Pandillero fugado en Ilobasco había alertado a su padre, un policía, de que sería asesinado

El pandillero puso en alerta a su padre, un agente policial: quiénes lo matarían, fecha posible, cuántos... Cuando el policía fue asesinado, el pandillero ya tenía dos meses de estar en bartolina. El lunes se fugó.

Boquete por el cual seis pandilleros se fugaron el lunes anterior de las bartolinas policiales de Ilobasco, en las que estaban en resguardo. Según la institución policial, todos eran testigos criteriados. Foto EDH / Archivo

Por Jorge Beltrán Luna

Oct 09, 2019- 22:40

De los seis pandilleros que se escaparon la madrugada del lunes anterior de las bartolinas policiales de Ilobasco, por lo menos dos eran de ese mismo sector y uno de ellos es hijo de un policía asesinado a finales de agosto de 2017 por la misma pandilla a la que había pertenecido su vástago.

La familia del “expandillero” dice estar preocupada, pues no sabe qué lo motivó a escaparse de una situación en la que llevaba más de dos años: 27 meses para ser exactos, y de la que esperaba salir bien librado, tanto como para rehacer su vida lejos de los entresijos de la Mara Salvatrucha (MS-13).

¿Salir para vengar la muerte de su progenitor? ¿Temor de que le hicieran daño estando bajo protección policial?

Aseguran no saber por qué se fugó. Y juran que él no se ha comunicado con ellos.

Horas después de que la fuga trascendiera, la Policía Nacional Civil (PNC) informó que dos policías estaban bajo investigación y que los seis eran testigos criteriados (con beneficios penales).

Como las fotos de los evadidos fueron publicadas en diversos medios de comunicación y redes sociales, en aquel pueblo del departamento de Cabañas, los vecinos que conocen el caso, han hecho un mar de especulaciones.

Pueblo chico, infierno grande, reza un refrán. Y a ese pueblo le viene al dedo. Hay tanta especulación como las hubo cuando mataron al policía.

Los familiares cercanos al prófugo aseguran que no saben de él y que regresar a su casa o ir a la de otros familiares en el mismo pueblo sería como un suicidio, puesto que los pandilleros saben que él los traicionó, primero abandonando la agrupación criminal y, segundo, alertando a su padre de que la MS-13 lo había sentenciado a muerte.

Días antes de que aquel joven, aún menor de edad, reuniera a sus padres y hermanos para decirles que era miembro de la Mara Salvatrucha, su padre ya había sido alertado por sus mismos compañeros, sobre los pasos en que andaba su hijo menor.

Tras la confesión, el policía lo corrió de la casa. Pero meses después, para las fiestas de fin de año, el joven llegó a la fachada de la casa. La familia lo invitó a pasar.

“Aquí se comportaba como cualquier miembro de la familia; lo que hacía en la calle sí no lo sabíamos”, expresó un pariente cercano.

De repente, aquel joven que pasaba la mayor parte de tiempo en la calle hizo un cambio radical: ya no salía a la calle y comenzó a deshacerse de los chips de teléfonos en los que recibía llamadas de sus compinches que le exigían que se reportara y que volviera a la organización.

Para entonces ya le había confesado a su padre que la pandilla había decidido matarlo. Le contó en detalle quiénes habían sido designados para cometer el crimen, las fechas posibles y cuántos pandilleros participarían.

Todo coincidía con un informe que días antes, la misma institución policial le había entregado al agente policial sobre la decisión que la misma pandilla a la que pertenecía su hijo, había tomado contra él.

“Él (policía) ya sabía, solo estaba esperando a ver si (el hijo pandillero) era capaz de alertarlo o no”, comentó una familiar de ambos.

En esa zozobra pasaron varias semanas. Esperando a que los pandilleros llegaran a la casa o que atentaran contra alguno de la familia en cuento tuviera la oportunidad.

Los familiares del agente policial lamentan que a pesar de las amenazas, la institución policial no haya hecho nada por contrarrestar la amenaza. Eso es lo que piensan.

De repente, como a finales de junio o principios de julio, varios policías llegaron a la vivienda. Aquel día allí estaba el agente policial y les pidió a sus colegas que le mostraran una orden judicial o de captura contra su hijo. Los policías le dijeron que la habían olvidado pero que pronto se la mostrarían.

Los policías se llevaron al joven. Uno de los familiares recuerda que le acumulaban un homicidio.

A pesar de que la MS-13 sabía que el agente policial ya estaba alertado a finales de agosto, cuando este salía hacia su trabajo, en la delegación de Ilobasco, tres pandilleros lo acribillaron cuando se disponía a poner en marcha su auto.

Fueron pandilleros nacidos en el mismo pueblo quienes lo mataron. Al parecer, el policía luchó contra ellos pero fue en vano.

Cuando huían dispararon contra algunas personas que presenciaron el crimen pero no hicieron blanco en nadie.

Ningún capturado

Fuentes policiales que conocen el caso afirmaron que por el homicidio de ese policía no hay ningún pandillero capturado.

Algunos dijeron que tienen conocimiento de que los tres autores materiales del crimen murieron en enfrentamientos con fuerzas policiales en distintos lugares del departamento de Cabañas.

Sin embargo, aseguraron los informantes policiales, el pandillero que dio la orden de matar al policía sigue delinquiendo en el sector de los municipios de Sensuntepeque, Guacotecti, San Isidro e Ilobasco.

Le apodan El Infierno y, al parecer, es el mismo que hace unos tres meses ordenó el asesinato de un comerciante en un cantón del municipio de San Isidro.

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