Policías élite, alcohol y armas, presentes en homicidio de policía: ¿hecho confuso o alteración de escena del crimen?

Esos mismos componentes estuvieron presentes en el homicidio de la agente Carla Ayala, en diciembre de 2017, en las instalaciones del GRP.

Capturados por el homicidio del agente Herrera Merlos, de izquierda a derecha: Manuel de Jesús Valenzuela Lima, Daniel Isaac Castillo Recinos y Carlos Eliezer Ramírez Aguilar. Foto EDH / cortesía

Por Jorge Beltrán Luna

Oct 21, 2019- 21:30

Francisco Noé Herrera Merlos y Manuel de Jesús Valenzuela Lima no habían sido policías del montón.

Ambos eran especializados en tácticas policiales, eso les había valido para que formaran parte de la FES (Fuerzas Especiales de Reacción El Salvador), un grupo de élite en el combate a las pandillas, creado en abril de 2016 como reacción a la desbordante ola de homicidios en ese momento, entre estos el caso de la masacre de 11 hombres, trabajadores, en una zona rural de San Juan Opico, el 3 de marzo de 2016.

Herrera Merlos está muerto.

Hasta el sábado en la noche, era parte de las fuerzas de choque o asalto de la División Élite contra Crimen Organizado (DECCO).

Valenzuela Lima hoy está capturado como principal sospechoso de haber matado a Herrera Merlos con un certero disparo a la cabeza. Este ya no estaba de alta como policía, desde mediados de 2018, luego de ser vinculado a un proceso judicial, indicaron fuentes vinculadas a ese mismo proceso.

Antes de ser parte de la FES, este agente había estado en la Unidad Táctica Operativa y también había sido seguridad de una jefa policial con investigaciones internas por nexos con un sospechoso de tráfico de drogas, afirmaron las fuentes.

Inspector Elio Francisco López Aguilar, capturado por el caso de homicidio del agente Herrera Merlos.
Foto EDH / Cortesía

El crimen fue cometido en una casa del pasaje Aguilar, cantón El Carmen, de San Salvador, el pasado sábado, aproximadamente a las 10:00 de la noche, mientras departían cinco personas, entre estas, Herrera Merlos, Valenzuela Lima, el inspector Elio Francisco López Aguilar y dos personas más, familiares del oficial, identificadas como Daniel Isaac Castillo y Carlos Eliezer Ramírez Aguilar.

¿No advirtieron que era una granada de humo?

Uno de los capturados, Daniel Isaac Castillo Recinos, ha dicho que de repente vieron a Herrera Merlos con una granada en la mano y que amenazaba con lanzarla gritando que todos se iban a morir y que por eso Valenzuela Lima, conocido con el apodo de Chuy, le disparó.

En una imagen divulgada en redes sociales se ve el cadáver de Herrera Merlos con una granada a pocos centímetros de la mano izquierda.

De acuerdo con fuentes policiales, con la misma preparación que Chuy y Herrera Merlos, es imposible que este último haya tomado la granada y no supiera que era de humo y que, por lo tanto, el daño más grande que podría causar con ella era solo irritación en los ojos y en las vías respiratorias.

Las fuentes también consideran que es increíble que Chuy no se haya percatado de que la granada con la que, supuestamente Herrera Merlos los amenazaba, no era granada fragmentaria u ofensiva.

Las informantes también consideran imposible que la granada hubiese quedado tan cerca del cuerpo, pues tras el impacto, la víctima la tuvo que haber soltado y el artefacto hubiese quedado a más distancia de la que indica la imagen.

Una fotografía compartida por un informante muestra un escritorio con varias granadas de humo, incluyendo una de cantarito, y una similar a la que aparece junto al cuerpo del agente de la DECCO.

La imagen también evidencia la presencia de licor en la reunión donde también estaban tres personas más. Una botella de tequila y un trago servido están a la par de las granadas de humo y de varios cartuchos de distinto calibre.

Imagen de las granadas de humo y del licor que había en una reunión durante la cual un agente policial fue asesinado. Foto EDH / cortesía

Todos esos artefactos estaban en la casa del inspector López Aguilar, quien inicialmente dijo que él no se encontraba en la casa donde fue cometido el crimen, sino que llegó minutos después del hecho.

Sin embargo, el director de la PNC, comisionado Mauricio Arriaza Chicas, dijo ayer en la mañana que el oficial sí estaba entre las personas que departían al momento de que Herrera Merlos fue asesinado.

¿Un hecho confuso o alteración de la escena del crimen?

El hecho en que resultó muerto Herrera Merlos ha sido calificado como confuso por varias circunstancias y también por las mismas autoridades policiales, quienes han dejado entrever que la escena del crimen pudo haber sido alterada; en otras palabras, todos o algunos de los capturados también habrían cometido el delito de fraude procesal.

Castillo Recinos ha dicho que al calor de los tragos, Herrera Merlos se puso violento, diciendo que lo querían entregar al sistema, aludiendo a quienes estaban en la reunión, por lo que lo maniataron para que se calmara y lo persuadieron de que se tranquilizara.

Momentos después lo soltaron y fue cuando el agente volvió a ponerse violento y tomó la granada.

Sin embargo, las fuentes policiales consultadas se preguntan por qué dispararle a la cabeza a Herrera Merlos a sabiendas de que tenía una granada en las manos (en el remoto caso de que no hubiesen advertido de que era de humo), pues era obvio que la soltaría y explotaría.

El caso tiene similitudes con el incidente ocurrido el 29 de diciembre de 2017, en las instalaciones del Grupo de Reacción Policial, donde en el desarrollo de una fiesta de fin de año, con abundante alcohol y sexo entre miembros de esa agrupación élite e invitados, la agente Carla Mayarí Ayala abandonó la fiesta y cuando supuestamente la iban a dejar a su casa en una patrulla policial, el agente Juan Josué Castillo Arévalo le ocasionó una herida de bala, luego desapareció su cuerpo y a pesar de que el asesino regresó al GRP, no fue capturado por sus compañeros a pesar de las posibilidades que tuvieron.

Más de un año después, el cuerpo de Ayala fue hallado cerca del domicilio del agente Castillo Arévalo. Tras ese crimen, el GRP fue disuelto. El homicida continúa prófugo.

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