Bukele, enemigo del periodismo crítico y rendición de cuentas

En dos años de poder, el presidente de la República ha demostrado intolerancia a las críticas y ha lanzado feroces ataques a quienes cuestionan su estilo de gobernar.

Foto EDH / Archivo

Por Ricardo Avelar

Jun 01, 2021- 21:40

“No seré el presidente de los que votaron por mí, tampoco seré el presidente de un sector, el presidente de un grupo, mucho menos un presidente de un partido político”. Eso prometió Nayib Bukele el 1 de junio de 2019.

Por el contrario, dijo: “Seré el presidente de todos los salvadoreños, de cada uno de los salvadoreños, los siete millones de salvadoreños que viven acá y los tres millones que viven fuera”.

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Para un país acostumbrado a la polarización y harto de una política con tintes tribales, este tipo de mensaje de unidad supuso una apuesta interesante y una expectativa de cambio. Un cambio que no sucedió.

Dos años después, los salvadoreños están divididos nuevamente, como hace cinco, diez o veinte años. Como en los tiempos de “los mismos de siempre”, esa etiqueta que el presidente de la República lanza a quienes considera sus enemigos, a los políticos tradicionales cuyos vicios empieza a imitar y, en ocasiones, a perfeccionar.

De ofrecer ser el presidente de todos los salvadoreños, Nayib Bukele pasó a ser el mandatario que se burla de sus opositores, que los ridiculiza y humilla. El presidente que comanda operativos de acoso virtual y cibernético. El que ha llegado a insultar a los salvadoreños que no comulgan con su estilo de gobernar.

Como el 21 de septiembre de 2020, cuando muchos ciudadanos criticaban el actuar de la Policía Nacional Civil ante un repunte de violencia.

En ese momento, el presidente expresó por su canal favorito, Twitter, que es “increíble que haya personas criticando a los que no pueden estar con sus familias, porque tienen que patrullar las calles en la madrugada, cuidando a los demás”.

En ese mismo tuit, añadió: “Solo sirven para criticar y buscar defectos. Son un asco, sépanlo. Gracias a Dios y solo son el 4%”.

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Esta no fue la primera ni la última ocasión en que el mandatario manipuló esta cifra, que a su juicio revela el masivo apoyo que tiene y lo pequeña que es la oposición, para ridiculizar las posturas de quienes adversan su estilo de gobernar.

Bukele dejó de ser el presidente de todos los salvadoreños y se convirtió en quien gobierna para sus simpatizantes y no teme destinar los recursos del aparato del Estado para humillar, y en ocasiones silenciar, a sus críticos.

De hecho, en mayo de 2020 un memorándum del Departamento de Estado de Estados Unidos dio cuenta de cómo el gobierno de Bukele ha hecho esfuerzos por acallar las críticas que se le hacen.

Eduardo Escobar, director ejecutivo de Acción Ciudadana, considera que “sin duda han sido dos años de intolerancia a las diferencias, intolerancia a quien piensa distinto e intolerancia a quien critique”.

Escobar añade que se ha configurado una narrativa de que el “enemigo” es quien piensa distinto.

De hecho, en estos dos años Bukele ha revivido el temible concepto del “enemigo interno”, esa expresión que sirvió en los regímenes militares y los años de autoritarismo para justificar abusos de poder contra los críticos de esos regímenes.

En alocuciones ante policías y militares, así como en su discurso del día de independencia en 2020, Nayib Bukele habló de cómo el país tiene ahora que luchar contra las amenazas que no solo vienen de fuera sino de enemigos internos.

A juzgar por sus acciones y declaraciones cotidianas, parece referirse a todos los que no aplaudan su gestión y se atrevan a hacerle preguntas o críticas.

Para Xenia Hernández, directora ejecutiva de la Fundación Democracia, Transparencia y Justicia (DTJ), este gobierno es “muy reacio a la crítica”.

A juicio de Hernández, “esto se debe a que es un gobierno que tiene como pilar principal su imagen, la cual construye a través de la propaganda gubernamental”.

La experta en transparencia añade que al igual que con Mauricio Funes, este gobierno generó grandes esperanzas de mejorar y dignificar la gestión pública, pero “es totalmente diferente el discurso de Bukele cuando era candidato a sus acciones cuando es presidente y a los hechos en todas las instituciones bajo su poder”.

Periodismo: uno de sus peores enemigos

Al igual que muchos otros autócratas, Bukele ha decidido que los medios de comunicación independientes y los periodistas críticos se cuelan en su lista de enemigos.

Es constante que ante reportajes que le incomodan o preguntas que lo sacan de su discurso triunfalista, recurra a humillarlos, a esparcir noticias falsas sobre los medios o a amenazar con silenciarles.

El mismo Departamento de Estado lo consignó en su evaluación de mayo de 2020, cuando dijo que hay “esfuerzos del gobierno para silenciar medios y periodistas si estos no apoyan los esfuerzos de la narrativa oficialista”.

Estos periodistas enfrentan “amenazas, muchas de las cuales son alimentadas por el trato que les da Bukele en redes sociales”, añadió el equivalente de una Cancillería en el gobierno de Estados Unidos.

Para Angélica Cárcamo, presidenta de la Asociación de Periodistas de El Salvador (APES), Bukele busca separar al periodismo en dos bandos: el que considera “bueno, porque avala todo lo que él hace y el que él considera malo o lo apoda de oposición, que es por lo general aquella prensa que cuestiona al poder”.

Esta aversión a la prensa independiente lleva, según Cárcamo, a atacar periodistas en redes sociales y a bloqueos sistemáticos de información. Pero la APES ha ido más allá y ha denunciado intimidación, seguimiento de periodistas y hasta amenazas a su integridad física.

Además, Angélica Cárcamo expone que ante las críticas, el gobierno usa su músculo regulador para tomar represalias contra los medios.

Cuando El Diario de Hoy denunció que el gobierno cerró las puertas a El Faro y Factum de cubrir la instalación de la CICIES, el gobierno retiró la pauta publicitaria. Esto está prohibido por la Convención Interamericana de Derechos Humanos por suponer una especie de castigo a la línea editorial.

Y cuando El Faro publicó una investigación sobre negociaciones del gobierno con la MS-13, con base en documentos del mismo gobierno, el Ministerio de Hacienda lanzó una auditoría que excedía el interés tributario. Bukele incluso dijo que les acusaban de lavado de dinero, algo de lo que nunca fueron notificados.

“Detestan tanto al periodismo porque saben que es a través de esta labor que (los ciudadanos) se pueden dar cuenta de todas las irregularidades que ocurren dentro de las instituciones del Estado”, concluyó la presidenta de la APES.

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