Rodrigo, el estudiante de ingeniería que murió en el desierto de Texas tras ser amenazado por las pandillas en El Salvador

El joven había cursado hasta septiembre de 2019 su cuarto año de ingeniería en la UCA. Era un joven muy aplicado en sus estudios y le gustaba escribir textos de filosofía.

Por Óscar Iraheta

Feb 14, 2020- 05:45

Desde los años de adolescencia, Rodrigo Eduardo Rivas Renderos, de 23 años, soñaba con ser ingeniero, era muy hábil para las matemáticas, pero también le gustaba escribir muchos textos sobre filosofía.

Su maestro de esa última materia en el colegio Belén, de Santa Tecla, Carlos Vásquez, recuerda que siempre le recomendó que estudiara una licenciatura en letras o filosofía pues le veía mucho talento, pero Rodrigo se aferró a su pasión por la ingeniería.

 

“Me impresionaba mucho la forma de análisis que tenía para escribir y analizar algunas cosas. Recuerdo que un día dejé una tarea y me sorprendió como la realizó. Tenía mucha madera para ser filósofo. He publicado sus textos en Facebook como una muestra a su legado y su recuerdo. Ha sido una perdida irreparable para este país”, declaró Vásquez a El Diario de Hoy.

El joven originario del municipio de Santa Tecla terminó sus estudios en el plan de básica y luego inició su carrera de ingeniería en la Universidad José Simeón Cañas, UCA.

Cuando cursaba su cuarto año de estudio, Rodrigo dejó la universidad, fue amenazado por las pandillas y eso le irrumpió su sueño: ser ingeniero.
La amenaza desbastó a la familia del joven. También fue víctima de la delincuencia y fue asaltado varias veces cuando viajaba desde su casa a la universidad.

Ante eso, su madre, decidió pagarle un taxi privado al joven para evitar ser víctima de las pandillas y la delincuencia. Rodrigo tenía mucho miedo.
Pero los problemas de la amenaza crecieron y el joven universitario no tuvo otra opción que huir del país. Se fue con pocas pertenencias que tenía, un par de pantalones, varias camisas y dos pares de zapatos, relatan sus familiares.

Rodrigo emprendió su viaje una madrugada de septiembre de 2019, en compañía con otro grupo de salvadoreños y un coyote que había contratado su familia para que lo llevara hacia Estados Unidos.

Un arriesgado viaje que costó $14, 000 a la familia de Rodrigo
Su familia pagó 14 mil dólares al coyote con la promesa que Rodrigo llegaría “rápido, seguro y sin tanto obstáculo” hasta Estados Unidos.

“Trabajé mucho y muy duro en Estados Unidos para ahorrar ese dinero. No tuve otra opción que sacar a mi hijo de El Salvador, sino, me lo hubieran asesinado. Es una dura realidad la que vive en El Salvador. Hoy estoy derrumbada por lo que ha pasado”, relató Indira Renderos a El Diario de Hoy.

El joven había comentado a su familia en su trayecto que pasó varias inclemencias, pero había logrado pasar de México a Estados Unidos. Desde ahí perdió comunicación con su familia a través de su teléfono celular.

Sin embargo, tras varios días de camino en el desierto de Texas, específicamente en la ciudad de Falfurrias, ubicada en el condado de Brooks, Estados Unidos, Rodrigo comenzó a perder fuerzas y lo atacó el cansancio hasta que ya no pudo seguir, según le informó a su madre, otro inmigrante que viajaba con el joven y que se habían hecho amigos en el trayecto.

El inmigrante habló a la madre del salvadoreño y le expresó que Rodrigo “no podría seguir el camino, tenía heridas en los pies, estaba cansado y débil”.

Esa fue la última vez que la apesadumbrada madre supo de su hijo, no volvió a tener comunicación con el inmigrante y jamás volvió a tener noticias del universitario. Era septiembre de 2019.

Cinco meses de tormento y tristeza para la madre de Rodrigo

Desde esa fecha comenzó el tormento y angustia de la señora, buscó ayuda en consulados y otras instituciones de gobierno para que le ayudarán a buscar a su hijo, sin embargo, confiesa que nadie le ayudó y tuvo que luchar sola con la ayuda de personas altruistas.

En enero de 2020, la mujer viajó desde California hacia Texas para buscar a Rodrigo vía aérea y terrestre. Junto a un grupo de personas que pertenecen al grupo de “Ángeles del Desierto”, que se dedican a ayudar a personas que pierden a sus seres queridos en estas circunstancias.

En las tareas de búsqueda participaron policías del condado de Texas, estudiantes de la Universidad de Indianápolis y otras personas que ayudaron a la madre de Rodrigo.

Sin embargo, no tuvieron suerte y la madre del joven se retiró hacia su casa después de varios meses de búsqueda en los desiertos.

Pero el pasado sábado 8 de febrero, un grupo de cazadores encontraron restos de huesos entre varias sábanas en el desierto de Texas.

Al principio los hombres creyeron que se trataba de un animal, sin embargo, al verificar los harapos, encontraron la billetera del joven con su DUI, la identificación de la universidad donde estudiaba y documentos que habían sido firmados por la universidad donde hacía constar que Rodrigo viajó hacia Estados Unidos por haber sido amenazado por las pandillas.

Los restos estaban abajo de varios árboles secos, lo que supone que el joven universitario buscó la sobra para descansar entre el desierto, según lo supone su familia.

La billetera del joven se encontró desgastada, pero sus documentos están legibles, todo parece asegurar que las osamentas pertenecen al joven universitario.

Las pertenencias y hallazgos de Rodrigo fueron embalados por las autoridades de Estados Unidos y trasladas hacia un laboratorio forense para realizar las comparaciones.

Ahora la madre de Rodrigo sigue espera que las autoridades verifiquen la identidad del joven salvadoreño a través de las comparaciones de sangre con la de su madre. Luego, los restos de Rodrigo serán repatriados hacia El Salvador.

Rodrigo era muy aplicado, estudió su bachillerato en un reconocido colegio en Santa Tecla. Le gustaba mucho la lectura y tenía una pasión por la escritura. Su círculo más cercano lo admiraba por su inteligencia.

“Era muy inteligente y destacaba mucho en el colegio y la universidad. Quería mucho a sus hermanos y era muy protector, era muy jovial y un joven agradable”, expresó Carlos Torres, quien conoció a Rodrigo desde hace varios años.

Su familia en El Salvador realizó campañas de búsqueda con organizaciones internacionales y sus amigos de colegio y universidad, realizaron misas y oraciones por la vida de Rodrigo.

El sábado 9 de noviembre, dos meses después que no se supiera el paradero del joven, sus amigos realizaron una misa por la vida del joven en la capilla del Colegio Belén, donde Rodrigo estudio. Además, se recibieron donaciones económicas para ayudar a la búsqueda.

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