Tokio, la ciudad previsora

Si hay una ciudad de la que El Salvador puede aprender sobre modernidad, sostenibilidad, infraestructura, movilidad y prevención de desastres, esa es Tokio, en Japón.

Tokio es la capital de facto​ de Japón, localizada en el centro-este de la isla de Honshu, concretamente en la región de Kanto. En conjunto forma una de las 47 prefecturas de Japón, aunque su denominación oficial es metrópolis o capital. Foto Pixibay

Por Karen Molina

Nov 30, 2019- 21:00

Tokio es una ciudad apabullante. Sus cientos de edificios de todos tamaños, carreteras que se entrecruzan entre sí y miles de personas cruzando las calles demuestran su gran desarrollo económico. No por nada Japón es la tercera mayor economía del mundo después de Estados Unidos y China.

Pero más allá de su imponente urbe, Tokio es un ejemplo de previsión y sostenibilidad para El Salvador.

Con una actividad sísmica muy dinámica provocada por las placas tectónicas que están debajo de Japón así como por su actividad volcánica y su riesgo a tsunamis, Tokio sabe que en cualquier momento puede ocurrir un desastre y destruir gran parte de la ciudad.

Por eso, las autoridades y la empresa privada han trabajado desde hace muchos años en planes preventivos que eduquen a la población sobre las medidas que se pueden tomar para resguardarse.

Además su infraestructura está pensada no solo para resistir fuertes temblores, sino también para consumir menos recursos, en una ciudad que da hogar a más de 38 millones de habitantes.

Su población no solo está bien informada de los desastres naturales a los que están expuestos, sino también, cómo enfrentarlos tanto de forma institucional como comunitaria y hasta psicológica.

Desde 2010 se creó el “Centro de aprendizaje de experiencias de prevención de terremotos y desastres” también conocido como Sona Area Tokyo, un centro educativo gratuito para que adultos y niños aprendan cómo sobrevivir las primeras 72 horas después de un terremoto.

Este centro está preparado para un terremoto real de Tokio con un centro de operaciones, espacio de evacuación y de aterrizaje de helicópteros y es parte del Tokyo Rinkai Disaster Prevention Park, todo un complejo preparado para cualquier emergencia.

En este lugar no solo hay simuladores de terremotos, salones para videos educativos o capacitaciones para primeros auxilios sino también un enorme salón que, de ocurrir un terremoto, se convertiría en el centro de operaciones de todas las autoridades involucradas en un evento como ese.

Para las autoridades, estar preparados ante estos fenómenos y educar a la población reduciría los riesgos y sería mucho más fácil organizarse para reconstruir la ciudad.

El último terremoto que enfrentaron ocurrió en 2011, pero su capacidad de resiliencia es tal que en menos de dos años habían logrado reparar todos los daños que ocasionó el desastre.

Datos del Banco Mundial indican que desde 1960 Japón ha logrado pasar de un PIB per cápita de $478, una posición muy cercana a la de Centroamérica en ese tiempo, hasta lograr en diciembre de 2018 un PIB per cápita de $39,313.

Eso le ha permitido a Japón obtener recursos para enfrentar los desastres naturales. Según datos proporcionados por Katsuhiko Shino, representante del departamento de Latinoamérica y el Caribe de la Cooperación Internacional de Japón, este país destina entre el 5 y el 8 % de su PIB para prevención de desastres naturales.

Estos conocimientos han sido replicados a través de diversos programas en El Salvador y toda la región latinoamericana, con el fin de promover acciones para prevenir los desastres naturales que son comunes.

Ciudad vibrante

Tokio, es además, una ciudad vibrante, llena de comercio, actividades al aire libre, centros comerciales y zonas industriales que se combinan en un solo lugar de una forma armónica.

Aunque la ciudad recibe a millones de turistas cada año y es una de las más pobladas del mundo, no es una ciudad bulliciosa, desordenada y sucia.

Por el contrario, hay limpieza, quietud y orden, mucho orden.

Para un centroamericano resulta extraño que las calles de una ciudad tan conglomerada estén tan limpias y ordenadas. De hecho, no suelen verse papeleras para tirar la basura.

Un día estás en el distrito tecnológico de Odaiba, que es un centro de entretenimiento de alta tecnología con una isla artificial en la bahía de Tokio y en cuestión de 40 minutos puedes estar, luego, en los esplendorosos jardines del Palacio Imperial en Chiyoda.

Por la mañana puedes visitar el tradicional templo budista Sensō-ji y por la noche te puedes adentrar en el mundo del anime y la tecnología en la zona comercial de Akihabara o en el concurrido paso de cebra de Shibuya donde convergen miles de personas.

Sus ciudadanos disfrutan de la combinación de áreas verdes y de zonas comerciales en una sola ciudad y con una movilidad excepcional que incluye metro, buses, autos, ferry, y bicicletas, entre otros.

La publicación británica Monocle evaluó en 2016 a Japón como la ciudad que ofrece la mejor calidad de vida para sus ciudadanos tras evaluar parámetros como la seguridad, transporte público, la oferta cultural y nocturna.

Tokio es por mucho, una ciudad que lo tiene todo, no solo en modernidad y tradición, sino además en previsión, orden y limpieza para ofrecer a sus ciudadanos.

En Niseko los recursos se aprovechan al máximo

Otra de las ciudades ejemplos de Japón es Niseko, ubicada en la prefectura de Hokkaido.

Es el lugar preferido por los japoneses para hacer esquí en invierno y por ser considerada un municipio modelo en materia de medio ambiente.

Su tasa de reciclaje es del 93 % y todas las basuras orgánicas son recicladas.

De 1,700 municipios en Japón, solo 23 han sido seleccionadas como una ciudad modelo y Niseko es uno de ellos.

Según cuenta el alcalde de esta ciudad, Katsuhiro Akimoto, en esta ciudad hay regulaciones muy estrictas para las construcciones, sobre todo los resorts que se instalan ahí por su atracción turística. Además hay regulaciones sobre el uso de fertilizantes que realizan los agricultores. Todo el arroz que producen en ese municipio es libre de pesticidas.

En ese sentido, una cooperativa de 47 agricultores dedicados a la producción de arroz han ingeniado una nueva forma para mantener su producto a la temperatura adecuada sin necesidad de consumir energía. Construyeron una planta con una inversión de unos $7 millones que tiene a su costado una bodega que en invierno acumula una enorme bloque de hielo que conecta con la bodega principal donde se guardan unos 22,000 quintales de arroz.

A través de un novedoso sistema, este bloque puede dar calor en invierno y frío en verano.

El administrador de este almacén, Yukihisa Sugawara, afirma que el arroz permanece por un año como máximo en la bodega y luego se comercializa. Este sistema les ha permitido ahorrar energía solo con utilizar los mismos recursos que la naturaleza misma les da.

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