban casi seis leguas y mi papá creía que era una pérdida de tiempo.

Comencé a servir bien bicha y por necesidad, me acompañé a los 15 años y rápido tuve dos hijas, mi marido me maltrataba así que lo dejé pero tuve que ponerme a trabajar. Me vine a Santa Ana, siete años jalados con la misma familia, yo solo llorando pasaba por que a mis hijas las veía una vez al mes. El amor mío era llevarles sus botecitos de leche, su comidita. Me pagaban 100 colones ($8.75 al mes), y abundaba. Yo les compraba una vez “chorcitos”, blusitas y ginas, y la otra, víveres y hasta le dejaba dinero a mi mamá.

Agarré una niña de siete días, y la dejé de siete años. Se llama Vanessa y yo la adoré, como había dejado las mías yo la veía como mía, tanto era el amor que cuando yo me iba de permiso, se iba la patrona conmigo todo el fin de semana, por que no podían detener el llanto de la niña.

Esa familia quería que yo me quedara pero tuve otra hija y ya no me alcanzaba, así que busqué trabajo en San Salvador lavando ajeno. Ha sido duro esto de ser muchacha, pero nunca me trataron mal, incluso una de las patronas me ayudó a comprar este lote que tengo. Organizaba cenas en su casa e invitaba gente rica para que donara. Parte de esta casita se la debo a ella”. Yolanda tiene diabetes por eso no deja de trabajar y lo hará, dice, hasta que las fuerzas le alcancen.

“Chus” la nana de “los García”

Cuando Jesusa Fernández, “Chus” como la conocen todos, llegó a casa de la familia García, con apenas 22 años, la pareja de esposos ya tenía a la primera de sus tres hijos, Carla, hoy de 43 años, casada y con dos hijos.

Aunque reconoce que este tipo de trabajo es duro, “Chus”no fue a la escuela y no tenía muchas oportunidades de obtener un empleo formal, por eso cuando le contaron de este puesto no dudó en obtenerlo. Ella ya había lavado y planchado ajeno, pero tenía miedo de dormir adentro.

Hoy dice, no se arrepiente, por que tuvo techo, comida y mucho cariño.

Más tarde llegaría Margarita y por último Marvin, los otros dos hijos de la pareja y a los tres, dice, lo quiere casi como a sus propios hijos.

“Chus” también tuvo tres hijos, y asegura que incluso en los tiempos que debió irse de incapacidad por maternidad, le pagaron íntegro el salario.

Ahora de 61 años, Jesusa asegura que los 37 años que estuvo con Los García fueron de “puras bendiciones”. “Ellos me llevaban a pasear, cuando los hijos se casaron me compraron ropa y me sentaron en la mesa de la familia, siempre estaba en las fotos con ellos, yo me sentía parte de ellos”, cuenta Jesusa.

Con una salud no del todo buena, “Chus” asegura que sus patronos la llevaban al médico de la familia, cuando ella enfermaba, le compraban vitaminas y la cuidaban.

“Chus” se retiró y asegura que todavía llega de vez en cuando a visitar a aquellos muchachos que considera como hijos propios. La familia le paga la mitad de su salario a manera de jubilación, lo que ella considera otra bendición en su vida.

 

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