OPINIÓN: Un adiós a Star Wars, la saga de la esperanza

Si tuviera que elegir algo que las películas me dejaron, sería mi optimismo. La esperanza siempre ha sido de lo que trata la saga de Skywalker.

La saga de los Skywalker, que ha enamorado a millones de personas alrededor del mundo, llega a su fin con el lanzamiento del Episodio IX. / Foto Por LucasFilm

Por Michael Elias / Twitter: @itwastrash

Dic 17, 2019- 20:20

Tal parece que últimamente la franquicia de Star Wars se ha convertido en agua turbia que ya pasó debajo de un puente para muchos fans. El filme que concluirá la saga de los Skywalker llega a los cines de todo el mundo esta semana y los comentarios al respecto ya son diversos. Las raíces de donde ha surgido un universo mucho más grande dejarán de crecer, pero sus ramas continuarán expandiéndose y cambiando. Es la naturaleza de las franquicias, pero en específico esa también es la naturaleza de Star Wars: las leyendas seguirán viviendo. Las historias nunca mueren.

Lo que comenzó como un divisivo, pero a la vez calurosamente bienvenido regreso de la franquicia a la gran pantalla con “Star Wars: El despertar de la fuerza” ahora genera amargura entre muchas personas: Disney está sacando todo provecho posible a la creación de Lucas con más películas individuales, más trilogías y shows de televisión que van más allá de lo que el público puede recibir seriamente, todo con una dudosa calidad.

“Star Wars:Los últimos Jedi” ha recibido tanto críticas de grupos misóginos como de feministas. El último golpe que la franquicia tuvo de parte de un grupo de sus fans es su enojo contra el rechazo de Disney de hacer una pareja de Finn y Poe, dejando inexistente la representación LGBTI al cierre de 2019, un año que se vendía más progresivo.

Mi interés en Star Wars ha sido en gran parte manchado por todo esto, pero aun así, esa sensación de maravilla que sentí durante toda mi niñez por Star Wars aún sigue dentro de mí.

Nací mucho después de que la trilogía original saliera en los cines y cambiara la industria para siempre. De ninguna manera tengo la edad para que mi niñez haya sido un producto de esta franquicia, pero sí pasé mucho tiempo de mi infancia mirando y obsesionándome con las películas, una característica que fue dejada como herencia del entonces novio de mi madre.

Teníamos casetes de la trilogía original que me gastaba de tanto repetirlas, rentaba una y otra vez todas las películas disponibles en la tienda más cercana de DVD, fui a ver “Star Wars: La venganza de los Sith” muchísimas veces al cine. Aún de vez en cuando vuelvo a ver toda la saga.

Lloré cuando el legendario texto de apertura apareció en “Star Wars: el despertar de la fuerza”, lloré mucho más cuando Carrie Fisher murió y cuando Luke se despidió de Leia meses después.

Memorias de esta franquicia están íntimamente relacionadas con memorias de mis propios cambios, del mundo cambiando, de las personas alrededor de mí cambiando. Para mí, como para muchas otras personas, Star Wars es más que una máquina de generar dinero.

Si tuviera que elegir algo que las películas me dejaron, sería mi optimismo. La continua resistencia de Luke de escoger algo más que el lado bueno, la resistencia de Leia por no rendirse en nombre de su galaxia que es su hogar, la continua decisión de Han de elegir el lado que resiste el mal en el momento más importante, Finn liberándose de ser un Stormtrooper y decidir destruir la Primera Orden, la inquebrantable voluntad de Rey de ayudar a todos a su alrededor, la eterna fe que Poe tiene en su lucha.

La esperanza siempre ha sido de lo que trata la saga de Skywalker.

Aun cuando las precuelas nos mostraron el deterioro de Anakin ante el lado oscuro, sabíamos cómo iba a terminar.

Este tipo de optimismo desenfrenado es raro en estos días, incluso cuando nosotros, como sociedad, lo necesitamos desesperadamente, lo que sólo hace que me entristezca más el final de la saga. Pese a todo, no hay ninguna célula en mi cuerpo que no sentirá esa inexplicable alegría al ver “Star Wars: el ascenso de Skywalker”, aunque sienta una amargura por todo lo que le ha rodeado.

El optimismo al que estas películas me enseñaron a mantener en mi propia vida se mantiene como una parte de mí y continuará viviendo en este mundo cambiante, mucho después del universo de Star Wars, mucho después de cualquier filme.

Eso es a lo que me estoy aferrando y con ello iré al cine a despedirme. Seguramente habrá muchos cómics, libros, caricaturas y series con las que me podré ocupar el resto de mi vida, pero la saga de Skywalker nunca podrá ser reemplazada en mi corazón. Me enseñó a nunca rendirme y por ello, y por eso, haga lo que haga, debo agradecerle.

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