Mark Morgan: “La gente no cree que Estados Unidos ya cerró por completo sus puertas a la migración irregular”

Según el funcionario a cargo de las aduanas y la seguridad fronteriza de Estados Unidos, un gobierno que no respeta libertades civiles y garantías fundamentales no puede generar las condiciones para generar crecimiento económico y evitar la migración irregular.

El comisionado de Aduanas y Seguridad Fronteriza de Estados Unidos, Mark Morgan, conversó en exclusiva con El Diario de Hoy tras su visita a Centroamérica. Foto EDH / Marcela Moreno

Por Ricardo Avelar

Feb 12, 2020- 21:40

Desde su campaña presidencial en 2016, el ahora mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, colocó como una de sus principales apuestas la contención de la migración irregular hacia ese país. En particular, la proveniente del triángulo norte de Centroamérica (Honduras, Guatemala y El Salvador), una convulsa región donde cientos de miles de ciudadanos vulnerables han optado por buscar un futuro en Estados Unidos pese a los riesgos de emprender el camino al país norteamericano.

Por ello, los tres países han estado al centro de la retórica del presidente, pero además han figurado en la agenda internacional de importantes funcionarios de ese país, que se han acercado a la región. En ocasiones, se acercan a ofrecer soluciones conjuntas y planes de trabajo y cooperación y en otras, vienen a advertir a la región que de no reducir la migración irregular, perderá importantes programas de asistencia estadounidenses.

Uno de estos funcionarios es Mark Morgan, el comisionado interino de la agencia a cargo de Aduanas y Protección Fronteriza (CBD, por sus siglas en inglés), quien estuvo en Honduras, Guatemala y El Salvador la semana pasada y sostuvo reuniones con diversos representantes de cuerpos de seguridad para fortalecer las fronteras de estos países y controlar el flujo irregular de personas en dirección norte.

Minutos antes que saliera del país, desde el Aeropuerto Internacional de El Salvador, El Diario de Hoy entrevistó a Morgan para conocer los resultados de su visita a estos países. Si bien el comisionado de aduanas se mostró optimista de los avances, también fue contundente al decirle a las personas que aún consideran migrar que serán detenidas y retornadas.

No todo su mensaje giró en torno a la seguridad y el combate a la migración. Morgan habló también de apostarle al crecimiento económico y al respeto a derechos humanos para que en El Salvador se genere las oportunidades que prevengan el flujo de personas. Para ello, adelantó, su país está dispuesto a cooperar pero solo si ve que esta ayuda se usa efectivamente. Lo que no dijo es si su país retiraría la ayuda ante rompimientos institucionales o irrespeto a libertades. Tras una muy breve pero amable conversación con este funcionario, esto es lo que nos dijo.

¿Cuál es el resultado de su visita?

“Lo que he visto de los tres países, desde el liderazgo máximo hasta los oficiales y agentes a cargo de aplicar la ley en el día a día es un compromiso absoluto con sus países y asegurar que la seguridad mejore. Además, hay un consenso de que entre más se fortalezca la seguridad en cada país y la región, eso abrirá las puertas a más prosperidad económica. Esa es la principal lección de mi visita, que cada uno de los países lo ha comprendido. El gobierno de EE. UU. lo entiende. Si pudiésemos mejorar la situación de prosperidad económica de estos países, sería un ganar-ganar para todos. También notamos que tenemos retos difíciles y complejos, especialmente desde la perspectiva de aplicación de la ley: entre más fortalezcamos la seguridad abrirá más puertas a la prosperidad.

En cada país se confirma que la mayoría de personas que salen de la región se van por razones económicas. Otra lección es que en cada país de mi visita quieren que los ciudadanos se queden, que haya esperanza de un futuro en casa. Esa es una lección importante”.

¿Ve una coordinación entre estos tres gobiernos?

Sí. Este no es un problema de Estados Unidos, México o El Salvador, por ejemplo. Es un problema regional y global. Para entender y abordar la amenaza del flujo irregular migratorio y para incrementar la prosperidad económica, debemos actuar juntos. Lo que veo es un compromiso, especialmente del presidente (Nayib) Bukele. Él está comprometido a hablar con diferentes actores, tratar con otros gobiernos y el de Estados Unidos para abordar este problema multifacético.

Un tema clave es compartir inteligencia. Las organizaciones criminales transnacionales o las redes de tráfico de personas no tienen fronteras. Si no compartimos información, ellos ganan. Un gran ejemplo de esto es la última caravana. Los tres países hicieron un tremendo trabajo, así como México. Es un giro de 180 grados con respecto a un año atrás. Estamos mejorando la inteligencia conjunta y el trabajo como socios.

Usted ha afirmado que extienden la seguridad fronteriza más allá de la barrera física. Más allá de compartir inteligencia, ¿qué otros acuerdos concretos alcanzó en su visita?

Un ejemplo de lo que logramos en conjunto es incluir a El Salvador en el Acuerdo de Seguridad Fronteriza que firmamos recientemente. Este acuerdo ejemplifica el compromiso de ciertos países para combatir organizaciones criminales transnacionales, pandillas y redes de tráfico de personas. Ellos no reconocen fronteras y estamos hablando de aplicar la ley. No podemos no trabajar juntos, pues quienes se benefician ahora son las organizaciones criminales que explotan inmigrantes y necesitamos trabajar juntos para detener esto.

Me ha hablado de los esfuerzos para detener la migración. ¿Cuál es la situación de quienes alcanzan a llegar a la frontera sur de EE. UU.?

Es un punto crítico. El juego ha cambiado en los últimos 9 meses. En mayo de 2019, 144,000 personas llegaron a la frontera en un solo mes. Ilegalmente. Menos de 9 meses después, eso ha bajado 75 %. Lo que pasaba antes es que todos sabían que si viajabas junto a un niño a la frontera, los íbamos a dejar pasar. Corrían el análisis de riesgo y beneficio y pensaban que valía la pena arriesgarse porque al llegar a Estados Unidos iban a ingresar y hoy cerramos esos agujeros legales.

Hemos cerrado las puertas. Ese ya no es el caso. Lo que queremos comunicar a los ciudadanos de Guatemala, Honduras y El Salvador es dejar de escuchar a los coyotes: el juego cambió. Si llegas a la frontera, no entrarás. Serás removido y retornado rápidamente. No arriesgues tu vida, no des tus ahorros a los coyotes. El juego cambió.

Human Rights Watch afirma que en los últimos años 138 retornados fueron asesinados y muchos otros sufrieron violencia sexual. ¿Cómo abordan esta victimización cuando deportan a la gente? ¿Abordaron eso en esta visita?

Sí. Eso es clave. Estamos tratando de ayudar a cada país y hemos firmado algunos acuerdos. Ahí es donde trabajamos con Guatemala, Honduras y El Salvador para combatir a las organizaciones que explotan a las personas. Aun si llegan a Estados Unidos, son abusados en el camino y si llegasen a entrar la explotación no termina. Siguen involucrados en tráfico de personas. Lo que queremos hacer es ayudar a cada país a incrementar su seguridad. Debería ser claro a la ciudadanía salvadoreña que su presidente está comprometido a eso hay resultados tangibles de la administración actual para combatir a los coyotes. Eso debemos seguir trabajando.

Pero la gente se sigue yendo. Entienden el riesgo pero se siguen aventurando, aun conscientes de las amenazas. Si a ellos no les están convenciendo con argumentos de seguridad fronteriza y aquí viven en desesperanza, ¿cómo se les insta a no migrar?

No nos creen. No creen que Estados Unidos ha cerrado las puertas y tomará más tiempo, pero hemos retornado a decenas de miles de salvadoreños al país. Y El Salvador hace un gran trabajo con los retornados y debemos seguir enviando el mensaje. Debemos hablar con individuos que han sido retornados y escuchar sus historias para que nos crean que se cerró la puerta.

También debemos convencer a la gente de que los carteles les están mintiendo. Ellos miran a estos individuos como un esquema de hacer dinero. Debemos seguir comunicando no escuchar a los coyotes, a ellos no les importa el migrante.

Y también tenemos que mejorar la prosperidad. Debemos cambiar la esperanza de que allá se construye un futuro y cambiar la dinámica: que la esperanza sea quedarse acá y que acá se puede trabajar para mejorar el país.

¿Han discutido programas de crecimiento económico en esta visita?

Sí. Nos reunimos con varios grupos de privados y hacemos eso en Estados Unidos regularmente. Al hablar de los retos de seguridad no podemos aislarlos, debemos conversar de aduanas y comercio. Eso va a facilitar oportunidades, pero no lo puedes hacer sin hablar de seguridad. Es un reto de muchas capas.

¿Influye el buen gobierno y el respeto al estado de derecho y derechos humanos para crecer económicamente y que la gente no se vaya?

Es fundamental y esencial. Cuando hablamos de seguridad y prosperidad de la mano, también van los derechos humanos y las libertades civiles. Cuando fui al centro de recepción de migrantes vi justamente eso: un sistema de apoyo que facilita el retorno con dignidad. Lo que vi fue profesionales dedicados a quienes la ciudadanía le importan, al punto de asegurarse que pueden recibir de forma humana, compasiva y digna a los deportados. Eso me impresionó. Yo le pregunté a la directora del centro si le gustaba lo que hace y me dijo que lo ama. Eso fue sincero y vi que un equipo entero estaba dedicado al trabajo. Vimos algunos buses venir desde México con salvadoreños retornados y lo que vimos en la recepción es que tenían comida lista, agua y bienes que recibían de forma humana y digna.

Si ven rompimientos del estado de derecho o violaciones a derechos humanos, ¿considerarán retirar la ayuda?

Eso no me corresponde a mí decirlo, pero el presidente Trump tiene una responsabilidad de asegurarse que los fondos dados a otros países se usen bien y para tareas específicas para mejorar la seguridad y la prosperidad. Pero creo que hay una responsabilidad de que toda la asistencia se use bien. Pienso que si la asistencia se usa mal habría problemas y conversaciones al respecto.

La administración actual ha cortado fondos a la región o los ha redirigido a Venezuela. ¿Cómo asegurarle a El Salvador que Estados Unidos sigue comprometido a proveer recursos a estas iniciativas y que no fracasen?

Tienes razón. Nuestra presencia nunca ha parado, nuestro compromiso. Cuando vamos a diferentes centros y veo oficiales y personal de Estados Unidos trabajando. Hay gente de la oficina de Antinarcóticos y Aplicación de la Ley (INL por sus siglas en inglés) o de la agencia de cooperación (USAID). Ellos están acá desde hace mucho tiempo, igual que la delegación diplomática. Su compromiso es obvio y quieren tener una buena relación con el gobierno. El presidente Trump ha liberado decenas de millones de dólares de vuelta para áreas específicas que incluyen incrementar las capacidades de recibir asilados o los centros de recepciones, además de fortalecer la frontera. Estamos acá para quedarnos, estamos comprometidos.

El secretario de Seguridad Nacional Kevin McAleenan vino en octubre a anunciar que se reanudaba la cooperación que había cortado EE. UU., después que El Salvador, Honduras y Guatemala firmaron polémicos y cuestionados acuerdos para recibir solicitantes de asilos. ¿Fue esto un ‘quid pro quo’? ¿Era necesario adquirir estos acuerdos para recibir asistencia?

Todos los países necesitan trabajar juntos y unir sus brazos para trabajar como socios. Esto no se trata de problemas que solo afectan a uno, sino a varios actores en la región. Esa negociación, diálogo e intercambio nos llevó a pensar cómo trabajar juntos de mejor manera. Algunos de estos acuerdos fueron negociados antes que se cortara o reanudara la ayuda. Los acuerdos de asilos son unos de muchos que hemos firmado con el gobierno de El Salvador, Honduras o Guatemala. Son parte de negociaciones en curso y nos permitirán controlar el flujo de inmigrantes irregulares.

En Guatemala ya recibieron solicitantes de asilo y en Honduras construirán un centro para estos asilados. ¿Hay avances del programa en El Salvador?

Mira nuestra relación con el gobierno de Guatemala y cómo hemos ejecutado el programa de enviar a ese país solicitantes de asilo. Eso puede adelantar cómo funcionarán esos acuerdos en Honduras y El Salvador. Si ves al gobierno de Guatemala, trabajamos con ellos día con día y nos aseguramos que haya capacidades para cumplir. Y lo hemos hecho despacio. Los números que hemos enviado son muy pocos y lo hemos reducido a una demografía en particular y ha funcionado efectivamente. Tenemos el mismo plan para Honduras y para El Salvador.

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