Especialista recomienda buscar y aislar el virus en los pueblos y comunidades

Óscar Picardo asegura que es necesario identificar a los pacientes y tener la mayor información posible para aislarlos y evitar una propagación y no cuarentenas estrictas. Dice que buscar realizar un trabajo de campo es lo más importante para detener los contagios.

El grupo de trabajadores de salud utilizan equipo especial de protección para prevenir el contagio del COVID-19. Foto AFP/ TARSO SARRAF

Por Óscar Iraheta

Jun 27, 2020- 21:30

Para el especialista en educación y Director del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación, Óscar Picardo Joao, la mejor forma de detener la propagación del COVID-19 es un trabajo de campo, donde la principal estrategia debe ser un trabajo de identificación de nexos epidemiológicos y aislamiento, más que cuarentenas estrictas.

Para el profesional, la lógica e identidad del virus y sus formas de contagio es muy simple, “ya que si en 15 días el contagiado no ha tenido posibilidad de reproducir el contagio a través de microgotas o gotas de Flügge todo termina”.

“Partamos del hecho que una persona contagiada podría afectar de modo recurrente a cuatro o nueve personas en un día, a partir de sus rutinas. Quisiera poner el ejemplo del departamento de Morazán, el cual hasta el sábado 27 de junio, tenía 16 casos; si nadie hiciera nada en materia preventiva, bioseguridad o distanciamiento, mañana pudiéramos tener 60 casos o 135 casos”, explicó.

Para el especialista, si se logra identificar con pruebas esos 16 casos, con su domicilio y sus posibles nexos, se podría controlar y aislar a los pacientes, para reducir las posibilidades de contagio.

“¿Cómo podría funcionar un modelo de control epidémico basado en la “cacería” y aislamiento de casos para El Salvador? considerando sus características demográficas y densidad poblacional: según la estadística epidemiológica, inclusive se podrían realizar segmentaciones a nivel regional, municipal, comunitario, por barrios y urbanizaciones”, dijo.

Picardo ejemplificó su teoría con el departamento de Morazán, el cual tiene 26 municipios: Arambala; Cacaopera; Chilanga; Corinto; Delicias de Concepción; Divisadero; El Rosario; Gualococti; Guatajiagua; Joateca; Jocoaitique; Jocoro; Lolotiquillo; Osicala; Perquín; San Carlos; San Fernando; San Francisco Gotera; San Isidro; San Simón; Sensembra; Sociedad; Torola; Yamabal y Yoloaiquín.

Morazán posee 252,500 habitantes en 1,447 km²; la densidad poblacional es de 173,72 hab/km². Aproximadamente 63,000 familias.

De acuerdo con las estadísticas del gobierno, los municipios donde existen los contagios son: San Francisco Gotera, reportó seis casos; Meanguera y San Simón, dos casos. Mientras que Joateca, Yoloaiquín, Osicala, Chilanga, Jocoaitique y Torola, tienen un caso cada municipio.

Picardo sostuvo que el Ministerio de Salud debe saber en dónde están esos casos, ficharlos y tener información detallada de los contagios.

“Con 40 equipos epidemiológicos, correspondería visitar a nivel “censal” a 1,575 familias; a tres visitas diarias 525, en 35 días se cubre el 100 % del departamento.

Aislamos Morazán, accesos y los tres puntos ciegos; luego se identifican los casos, se hace seguimiento a los nexos y se establece las cuarentenas de 15 días para todos los nexos, en total 60 o 135 posibilidades. Digamos hipotéticamente, que los 15 casos están distribuidos así: 7 en San Francisco Gotera, 5 Perquín y 3 en Joateca. Luego se aíslan los municipios identificados por 15 días”, explicó Picardo.

El profesional sugirió que “posteriormente debe medirse el factor de contagio de cada caso, pudiendo haber dos o tres escenarios; digamos hipotéticamente que habría dos escenarios de 4 y 9 nexos, con casos positivos, luego de aplicar las pruebas a contagiados y sus nexos”.

Para Picardo, esa estrategia permitiría no aislar a todo el país, sino a los departamentos, municipios y comunidades en riesgo. Además, se tendría una mejor identificación y trabajo de campo efectivo con aislamiento en base a evidencia, se tendría una información correcta sobre la velocidad y dinamismo de contagio y un menor impacto económico.

También, se podría crear una herramienta de georreferenciación y número telefónico para monitoreo.

“El ejercicio propuesto aquí es un ejemplo; obviamente hay departamentos y municipios más complejos y con una densidad poblacional muy alta; no obstante, se propone una metodología con un criterio epidemiológico posiblemente menos cómodo, pero más efectivo”, razonó Picardo.

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Para el profesional, el COVID-19 es una pandemia de relaciones sociales y su control no implica unilateralmente cierres generalizados o cuarentenas absolutas, ya que hay otras posibilidades metodológicas que se deberían explorar.

“Tengo entendido que los epidemiólogos de la vieja escuela trabajaban más con criterios de campo; hoy podemos combinar las dos herramientas: el trabajo de campo y las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones”, sostuvo.

El educador sostiene que la epidemiología de campo se caracteriza porque está centrada en la intervención para controlar una enfermedad y debe ser, además, lo más inmediato posible. También, la obtención de la información y la acción que se realiza en el territorio epidémico, genera un predominio de la práctica sobre la teoría, y ésta debe tener un carácter aplicado.

“La epidemiología social es la rama de la epidemiología que estudia la distribución social y los determinantes sociales de los estados de salud. Tiene la vocación de proporcionar información útil sobre qué políticas públicas aumentan o disminuyen las desigualdades en la salud. Es el polo opuesto de la epidemiología dominante, que opera con factores de riesgo individuales, desconsidera las variables sociales (clase social, ingresos, educación, etnia, país de origen, etc.) y aboga por una «despolitización» de la práctica”, dijo Picardo.

Explicó que la epidemiología social está centrada en los estudios sobre desigualdades sociales en salud, sobre todo a partir de la comparación de la distribución de indicadores.

“Para el caso de COVID-19 el epidemiólogo de campo tiene el objetivo de evitar la transmisión de una enfermedad y controlar el brote que ha roto la tranquilidad de una comunidad”, concluyó el profesional.

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