Nicaragüenses narran horrores del régimen de Ortega

Exigirle a Daniel Ortega que deje de asesinar a sus conciudadanos es un delito en Nicaragua. Nicaragüenses narran su pesadilla acá en el país a delegación de la OEA

Jesús Téfel (izq.), Violeta Granera, Irlanda Jerez y Félix Maradiaga explicaron la crisis en Nicaragua. Foto EDH / Menly Cortez

Por Iván Olivares / Especial para El Diario de Hoy

Oct 03, 2019- 06:47

Hasta hace poco más de un año, muy poca gente conocía los nombres de Nahiroby Olivas, Irlanda Jerez o Allan Gabriel Gómez. Dieciocho meses después del inicio de la matanza en Nicaragua, no solo sus nombres, sino que también sus rostros, son reconocidos por sus ciudadanos. Sean sus simpatizantes o enemigos.

“A mí me golpearon en siete ocasiones; me torturaron… en este momento, alguno de los 139 encarcelados (entre ellos, una joven mujer) debe estar siendo golpeado”. Quien así se expresa es Irlanda Jerez, una lideresa emergente, surgida durante la Rebelión de Abril que sublevó a los nicaragüenses en contra del régimen de Daniel Ortega, que ya lleva doce años en el poder.

Jerez -una odontóloga que llegó a tener importantes negocios en el mercado Oriental, situado en una parte del viejo centro de Managua- es parte de la comitiva de ciudadanos de ese país, que viajó hasta San Salvador para reunirse con la Comisión de Alto Nivel conformada en Medellín por la Organización de Estados Americanos (OEA), para preparar un informe sobre Nicaragua.

Lo acusaron de hacer bombas

Allan Gómez Castillo, estudiaba Administración de Empresas en la Universidad Nacional Autónoma de Managua (UNAN - Managua), y trabajaba como cajero de una tienda.Como muchos de su generación, Gómez sintió el llamado de la sangre, al ver cómo otros jóvenes como él eran asesinados de forma inmisericorde en las universidades, lo que lo llevó a participar “en las protestas de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), y en diversas marchas”.El régimen finalmente se fijó en él y ordenó su arresto, acusándolo de participar en la elaboración de bombas en la ciudad de Masaya. “Fui capturado en diciembre de 2018 tras estar fuera de mi casa por varios meses, para escapar de la persecución” a la que era sometido, relata.El ahora miembro de la Unión de Presas y Presos Políticos Nicaragüenses (UPPN), refiere que “al estar preso, las violaciones a tus derechos es grande, así como las torturas. Fui excarcelado en los primeros grupos, y todavía sufro asedio, vigilancia e intimidación de la policía orteguista”, narró.

Ese documento es un paso previo antes que el organismo continental vote -presumiblemente en noviembre- si sanciona al régimen de Ortega, sacando al país del seno de la Organización, lo que implicaría también el cierre de nuevos préstamos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), así como de los países de la región.

Dado que Ortega impidió la entrada de esa Comisión a Nicaragua, prohibiendo a las aerolíneas del país que los transportaran hacia Managua, la Comisión eligió la capital salvadoreña para reunirse con ciudadanos y organizaciones nicaragüenses para recibir sus testimonios de primera mano.

Entre otros, viajaron a San Salvador, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, la Unidad Nacional Azul y Blanco, la Articulación de Movimientos Sociales, el Comité pro Liberación de Presos Políticos, la Asociación de Madres de Abril, la Unión de Presas y Presos Políticos de Nicaragua, así como exiliados y excarcelados políticos, además de estudiantes que fueron expulsados de sus universidades por protestar contra el régimen.

“A nosotros nos negaron la entrada a Nicaragua hace unas semanas, pero nosotros recibimos el compromiso y el mandato de los cancilleres, de reunirnos con los actores de la sociedad civil nicaragüense, así que tuvimos que trasladarnos a El Salvador”, declaró Carlos Trujillo, embajador de Estados Unidos ante la OEA.

La Comisión de Alto Nivel, también integrada por representantes de Canadá, Argentina, Paraguay y Jamaica, más el jefe de gabinete del secretario general de la OEA, tiene previsto reunirse con casi un centenar de personas, para escuchar a los líderes de la resistencia cívica, o conocer los testimonios de muchas víctimas a las que se les han violado sus derechos humanos.

Nadie más que los nicaragüenses

Además de escuchar, los diplomáticos también les hablaron a los nicaragüenses para decirles que el continente está con ellos, pero también para recordarles que es su lucha, y que solo ellos pueden decidir su futuro.

El excarcelado prisionero político Nahiroby Olivas, relató que “una de las cosas que nos dijeron todos, es que los nicaragüenses tenemos que recordar, primero que todo, que no estamos solos. Segundo, que solo los nicaragüenses podemos resolver los problemas de los nicaragüenses”.

La premisa básica es que “la comunidad internacional no vendrá a decidir por nosotros, que somos los principales responsables de lograr un cambio que tiene que empezar en este momento, con la creación de una unidad urgente. Somos conscientes que la unidad no se impone ni se inventa: se tiene que construir”, enfatizó el joven.

Joel Herrera, que tuvo que abandonar su carrera de Medicina para irse al exilio, narró que la representación argentina les comentó “la similitud de situaciones, aunque en contextos tan distintos”, entre la Argentina de hace cuatro décadas, con la Nicaragua actual.

“Nos comentó en especial el papel de las familiares de las víctimas: las madres, los padres, las Abuelas de Plaza de Mayo -en Nicaragua, por ahora, lo que existe son las Madres de Abril, mes en que comenzó la matanza- porque es muy importante para el establecimiento de la justicia”, dijo Herrera.

El director de la Comisión Permanente de Derechos Humanos, Marcos Carmona, también viajó de forma expresa a El Salvador para denunciar las vejaciones que sufren los nicaragüenses por tratar de ejercer su derecho a la protesta, pero también, las agresiones y el asedio que se aplica en contra de los mismos defensores de derechos humanos.

“Ellos nos preguntaban qué mecanismos de protección podrían ser efectivos en Nicaragua. Nosotros pedíamos que hubiera presión hacia el Gobierno para que permita el ingreso de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y de las Naciones Unidas, para que investiguen, y se conozca la verdad de todos estos crímenes que han cometido el Gobierno y sus grupos de paramilitares”, detalló.

“Ellos fueron claros en decirnos que a veces los pueblos, de una u otra manera confían en que estas presiones y resoluciones sean más efectivas, pero que ellos tienen sus limitaciones. Como nicaragüenses, sabemos que nosotros somos los mayores responsables de encontrar un fin a esta situación”, enfatizó.

Irlanda Jerez es odontóloga y denuncia al régimen de Ortega. Foto EDH / Menly Cortez

Del mercado a la cárcel

Irlanda Jerez es una odontóloga devenida en exitosa comerciante, que se robó los titulares de los medios de comunicación, el día que -megáfono en mano y subida a una barricada de piedras canteras- arengó a sus colegas del mercado Oriental a dejar de pagar impuestos al régimen, para acelerar su caída.

A partir de ese momento, en la medida en que ella ganaba notoriedad y visibilidad ante la sociedad nicaragüense que resistía a Ortega, comenzó una campaña de persecución que finalmente la llevaría al calabozo, junto con otras mujeres que también fueron apresadas por protestar.

En las celdas del régimen conoció la crueldad de las carceleras, pero también la solidaridad de otras presas azul y blanco, que llegaron a enfrentar a las armadas, entrenadas, fanatizadas y organizadas funcionarias del centro penitenciario, cuando querían agredirla para tratar de quebrantar su voluntad.

A pesar del apoyo de sus compañeras de celda, Jerez relata que hubo momentos en que fue drogada e interrogada desnuda, y hasta sufrió el acoso y la amenaza sexual de una carcelera que trataba de tocarla cuando estaba desnuda, y ante su oposición, le decía que podía hacer con ella lo que quisiera.

También excarcelada el once de junio, Jerez no pudo llegar a su casa porque un grupo de delincuentes -a los que ella no dudó en tildar de “paramilitares orteguistas”- se presentó a su vivienda, golpeando a su esposo y a uno de sus trabajadores, y se robaron todo lo que pudieron.

Desde entonces, tuvo que mantenerse en constante movimiento, no solo para proteger su vida, sino también para denunciar -dentro y fuera de las fronteras de Nicaragua- al régimen de Daniel Ortega, a cuyo gobierno llama sin dudar “dictadura narcoterrorista”.

Convertida en un nuevo referente de la lucha en contra de Ortega, Jerez confía en que, a la larga, las fuerzas azul y blanco se impondrán.

Nahiroby Olivas tiene 19 años pero ya estuvo preso solamente por denunciar los atropellos del régimen. Foto EDH / Menly Cortez

Estudiante de derecho estuvo preso por protestar pero sigue denunciando

Christopher Nahiroby Olivas nació un 19 de abril de 2000, de modo que el inicio de la crisis en Nicaragua fue su bienvenida a la edad adulta. Como muchos jóvenes de su generación, Olivas se vio envuelto en las protestas ciudadanas por el mal manejo del Gobierno, ante la crisis ambiental que significó el incendio de 5000 hectáreas de la reserva Indio Maíz.

Le seguiría a ello, la protesta estudiantil ante la golpiza que delincuentes leales al régimen de Managua propinaron ante las cámaras de televisión, a grupos de ancianos que protestaban por las reformas al sistema de pensiones, especialmente porque sus exiguas pensiones serían gravadas con un impuesto de 5%.

Como estudiante de Derecho, Olivas sabía que no se estaban cumpliendo los preceptos de la autonomía universitaria, pero las injusticias cometidas en contra de los ancianos, le enardeció igual que a muchos estudiantes de las universidades, y con ellos, al país entero.

El muchacho pudo protestar durante cuatro meses. Los videos en las redes sociales lo muestran arengando al resto de estudiantes a reclamar la autonomía universitaria, hasta que fue capturado el 25 de agosto de 2018, acusado de terrorismo, lo que hizo que su papá, Claudio Olivas, se diera cuenta del error que había sido dar su apoyo indiscutible al partido de Gobierno.

Todo ello ocurrió pese a que su madre, Jackeline Valdivia, le pedía que no se involucrara, pero él se negó alegando que “el que no quiere a su patria no quiere a su madre”.

Las fotos y videos del momento en que la Policía Nacional lo presenta esposado ante los medios de comunicación, o cuando es llevado a un juez afín al orteguismo, destacan por las miradas serenas y los rostros sonrientes, que mostraban él y el resto de reos ‘azul y blanco’ (como se les denomina en Nicaragua), y sirvió de inspiración a otros, que siguieron participando en las marchas de protesta.

Del tiempo que estuvo preso, recuerda el momento en que fue asesinado “don Eddy Montes, lo que nos llenó de preocupación e impotencia porque era un gran amigo, pero nos dio fuerza, serenidad y madurez, pues nos permitió pensar todo el tiempo que estuvimos ahí, sobre lo que estábamos pasando, y cómo lo íbamos a sobrellevar”, recuerda ahora.

Contrario a lo que se esperaría, su excarcelación, ocurrida el once de junio de 2019, no significó que el muchacho se escondiera para evitar nuevos arrestos, sino que ha seguido al frente de las protestas, con la fuerza moral que le da haber sobrevivido a las mazmorras del régimen, para reclamar, ya no solo por la autonomía universitaria, sino también por lograr la unidad que se requiere para erradicar de Nicaragua a la dictadura de Daniel Ortega.

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