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Emerson reta a la educación tradicional debido a su extraordinaria capacidad para aprender

El coeficiente intelectual de Emerson Guillermo está arriba del promedio para su edad y tiene una sed insaciable de conocimiento. En la Asamblea Legislativa hay una propuesta de ley para la Atención de Altas Capacidades y Talentos Extraordinarios.

Por Susana Joma | Mar 29, 2021- 21:30

Su conversación fluida y espontánea, su gran conocimiento sobre los dinosaurios, su alegría, su interés por la lectura y el dibujo, entre otras habilidades son las características que cautivan a quien tenga la oportunidad de conocer a Emerson Guillermo Lacayo Martínez, de 7 años, residente en el barrio San Antonio de Sensuntepeque, Cabañas.

Emerson es un niño con altas capacidades de aprendizaje, tanto así que el año pasado, cuando en plena pandemia cursaba la preparatoria, solo le bastó el caluroso abril para aprender a leer y a escribir bien, algo que hizo de forma natural, sin mayor inducción, sin ninguna presión, según cuenta su madre Ingrid Melanie Isidora Martínez de Lacayo.

Emerson Lacayo, un niño de siete años y estudiante de segundo grado, está por encima del promedio de coeficiente intelectual para su edad. Sus padres esperan que autoridades de educación y diputados aprueben políticas para no estancar la capacidad de aprender de niños como Emerson.

Martínez de Lacayo, quien es ama de casa, afirma que su hijo aprendió las primeras letras en un texto que les había proporcionado la profesora para incentivarlo a él y a sus compañeros, a explorar el mundo de las letras pero sin presión; sin embargo, ocurrió que ella solo leyó con él las primeras tres o cuatro lecciones “pero de repente empezó a leer de corrido, a leer él solito las lecciones, las iba leyendo, las iba leyendo hasta que terminó el libro”.

Así es como Emerson incursionó en el mundo de la poesía y, de acuerdo a lo que explica su mamá, no solo lo ha hecho a nivel de la lectura, sino que además ha escrito propios; se trata de poemas cortitos en donde las temáticas fluyen entre la admiración hacia su madre, el cariño por su mascota y algunas de sus pasiones, entre ellas el ajedrez.

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“Ya se leyó el libro de poemas de Alfredo Espino, lo lee conmigo, (también ha leído) el libro de Claudia Lars, porque tengo ahí una colección de autores salvadoreños y ya va leyendo dos entre diciembre y ahorita marzo. Está leyendo también Andanzas y Malandanzas que se lo regalaron. Ya lee libros así”, comenta.

Además de escribir poemas también recita algunos de Alfredo Espino, y desde que era un párvulo declama la Oración a la Bandera.

El pequeño estudia en el Colegio Adventista de Sensuntepeque, desde donde su madre y la directora luchan porque que las autoridades educativas del país permitan que lo avancen por lo menos un grado, es decir que dada su gran capacidad para el aprendizaje rápido, en lugar de inscribirlo en el primer grado lo hagan por lo menos en segundo, de tal manera que no se quede tan estancado y frustrado, como le suele ocurrir cuando se ve obligado a estar ante algo que ya sabe.

En 2020, antes de terminar la Parvularia, aprendido con facilidad a desarrollar operaciones matemáticas básicas: sumar, restar, multiplicar y dividir.

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“Le gusta bastante hacer cálculos en la mente y aprende rápidamente los números, porque se le hace fácil, pero ahí está el problema de que él podría avanzar más (de grado) pero el sistema educativo no lo permite, no es flexible para ellos”, expone la joven.

La madre explica que hasta el momento no han recibido por parte de Educación ninguna respuesta positiva a la solicitud formal que hizo la directora con el afán de ayudar al niño a que reciba una educación a la que tiene derecho, acorde a su potencial y a sus intereses.

“Dijeron que no se podía, que iban a escribir al Ministerio de Inclusión, que iban a tratar de darle respuesta, pero hasta el momento no ha habido ninguna”, subraya.

Sin embargo, mientras eso se concreta el niño recibe clases regulares con la maestra de segundo grado.

“Hoy este día he trabajado en Bíblica y en Matemática, en esas dos materias. Hice un dibujito de los muros de Jericó y en Matemáticas hice unas como tipo reglas y rectángulos; una recta numérica para contar los números que me pidan. He escrito (los números) hasta el 100 pero puedo decirle los números en alta voz hasta el millón”, cuenta Emerson.

A la hora de hablar de los dinosaurios el pequeño da cátedra a cualquiera. Aunque su preferido es el Ankylosaurus, gracias a los videos que su mamá le ha logrado bajar de YouTube con ayuda de celular, conoce al dedillo a la mayoría, sus características, el poder de ataque que tenían y sus descendientes actuales.

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“Me han regalado varios, este me lo dieron en mi cumpleaños”, comenta Emerson mientras muestra muy feliz su colección de dinosaurios de diversos tamaños, incluyendo al poderoso Rex, así como a uno de peluche que le gusta abrazar.

Como a él le encanta dibujar y pintar no pierde la oportunidad de plasmar en papel sus dinosaurios, su familia, cosas que le rodean.

Según explica Ingrid, desde que Emerson era bebé mostró que tenía aprendizaje acelerado, incluso más de un médico que lo trató por problemas de alergias respiratorias le hizo notar que era más avanzado con respecto a su edad cronológica.

Aunque ella al igual que su esposo Carlos están orgullosos, también tienen la preocupación de que no logre aprovechar todo su potencial para su bien y el de la sociedad, precisamente porque el sistema educativo salvadoreño, tal como está diseñado, no juega a favor de que su hijo ni otros niños con altas capacidades intelectuales para el aprendizaje reciban una educación integral.

Dado que el hogar es de escasos recursos económicos atraviesan dificultades para pagar $16.00 mensuales del colegio del niño. En ese contexto no pueden comprar computadora que él necesita para atender clases virtuales; mucho menos pueden costearle cursos sobre cosas que le interesan, que le gustan, por ejemplo el inglés y náhuat.

Él ha logrado aprender algunas palabras de forma autodidacta, mediante vídeos que le han bajado de internet, pero no es suficiente.

En ocasión del Día Internacional de la Mujer grabó un video en donde les dirigió un mensaje con algunas de las palabras en náhuat que ha aprendido.

Ingrid de Lacayo precisa que el único punto de apoyo que ha encontrado en el país hasta el momento es el de la Fundación Altas Capacidades, donde la han orientado sobre cómo ayuda su hijo a avanzar según lo va demandando sus intereses de aprendizaje en todos los ámbitos.

Sostiene que es así como llegó a ponerse también en contacto con el Instituto de Investigación para el Aprendizaje (IIA), en donde le aplicaron a Emerson pruebas psicoeducativas y determinaron que su capacidad está arriba del promedio para su edad, un dato en el que ella prefiere no profundizar porque considera que es algo que no define al pequeño.

“Siempre ha sido excelente. Él es extrovertido, entabla una plática con niños pequeños, con niños más grandes que él, con personas adultas, con ancianos. A él nadie lo intimida para expresarse, es bien sociable”, afirma.

El pequeño es bien alegre, sin embargo, la madre advierte que como él tiene un pensamiento muy lógico cuando las personas le hacen alguna broma se lo toma literal, se molesta, e incluso les dice directamente que lo están ofendiendo.

Ingrid, quien logró estudiar algunos años de la licenciatura en jurisprudencia, es consciente de que niños como su hijo, cuyo intelecto supera a su edad cronológica, requieren estar bajo un seguimiento constante con psicólogos especialistas en aprendizaje, pero eso es algo que no pueden pagar.

Su interés por los dinosaurios, así como por los robots, ha llevado a Emerson a conocer los detalles sobre las películas de Godzilla, de los Transformers, así como de la serie japonesa de anime Pókemon.

“Del universo le gustan cosas pero como no se mucho de eso no lo he podido guiar más de lo que se tiene al alcance”, contó la madre.

Ella es una de las que señala la urgencia de que los diputados aprueben la Ley para la Atención de Altas Capacidades y Talento Extraordinario, que la Fundación logró introducir en 2020, pero aún no se ven avances.

Evelyn de Álvarez, directora de la Fundación, señaló que las pruebas que le practicaron a Emerson incluso indican que está en capacidad para atender un tercero o cuarto grado.

Sin embargo, de Álvarez reconoce que si bien en el colegio están dispuestos elevar de grado al pequeño también es algo complicado porque eso requiere que los maestros estén capacitados.

“Lastimosamente el desconocimiento por parte del sistema educativo lo limita al grado, cuando sabemos que en otros países incluso hay niños que van a la universidad por sus capacidades; México, Ecuador, hay varios niños que ya están acelerados y que ellos pueden incluso optar por carreras universitarias”, señaló.

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