“Es de tener un poco más de respeto a esta enfermedad, porque sí mata”: familiar de víctima COVID-19

Así la reflexión de un salvadoreño que perdió a su madre por el COVID-19, y que tuvo que despedirla de lejos en el cementerio Jardín de Soyapango.

Carlos Antonio documenta con su celular el sepelio de su madre. Foto EDH/ Lissette Lemus

Por Lissette Lemus/ Eduardo Alvarenga

Ene 11, 2021- 21:32

Carlos Antonio, aún sin comprender los hechos que llevaron a la muerte de su madre, graba con un celular mientras los restos de su progenitora son enterrados bajo el protocolo COVID-19 en el cementerio municipal Jardín, en las afueras de Soyapango.

La señora, de 68 años y madre de dos hijos, 15 días atrás comenzó a sentir dolor en todo el cuerpo, por lo que fue llevada a una clínica privada, en donde le recetaron un tratamiento para combatir las amibas y la mandaron para su casa, comenta su hijo.

Ocho días después, sus familiares, al ver que no mejoraba, decidió llamar al sistema de emergencia 132, en donde le recomendaron trasladarla al hospital Martínez Molina de Soyapango. Tras una serie de exámenes en dicho centro asistencial, fue enviada al Hospital El Salvador, en las instalaciones de Cifco, bajo sospechas de COVID-19.

América Echeverría, trabajadora del Cementerio Municipal Jardín de Soyapango, relata que han vivido momentos de tensión con familiares que se molestan por lo protocolos de bioseguridad en los entierros.

Carlos comenta que, desde que ingresó al Hospital El Salvador, ya no pudo ver a su mamá. Solamente recibía una llamada cada día del personal de salud, que le informaba que la señora iba mejorando.

Sin embargo, el viernes pasado, la esperada llamada de la mejoría de su madre no fue recibida, por lo que Carlos se preocupó. Su esposa le daba ánimos, que mantuviera la fe.

Un equipo del cementerio Jardín de Soyapango realiza el sepelio bajo el protocolo COVID-19. Foto EDH/ Eduardo Alvarenga

Fue hasta el sábado que la preocupación de Carlos se concretó en duelo, pues del hospital le avisaron que Dora Alicia había fallecido el viernes anterior.
“No me explico qué pasó”, dice Carlos, entre sollozos. “Solo me dijeron que había tenido un paro, yo no me explico por qué lo hacen, por qué se tardan en avisarle al familiar”, se lamenta.

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Debido al protocolo COVID-19, Carlos solo pudo observar desde lejos, mientras el ataúd con los restos de su madre descendía en una tumba compartida del camposanto soyapaneco. “Yo hubiera querido despedirla de otra manera, velarla, porque es un ser muy querido para mí , es mi madre”, reflexiona.

Carlos agrega que, aunque su familia cuidó mucho a Dora Alicia, no pudo evitar que el nuevo Coronavirus la contagiara. “Es de tener un poco más de respeto a esta enfermedad, porque sí mata, sin perdonar raza, edad; jóvenes y adultos”, reflexiona.

Trabajo difícil

Entre el personal encargado de sepultar los restos de la madre de Carlos está América Echevería Carpio. Ella ha trabajado toda la pandemia recibiendo los entierros con protocolo COVID-19 en este cementerio. El trato directo con los familiares no es fácil, sobre todo cuando se les debe explicar que solo dos integrantes de la familia podrán presenciar el entierro desde lejos.

“No es nada grato enterrar a alguien solo con dos personas, cuando son hasta cinco hijos de una sola familia. Nosotros tratamos que sea lo más llevadero posible el momento”, asegura América sobre estos momentos difíciles.

América Echeverría Carpio desinfecta la zona donde se realiza el entierro. Foto EDH/ Lissette Lemus

Aunque la mayoría de las personas entiende las medidas por el protocolo de bioseguridad, han habido casos donde los familiares no han podido contenerse. “Hemos vivido golpes, nos han humillado, gritado y ofendido: pero nosotros solo estamos haciendo nuestro trabajo y las personas tal vez no lo entienden en su momento de dolor”, lamenta la trabajadora del cementerio.

“Ha sido difícil porque muchas de las personas que han venido son conocidos, amigos que han perdido a sus padres o hermanos. Es bien difícil ponerse en ese lugar”, agrega América.

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Ella espera que los decesos no vuelvan a los niveles de mediados de 2020, cuando tenían hasta una docena de entierros por día, para lo cual cree que es importante que la gente piense en que, además del dolor por perder a un ser querido, se vuelve más doloroso enterrar a un familiar bajo este protocolo, porque se les priva de todas tradiciones fúnebres que se acostumbran a hacer en el país.

Con el entierro de Dora Alicia, sube a siete la cifra de entierros con protocolo COVID-19 en el Cementerio Jardín, de Soyapango, en lo que va de 2021. Según datos oficiales en cuanto comportamiento del virus, hasta el sábado anterior hubo 3,565 contagios en el municipio.

Los empleados deben seguir el protocolo estricto de seguridad. Foto EDH/ Lissette Lemus

 

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