Pequeñas centrales producen energía con la fuerza del agua

Las pequeñas centrales hidroeléctricas aportaron 83 GWh a la red de energía eléctrica en 2018. Para ello usan agua de los ríos y la devuelven al final del proceso.

Foto EDH/ Josué Parada

Por Lilian Martínez

Jun 09, 2019- 05:00

Quien crea que El Salvador es un novato en producir energía limpia se equivoca. Entre 1898 y 1951 ya hubo producción de energía hidroeléctrica en el país por iniciativa privada. Pero fue hasta 1951, con el nacimiento de la Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), cuando el Estado empezó a promover y regular la producción de energía a través de la fuerza motriz del agua.

Así lo explica el ingeniero Axel Söderberg Sisinno, miembro de la Asociación de Energías Renovables de El Salvador (ASER) ingeniero mecánico electricista y doctor Honoris Causa en Ingeniería Eléctrica de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).

Desde esa universidad, en 1979, Söderberg Sisinno dirigió la investigación “Hacia una política de explotación total de los recursos renovables”, a solicitud de la CEL. Donde se planteaba la necesidad de que el país avanzara hacia la explotación de sus recursos renovables.

Años después, organismos internacionales como el Banco Mundial plantean nuevamente la necesidad de que El Salvador cambie su esquema y sus políticas para el sector de energía eléctrica. Entonces se aprobó una Ley de Electricidad nueva donde apareció la figura de las generadoras y las distribuidoras de energía.

Hasta 2018, según el Consejo Nacional de Energía (CNE), las pequeñas centrales hidroeléctricas (PCH) tenían capacidad instalada para generar 22.38 MW. Esto equivale al 1.1% del total de la capacidad instalada para ese año: 2,056 MW. Sin embargo, explica el CNE: “El aporte de energía eléctrica de estas centrales en la matriz siempre estará influenciado por la disponibilidad del agua en cada uno de los sitios en donde se encuentran instaladas.

Este aporte se cuantifica en 83 GWh en el mismo año, lo que representa aproximadamente 1.7 % del total de energía generada en el país, el cual fue de 5,015 GWh”.

Con la PCH Sensunapán, la Sociedad Hidroeléctrica Sensunapán S.A. de C.V. tiene la capacidad de producir 2.80 MW. El ingeniero Mauricio Arévalo, de dicha empresa, explicó durante una visita al lugar que el agua que se utiliza para generar energía en la casa de máquinas (donde están las turbinas) es devuelta al río al final del proceso.

“Esto es el dique de la presa Sensunapán y aquí lo que tenemos es una pequeña desviación. (…) Lo único que hacemos aquí es desviar el agua”, explica Arévalo.

“¿Solo desviar el agua?”, pregunta El Diario de Hoy, a lo que Arévalo responde: “Así es. Este es un dique que no es de acumulación. La mayoría de centrales hidroeléctricas son centrales de pilo de agua. ¿Eso que significa? Que toda el agua que el río trae es la que se ocupa. No es como las grandes centrales, Cerrón Grande o El Guajoyo para ponerle un ejemplo, que acumulan todo el invierno y de ahí la van ocupando poco a poco en verano. Esta no. Lo que el río trae eso es lo que se ocupa para generar”.

Por eso, en verano, cuando el caudal del río disminuye, la generación es menor que en el invierno.

La pequeña hidroelectrica de Sensunapán es parte de las redes de pequeñas centrales que abastece con energía limpia la red nacional.

El agua desviada en el dique recorre poco más de dos kilómetros a través de canales que la llevan hasta la casa de máquinas, donde la fuerza de la caída del agua mueve las turbinas y se genera energía eléctrica que es inyectada a la red.

Una vez generada la energía, el agua desemboca en el río Sensunapán. En ese punto, es aprovechada por bañistas de la zona que acuden a las afueras de la central para darse un chapuzón.

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Foto EDH/ Josué Parada

Los miembros de la ASER cuestionan el hecho de que, en la gestión anterior, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) haya hablado de que un 25 % del agua del río Sensunapán era consumida para producir electricidad. En palabras de ingeniero civil y máster en recursos hidráulicos, Jaime Contreras: “Nosotros podemos tomar el agua, pero la devolvemos. No es un consumo de agua”.

La cuenca del Sensunapán es la única de todo el país que tiene un “estrés hídrico alto”, según el Sistema de Información Hídrica (SIHI) publicado por el MARN con apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

Contreras considera que el término “estrés hídrico” ha sido mal empleado y que el término adecuado es “desorden hídrico”. En sus palabras: “El estrés en hidrología es cuando la demanda sobrepasa la oferta. Y dentro de una cuenca… el problema no es ese, el problema es desorden hídrico. Pero utilizar “desorden hídrico” es aceptar responsabilidades”.

Además de la falta de conocimiento sobre el hecho de que las PCH no consumen agua, sino que la desvían para luego devolverla al río del que la tomaron, estas enfrentan otros obstáculos.

Según el CNE, uno de estos es el plazo para que la Asamblea Legislativa otorgue la concesión para el aprovechamiento del recurso hídrico “no está definido y muchas veces son periodos largos”. A esto se suma que para obtener los permisos ambientales suele enfrentarse resistencia por parte de las comunidades hacia estos proyectos.

Un tercer obstáculo, según el CNE, es la falta de una Ley de Agua que defina los mecanismos para su utilización. Mientras estos obstáculos persistan, el funcionamiento de nuevas PCH se retrasará, así como la apuesta por este tipo de energía renovable.

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