Discurso de Bukele: en plural y sin metas concretas

No hubo datos verificables, sino una narrativa que apeló a los sentimientos de la audiencia. A través de historias y diálogos, el presidente hizo un llamado a la unidad: “Todos vamos a empujar hacia adelante”.

Uno de los momentos destacables fue cuando el ahora mandatario se comunicó en lenguaje de señas, además mencionó que su gobierno invertirá en "megaproyectos" sin mencionar de cúales se tratan y que "nos toca pasar un poco de dolor" para sacar adelante al país

Por Karla Arévalo/Xenia González Oliva/Tania Urías/Lilian Martínez

Jun 02, 2019- 06:00

La palabra “yo” resonó solo dos veces durante el discurso del presidente de la República, ayer, ante las miles de personas de toda condición que acudieron al traspaso de mando.

El presidente Nayib Bukele prefirió usar el “ustedes” y el “nosotros”. Esto podría indicar que no quiso aparecer como protagonista de su discurso, sino compartir el protagonismo con los presentes y con quienes lo escuchaban.

La palabra más usada en su discurso fue “país”, pronunciada 36 veces. Las expresiones compuestas más usadas fueron “El Salvador”, pronunciada 24 veces, “cada uno” y “nuestro país”, pronunciadas 19 veces cada una. Su discurso apeló a eso, al sentido de pertenencia a un país, a una familia y a un proyecto, pero sin trazar metas cuantificables.

En el discurso no figuraron palabras como “pandillas”, “inseguridad”, “TPS” ni “democracia”. Tampoco fue mencionado ningún partido político; ni los partidos que ya han ocupado el Ejecutivo; ni el partido con el que Bukele compitió en las elecciones, “GANA”; ni el otrora movimiento y ahora partido con el que Bukele más se ha identificado: “Nuevas Ideas”. En lugar de eso, la expresión “los salvadoreños”, usada diez veces en el discurso, se convirtió en el único conjunto de personas, fuera de la familia, al que el discurso de Bukele asignó alguna responsabilidad sobre el futuro del país.

Sin establecer metas verificables

En cuanto a cifras, el único número mencionado en el discurso que no era una fecha fueron los “10 millones de salvadoreños”, en alusión al número total de salvadoreños que según el presidente viven en El Salvador o en el extranjero. Una cifra que se apega a las proyecciones de la Digestyc con base al Censo de Población y Vivienda de 2007.

Quien haya esperado que el presidente diera cifras para establecer metas a la gestión de gobierno iniciada ayer quedó defraudado.
Al respecto, el analista económica Manuel Enrique Hinds considera que el presidente no vio el discurso de ayer “como un discurso para anunciar las cosas que iba a hacer”.

En opinión de Hinds, el discurso de Bukele no fue un discurso técnico, sino un discurso para inspirar esperanza en su gobierno: “Lo que quería era fortalecer políticamente su mandato, dando un mensaje, como de esperanza, como conciliador, llamando a la unidad”.

Por su parte, el analista económico Mauricio Choussy dijo: “Es un discurso dirigido al pueblo salvadoreño, no confrontativo, no confrontó el pasado no desafió el futuro, creo que es un discurso para generar esperanza, hecho para el pueblo, para decirle que se vendrán medidas duras, pero sin decir qué se va a hacer ni cómo se va a hacer; yo hubiera esperado un discurso que diera claridad de cuáles eran las principales políticas públicas del nuevo gobierno”.

Bukele no confrontó, pero sí apeló a los sentimientos de la audiencia con historias basadas en la familia, su familia o la de quienes le escuchaban: “Piensen en un niño, una niña, un joven, la persona más cercana a ustedes, un niño, un joven, una niña, piensen en esa persona. ¿Acaso no merece lo mejor para su futuro? ¿Acaso no merece la mejor educación, la mejor salud, tener seguridad, poder caminar libre en las calles? ¿Acaso no merece un país del que se pueda sentir orgulloso de sus padres?”. Antes de esto, halagó a su esposa, le dijo que la admiraba y anunció el nombre de su hija, provocando una de las seis interrupciones que tuvo su discurso.

A las alusiones a la vida familiar, sumó las alusiones religiosas y finalizó con una su discurso: “Nadie se interpondrá entre Dios y su pueblo para poder cambiar El Salvador”. Esta fue una de las siete veces que la palabra “Dios” resonó en el discurso inaugural.

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