Tensión en caserío El Tigre tras el asesinato de El Limonada

Sensación de inseguridad, un anciano desaparecido, sentimientos de culpa, un intento de rapto y abundantes anécdotas sobre aquel hombre que mataron el 3 de octubre junto a dos más que solo estaban en la escena; eso ha pasado en el caserío El Tigre, en Sacacoyo, La Libertad.

Dos hombres que habían llegado a almorzar al negocio donde todos los días almorzaba El Limonada, también fueron asesinados. Uno de ellos fue identificado como Salvador Zepeda Polanco Foto EDH / archivo
El 3 de octubre, un comerciante, su empleado y un exmilitar condenado por varios homicidios fueron acribillados en un comedor de la zona rural de Sacacoyo, La Libertad. Foto EDH / archivo

Por Jorge Beltrán Luna

Oct 12, 2019- 06:00

Desde aquel jueves 3 de octubre, cuando un grupo de pandilleros llegó en un auto a matar a mansalva a tres lugareños, los vecinos del caserío El Tigre, en Sacacoyo, tienden a ver con recelo cualquier auto desconocido que pasa por su calle principal o por las secundarias.

Se percibe desconfianza, tensión, entre los habitantes de ese lugar que es parte del sector conocido como Valle de Zapotitán, donde la mayor actividad económica es la agricultura en invierno y verano.

Un anciano desaparecido, el intento de rapto de un lugareño que está en libertad con brazalete electrónico, la poca presencia de fuerzas policiales, todo eso ha contribuido a que en ese caserío, sus habitantes estén con los nervios crispados.

El 3 de octubre anterior en El Tigre asesinaron a Eduardo Castillo Calles, conocido como El Limonada, a Salvador Zepeda Polanco, de 49, un comerciante residente en el mismo caserío, y a un empleado de este último. Los asesinos fueron miembros de la Mara Salvatrucha (MS-13), afirman algunos agricultores y fuentes policiales.

El Limonada había sido condenado a 78 años de prisión por el asesinato de varios pandilleros, casi todos de la MS-13.

En el 2016, Castillo Calles y 20 personas fueron capturadas y acusados de ser parte de un grupo de sicariato o exterminio; entre el grupo también estaban dos personas cercanas a El Limonada, seis agentes policiales y otros vecinos del caserío El Tigre y sus alrededores, entre éstos, Francisco Mayorga, un anciano de 78 años.

Casi todo el grupo fue declarado culpable y sentenciados a diversas penas de prisión por diez casos de asesinato, la mayoría eran pandilleros, según documentos de la Fiscalía General de la República (FGR).

Solo hubo tres personas que fueron declaradas inocentes de todos los cargos, entre éstos Mayorga.

Como la sentencia fue apelada y todos los declarados culpables llevaban más de dos años de estar en prisión sin condena fija, la justicia decidió que los 18 condenados fueran puestos en libertad bajo medidas, entre éstas, se incluía la colocación de un brazalete electrónico.

“Aquí no vamos a aceptar a los delincuentes”

La desconfianza que se ha apoderado de los vecinos del caserío El Tigre y otros aledaños no es para menos. A parte de que la Policía Nacional Civil se ha ido alejando paulatinamente, el domingo anterior desapareció Francisco Mayorga. Seis días después no han hallado ni la bicicleta en que salió.

En El Tigre temen que esa desaparición esté relacionada con la vinculación que le hicieron de ser parte del grupo de exterminio de pandilleros.

La familia del anciano denunció el caso el mismo domingo en la noche, pero perciben poco interés, en las autoridades, de buscar al anciano. Los parientes han hecho lo suyo por sus propios medios.

Pero por si la desaparición de Mayorga pareciera poco, el lunes anterior intentaron privar de libertad a Fredy Alberto Calles, un sobrino de El Limonada quien también anda con brazalete electrónico.

Los vecinos cuentan que varios hombres que andaban a bordo de un microbús, persiguieron al joven pero este logró escapar.

“Lo que sabemos es que han dicho que al hermano y al sobrino los quieren agarrar vivos. Quizás por eso no le dispararon el día que vinieron y lo siguieron”, comentó un agricultor, residente en El Tigre.

El intento de privación de libertad fue aproximadamente a las 8:00 de la noche, indicaron.

“Que porque mataron a El Limonada crean que se van a meter aquí, eso no se los vamos a permitir”, sentenció un lugareño, mientras trataba de recordar cuántas veces los pandilleros trataron de matar a El Limonada. Fueron entre seis u ocho ocasiones.

La que más recuerdan es cuando llegaron unos mexicanos a bordo de un pick up doble cabina. Esa vez solo le pegaron un balazo de AK-47. Fue el hermano que hoy anda con brazalete electrónico el que evitó que a El Limonada lo agarraran por sorpresa.

Tras la balacera, varios vecinos salieron con sus armas de fuego a ver qué sucedía. Hubo apoyo policial y los atacantes desaparecieron con dos heridos en medio de un cañal. “Le dieron fuego a 30 manzanas de caña pero no encontraron nada. Solo el carro hallaron. Era de un pastor evangélico que vivía en San José Los Sitios (Talnique) que dijo que se lo habían robado hacía once días pero no había puesto denuncia. A ese pastor lo mataron días después”, comentó un lugareño.

“La deuda” con El Limonada

A pesar de que la justicia salvadoreña había condenado a El Limonada, en el caserío El Tigre, lamentan su muerte; culpan de ello al sistema de justicia y se culpan los mismos vecinos.

“En parte nosotros le fallamos porque sabiendo que por la misma ley (prohibición) no podía andar armado, no estuvimos más pendientes de él”.

Vecino de caserío El Tigre,

“Lo pusieron en libertad pero le prohibieron usar armas y nosotros nos descuidamos de él”, dice un hombre que, sin ambages, asegura que había policías que en algunos casos le pedían colaboración a El Limonada, por ejemplo, con información sobre pandilleros de la zona, incluso, para capturar a los asesinos de un policía en un municipio vecino.

En cierta medida, aseguran, que los habitantes del caserío El Tigre vivieran con tranquilidad y sin pagar extorsión, se lo debían a él. “En parte nosotros le fallamos porque sabiendo que por la misma ley él no podía andar armado, no estuvimos más pendientes de él”, afirma un agricultor, mientras lamenta que la policía no haya actuado con más rapidez para poder capturar a quienes perpetraron el ataque.

A aproximadamente kilómetro y medio al poniente del caserío El Tigre está un puesto policial, pero estos llegaron mucho tiempo después. Los pandilleros tuvieron mucho tiempo para escapar de la escena.

Sin embargo, de acuerdo con fuentes policiales, las investigaciones en el caso ya están bastante avanzadas. Los pandilleros asesinos del Limonada y de los otros dos hombres llegaron con los rostros descubiertos obligando al dueño de un automóvil a que los trasladara al lugar donde estaba su enemigo a quien conocidos le atribuyen su listeza con las armas de fuego, a que durante la guerra fue instructor de miembros de batallones de reacción inmediata.

Diversas cámaras de videovigilancia en la zona también han sido parte fundamental para avanzar en las investigaciones, aseguran las fuentes quienes dicen estar seguras de que quienes mataron a El Limonada son de la MS-13 de municipios vecinos cercanos.

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