Claudia: “Me cuido por mi hija, que vive conmigo, y porque quiero ver de nuevo a mi familia”

Personal de primera línea en atención de la pandemia relata como sufren discriminación por su labor.

La enfermera Claudia Servellón relató como ha sufrido discriminación por su trabajo.

Por elsalvador.com

Jun 14, 2020- 04:14

Claudia Vicenta Servellón, enfermera con 31 años de edad, destacada en la unidad de salud Dr. Carlos Díaz del Pinal en Santa Tecla, nunca pensó que el virus llegaría tan rápido al país y que este cambiaría su vida, ya que no estaba capacitada para enfrentar una pandemia y menos una de esta magnitud.

“Al inicio, cuando se comenzó a hablar de COVID-19 como a todos me dio mucho miedo ya que me comencé a sentir muy mal de salud, resultó que sí, estaba mal, lo primero que se me cruzo por la mente fue retirarme de la unidad de salud, ya que somos el primer contacto con pacientes. Bueno, luego de mi chequeo sanguíneo resultó que sí tenía las defensas muy bajas y estaba propensa a que cualquier virus me contagiara, intente por todos los medios retirarme por miedo, pero allí estaba mi familia apoyándome, mi jefa en la unidad de salud, los médicos que estuvieron muy pendientes de mi recuperación, animándome a que no cortara lo iniciado con mucho esfuerzo”, dice.

“Mi jefa en mi trabajo particular también muy pendiente de mí, así que con todos los lineamientos seguí en primera línea hasta lograr mi recuperación total con los tratamientos y cuidados lo logré y aún continuo, atendiendo pacientes”, afirma Claudia.

Aunque Servellón no se encuentra atendiendo a personas positivas con el virus, dice que se les ha capacitado con un lineamiento a seguir, tanto en la unidad de salud como en su hogar. Todas las unidades de salud se encuentran atentas, ya que no se descarta que lleguen pacientes portadores del virus.

“Las medidas que tenemos como personal de salud es el uso de mascarillas, gorro, gabacha, gabachón con lentes o careta, el lavado constante de manos, el uso de alcohol, el distanciamiento con los pacientes. El único contacto que podemos tener con ellos es cuando asisten a curaciones diarias, a la puesta de alguna inyección o alguna vacuna y también cuando se hace canalización de vena, la toma de la presión arterial entre otras, ahí sí tenemos contacto con ellos en la forma de que es inevitable no tocarlos, pero de lo contrario siempre estamos protegidos”.

“Al inicio, cuando el virus ya estaba acá y había transporte regular circulando, nos quitábamos el uniforme que se usa dentro de la unidad, se metía en bolsas y viajábamos con otra ropa y, es más, los zapatos que se usaban dentro de la unidad se quedaban ahí. Al llegar a casa lo primero que hacía, y hago, es diluir la lejía y ponerles a los zapatos en las partes que no se manchan o que no se mojan para usarlos al día siguiente, inmediatamente me doy una ducha, lavo el uniforme y la ropa que utilizo, tampoco tengo contacto con los que están en casa. Ahora que no hay transporte público me toca venirme con el uniforme completo para que el transporte me reconozca que soy personal de salud. A mi hija le he enseñado cómo lavarse las manos y cómo ayudarme para su autocuidado”.

A pesar de que Servellón es una de las miles de personas que se encuentran en primera línea, para estar atentos a posibles casos y contrarrestarlos, en nuestro país siempre predomina la discriminación, por el miedo que ha generado el COVID-19.

“En el transporte público nunca me han discriminado, pero donde vivo hubo una ocasión que una señora me dijo que si atendía pacientes con COVID-19, porque si era así ya los había fregado a todos. En el hogar donde vivo con mi hija sí, ya me han dicho que porque no me quedo en otro lugar, por ejemplo en los lugares donde se queda el personal de salud que atiende pacientes COVID-19. Mi respuesta es que yo si sigo los lineamientos de protección, me cuido por mi hija, que vive conmigo y porque quiero ver de nuevo a mi familia”, explica la trabajadora de la salud.

La hija de Claudia tiene 8 años, y convive con siete adultos, quienes la rechazan por miedo a contagio.

“En mi hogar, al inicio, todos querían que me fuera, hablé fuerte y claro que me cuido lo más que puedo porque lo que más amo me espera todos los días en casa (mi hija), y hasta esta fecha es la única que no me ha rechazado, sabe que hay un virus, le he enseñado lavado de manos y las cosas que a su corta edad logra comprender para que me ayude con su autocuido en casa. Y a los demás miembros del hogar también les digo cómo cuidarse y que si llegan a sentir algún síntoma me lo hagan saber inmediatamente”, comenta.

Claudia está consciente de que no todas las personas comprenden la situación en la que se enfrenta el personal de salud, ni el daño psicológico que causan con sus críticas. “A las personas que nos discriminan les digo que se cuiden porque muchos hacen lo que quieren aún sabiendo lo que deben hacer para cuidarse; nosotros seguimos cada paso para no ser un foco de transporte del virus. Que se cuiden por ellos y por sus familias”, dice.

“Mi familia a pesar de que no estoy con ellos me apoyan, me dicen que me cuide y saben la importante labor que realizamos todo el personal de salud. Siempre estamos en contacto telefónico, todos están pendientes de mí, a todos les digo que los quiero mucho y que pronto nos reuniremos, esto primero Dios pasará pronto”, dice con esperanza.

Como Claudia hay muchos combatiendo el coronavirus para que se logre contrarrestar, pero de igual forma sufren discriminación por el estigma y el miedo.


“Durante la pandemia, la salud mental ha sido invisible a totalidad”

La psicóloga Ingrid Guevara lamenta que el Gobierno ha descuidado este aspecto fundamental en la población.

Ingrid Paola Guevara Córdova, psicóloga clínica de Clínica Red de Apoyo cuenta cómo han reaccionado las personas ante esta pandemia, ya que es notorio el aumento significativo en sintomatología ligada a depresión y ansiedad, también ella considera que otro porcentaje ha mostrado su parte solidaria y empática, lo que es tomado a bien pero no les excluye de tener consecuencias en un futuro debido al confinamiento.

Guevara ha podido detectar diferentes crisis psicológicas durante la pandemia, entre ellas: duelos no tratados que han resurgido y han conectado a las personas con ese dolor no trabajado, ataques de ansiedad, pensamientos suicidas y crisis que han generado autolesiones y daños y cuadros depresivos.

“Durante la pandemia, la salud mental ha sido invisible a totalidad, desde la forma de manejo que los mandatarios han tenido a la población hasta el abordaje con las familias afectadas directamente por las pérdidas de familiares por COVID-19. Ampliando este punto, la población, dentro de la realidad que está viviendo, merece respeto y seguridad por parte del gobierno, y la mayoría de veces el gobierno lo que ha transmitido es todo lo contrario, lo que hace estar a la población en constante alarma y miedo, creo que olvidaron el cuido de la salud mental en la población”, expresó Guevara.

La profesional considera que se deben implementar medidas para contrarrestar el COVID-19 en la salud mental de los salvadoreños, las cuales son: un protocolo claro y sencillo que la gente pueda aplicar si las personas experimentan ansiedad, por ser el padecimiento normal y frecuente, y una buena representación de psicoeducación en esta misma para que las personas sepan identificar su estado de salud mental, seguimiento psicológico a las personas que están directamente afectadas por el COVID-19, enfermos, personal sanitario, familiares de personas fallecidas por COVID, policías, militares y familias de estos y quizá lo más aterrizado para cubrir una población más amplia es brindar “medidas de auto cuidado” y generar responsabilidad en las personas y consciencia de ponerlas en práctica.

Para Guevara, además, de todas las personas que ha atendido el factor predominante es el miedo a contagiarse y contagiar a sus familias, porque, pese a todo lo que se pueda manejar en los medios de comunicación, las personas le manifiestan no tener confianza en el sistema de salud del país, también expresaba qué segmentos por edades han consultado por estar afectados en esta pandemia y, según se reportó, la mayoría tienen de 24 a 35 años, y un único caso de una joven de 16 años.

Para la psicóloga Guevara es muy difícil prevenir ciertos síntomas o ciertos trastornos mentales en una situación como una pandemia, muchas de estas son respuesta a un estado de alerta, emociones convertidas en síntomas físicos, y la situación del COVID-19, es una situación en donde es válido dejar que algunas emociones surjan y se vivan sin dejarse estancar en ellas.

“Siempre nos ven con cierto miedo y pánico”
Un médico que trabaja en un hospital de la red nacional habla de cómo lo tratan con temor fuera del hospital.

El doctor Juan Pérez labora en Unidad de Hemodiálisis del ISSS, donde se atiende a 650 pacientes con enfermedad renal crónica.

“Cuando escuché de COVID-19 en principio creí que sería solo localizada en otros continentes como la gripe aviar, no que se globalizara tanto. Desde el principio hemos creado lineamientos y acatamos todas las recomendaciones institucionales para evitar el contagio entre pacientes y entre el personal”, dice el médico.

Aunque el doctor Pérez afirma que siguen un lineamiento de protección para evitar el contagio, han agotado recursos, pero ha salido de su propio bolsillo, ya que no se descarta que sí, se ha tenido contacto con más de algún paciente en hemodiálisis positivo de COVID-19.

Se ha tenido contacto en el servicio, pero guardando todo el sistema de seguridad, para evitar contagios y sí se ha logrado evitar contagio y se les ha brindado el servicio de hemodiálisis.

“Eso sí, un 70 % de dispositivos de protección como mascarillas N95, lentes, caretas insumos como lysol, alcohol en spray, nosotros nos hemos abastecido por nuestra cuenta y de nuestro propio dinero”, afirma.

En El Salvador la discriminación no es nada nuevo, siempre se ha vivido en un mundo muy desigual y dividido por las clases sociales. El personal de salud siempre había pasado desapercibido, esto no quiere decir que no hayan sido importantes, pero hoy se encuentran en el ojo de la población.

“En el lugar donde vivo no he tenido problemas de discriminación, pero sí en el supermercado, porque si uno anda traje de hospital, aunque sea limpio y no es con el que hacemos turnos de trabajo siempre nos ven con cierto miedo y pánico como si uno anduviera el virus. Aunque estemos entre colegas y compañeros de trabajo siempre hay discriminación entre el mismo personal de salud por miedo a infectarse del COVID-19. El pánico del COVID-19 se genera muchas veces por los mensajes nacionales de miedo, a darle sinónimo de muerte, pero siempre se tiene que recalcar al personal que mientras tengamos distanciamiento social, el cuidado higiénico adecuado, dispositivos de protección, será menos fácil de contagiarse”, reflexiona.

“En mi hogar no he tenido problemas, hemos acogido en la casa todas las medidas de higiene y seguridad de la mejor manera y todos las cumplimos, esta es la clave para no contagiarnos”, ejemplifica.

“Tenemos medidas para evitar el contagio en el trabajo, lavarnos constantemente con agua y jabón, cambiarnos guantes entre un paciente y otro, comer solos y rápido para no estar mucho tiempo sin mascarilla, usar todos los dispositivos de: caretas, lentes mascarilla, gabachones, aunque sea de tela”.

Como personas naturales y padre de familia el doctor Pérez siempre trata de salvaguardar a los suyos.

“Al llegar a casa del supermercado ya tenemos listo recipientes con lejía para depositar toda la ropa que se anda puesta, rociar lejía a los zapatos y una caja aparte e inmediatamente bañarnos con jabón, champú; se creó un baño en la entrada con gárgaras de listerine y buen aseo bucal cepillado de dientes, hasta que se ha hecho todo ese proceso se procede entrar a casa y todos los comprados se limpian con toallas húmedas con lejía o spray lysol o alcohol spray”, detalla.

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