Dino Safie, el joven que usa sus redes sociales para ayudar a las comunidades: “Todos los días pienso que se puede hacer más”

A sus 29 años se ha convertido en el vocero del movimiento Solidaritón, que inició en un centro de contención donde estuvo 27 días. Todos los días utiliza sus redes para mover gente para ayudar. En dos meses al menos 100 personas se le han unido.

Con su campaña Solidaritón, Dino y más de 100 voluntarios recogen a diario víveres, medicinas y artículos de limpieza, también donaciones en efectivo. Además movilizan gente que no tiene transporte. Foto EDH / Cortesía.

Por Tania Urías

May 13, 2020- 20:30

Juan Carlos es músico y padre soltero de Gabriel, de 9 años, pero todos lo conocen como Dino Safie y por su permanente actividad en redes sociales. Tiene 12,300 seguidores en su cuenta de Twitter y más de 40,000 en la de Instagram.

Desde hace dos meses las redes sociales de este joven salvadoreño están inundadas de mensajes de denuncia, pero en su mayoría son de solicitudes de ayuda. Últimamente también abundan los de voluntarios que quieren unirse a su movimiento Solidaritón que nació a principios de marzo para apoyar a la gente afectada por la COVID-19.

Dino hace uso de sus redes sociales para conseguir comida, ya ha repartido 200 canastas solidarias y tiene listas 600 más con víveres que lleva a la gente más necesitada y afectada por la COVID-19.

En cuatro días movilizó a unas 500 personas a sus citas médicas o a sus trabajos, a través de cuatro microbuses rentados a los que llama “Solidari Ride” y que son manejados por voluntarios. También ha creado una cuenta en el sitio web Go Fund Me, en la que hasta el miércoles llevaba recolectados al menos $17,024.

Desde que comenzó, hace dos meses, lo que él llama un movimiento de solidaridad, ha logrado unir a más de 100 personas entre profesionales de todo tipo y edad, que le ayudan desde a manejar los vehículos que renta, participar atendiendo llamadas en un improvisado call centers o repartir la comida o víveres a quienes lo necesitan.

“Son 100 personas pero esto da para más, ya quedó para siempre. El próximo paso es crear una fundación, porque aunque la crisis pase, aquí va a quedar mucha pobreza y gente que va a necesitarnos. No hemos hecho nada todavía”, dice este joven apasionado de la música.

De hecho fue la música lo que lo llevó a ayudar como parte de la parroquia católica donde asistía. Además de cantar se dedicó por años a apoyar a las comunidades pobres de Puerto Parada y Jiquilisco, en Usulután.
La música lo fue absorbiendo y entre las giras y los compromisos como papá soltero fue dejando de lado su colaboración.

Sin embargo, a principios de marzo, cuando lo enviaron a un centro de contención y experimentó hambre y angustia, vio de nuevo la oportunidad de hacer lo que él llama una misión: apoyar a otros.

Juan Carlos, a quien todos conocen como Dino-porque de niño se reía como el perro de los Picapiedra- es un muchacho inquieto que se crió junto a sus abuelos y a su madre, de quienes aprendió que servir a otros es la mejor forma de ser un buen ciudadano. El joven, quiere aclarar que es un ciudadano común. “No soy millonario, como algunos creen”, en referencia a su apellido.

“Pero sí soy millonario de amigos, de gente que todos los días me llama para ofrecerme desde unas cuantas libras de frijoles hasta un camión para recoger un cargamento de jugos, leches y más, que van a donarme”, cuenta.

¿Dónde comenzó todo?
Juan Carlos (Dino) y su grupo Totus Tuus (Todo Tuyo, en latín) regresaban de una gira por México y Guatemala cuando ingresaron al país a principios de marzo. En la frontera les dijeron que por cuarentena obligatoria serían llevados a un centro de contención.

 


Él y sus cuatro músicos fueron de los primeros en ingresar al albergue de Jiquilisco, que comenzó a llenarse de manera casi instantánea.

“Además del calor, el albergue era un desastre, llegaban y llegaban personas y en un momento hubo hasta 600, colapsaron los baños y pasábamos un día completo sin comer”, recuerda.

“Creamos una directiva y comenzamos a protestar, usando el mismo recurso que usa el Gobierno: las redes sociales, y después de un par de días de presionar y denunciar, comenzaron a llegar camionadas de donativos, vi el poder que se podía tener al presionar así y ya no me solté de eso”, cuenta.

El joven estuvo cinco días en ese albergue hasta que la presión mediática y en redes sociales hizo que lo cerraran.
Posteriormente él y su grupo fueron trasladados a otro centro en Chalatenango y desde ahí se hizo asiduo a las redes sociales.

Su Instagram ya era popular por sus fotografías, pero los seguidores se multiplicaron y Twitter, que apenas lo usaba, se convirtió en su ventana al exterior.

“La gente me tagueaba para que le ayudara y yo comencé a denunciar y a presionar, pero llegaron los ataques y los insultos. Nunca nadie me insultó tanto como en estos dos últimos meses, así que cambié mi estrategia y me hice propositivo y obtuve mejores resultados”, explicó.

Aunque no ha recibido amenazas de muerte confiesa que sí sintió miedo porque tuvo y tiene muchos detractores de lo que él hace. Su defensa es publicar todo lo que ejecuta y cada donativo que recibe, para transmitir transparencia. Así ha ganado más seguidores y gente que le sigue ayudando.

No tiene miedo de contagiarse, asegura, porque su fe es enorme, pero sí de contagiar a alguien, a su mamá que ya es anciana o a su hijo por ejemplo.

Por eso cuando llega a casa luego de extenuantes jornadas ayudando, toma todas las precauciones.
“Me desnudo en la cochera y ahí me baño, casi no tengo contacto con mi mamá y sí, ese es mi temor, contagiarla, pero por lo demás, no quisiera parar nunca de ayudar”, contó emocionado.

Su labor ha trascendido fronteras. Ha sido entrevistado por Univisión y otros medios internacionales pero su mayor recompensa es ver el rostro de la gente, cuando junto a los voluntarios hacen algo por ellos.

Dino invita a todos aquellos que quieran participar de su movimiento a que se unan. “Aquí hay espacio, pero si no pueden, piensen en el que tienen a la par, siempre conocemos a alguien que la está pasando peor que uno y por ahí hay que comenzar. Vendrá mucha crisis y debemos apostar por ser solidarios, esa es la misión que nos toca a todos”, concluyó.

¿Quiere ayudar?
Puede hacerlo donando víveres que puede llevar a la sede de Vanilla Spoon, o a través del sitio https://www.gofundme.com/f/solidariton-juntos-somos-fuertes?utm_source=customer&utm_medium=copy_link-tip&utm_campaign=p_cp+share-sheet abierto para donaciones en efectivo. También puede colaborar como voluntario, contestando llamadas, manejando los vehículos rentados o donando su tiempo para diversas actividades. Puede comunicarse en las redes sociales de Dino o a los teléfonos 7900-3518, 77148181 y 7099-9524

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