Bukele: Un año de mucho pleito y poco liderazgo político

La confrontación, el repudio a los límites a su gestión y un debilitamiento del sistema democrático marcan el primer año de Bukele como presidente de la República. En 365 días, propició duros golpes pero también afrentas constantes a la democracia.

Los salvadoreños otorgaron además una nota de 7.69 al gobierno de Bukele en sus primeros doce meses de gestión, lo cual supone una caída del 8.37 que le dieron en 2019. Foto EDH / Archivo

Por Ricardo Avelar

Jun 01, 2020- 06:00

Hace un año, frente a una abarrotada plaza Gerardo Barrios en el centro de la capital, Nayib Armando Bukele Ortez se juramentó como el presidente de la República, tras haber obtenido un 53.1% de los votos el 3 de febrero.

Ese día, frente a cientos de ciudadanos, se comprometió a “pasar la página de la posguerra”, consistente con su línea discursiva durante la campaña que giró en torno a romper la polarización de los últimos 30 años, en los que el país fue gobernado por presidentes de dos partidos, ARENA y el FMLN.

Asimismo, Bukele hizo una promesa incluso más audaz: “No seré presidente de los que votaron por mí. Tampoco seré el presidente de un sector, el presidente de un grupo ni mucho menos el presidente de un partido político. Seré el presidente de todos los salvadoreños”, manifestó y añadió: “representaré a cada uno de ustedes”.

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Un año después, la realidad contrasta con sus triunfales palabras. En este periodo, no solo ha encabezado algunos de los más alarmantes episodios de debilitamiento institucional, sino que ha menospreciado el diálogo político y renegado los controles a su gestión.

El fin de la posguerra que propuso aquel día luce muy parecido a los gobiernos de antaño, con un rol creciente de las Fuerzas Armadas, cerrado a las críticas y la prensa, y desafiando resoluciones judiciales.

Actitudes democráticas

Evaluar a un gobierno no solo pasa por estudiar su efectividad y los resultados de sus políticas, sino por sus revisar sus conductas democráticas y su forma de manejar los desacuerdos tanto con fuerzas opositoras como con los otros poderes.Por ello, el primer punto que El Diario de Hoy evalúa en este primer año de gestión es cómo el mandatario ha llevado los desencuentros y los límites a su mandato. Un país que avala que se rompa el sistema institucional a fin de alcanzar resultados hace una apuesta peligrosa que generalmente le deja vulnerable a la instauración de un duro autoritarismo.

“Un retroceso democrático”

Al ser consultado por este medio, el director Ejecutivo de Acción Ciudadana, Eduardo Escobar, fue tajante: “Yo calificaría este año como un retroceso democrático”, pues “en lugar de fortalecer la institucionalidad, ha hecho todos sus esfuerzos para debilitarla y desprestigiarla”.

El jurista explica que Bukele ha intentado sobrepasar las reglas democráticas que descansan en la división de poderes, ha buscado exceder sus competencias y anular a otros órganos.

Rodolfo González, exmagistrado de la Sala de lo Constitucional, coincide con que ha habido esfuerzos por entrometerse en las competencias de otros poderes y actitudes de “dan motivos para preocuparse sobre la estabilidad de nuestro régimen democrático”.

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El experto en derecho constitucional ve “una clara tendencia autoritaria” que el mandatario intenta suavizar con su poderoso aparato de comunicación y propaganda, el cual ha disfrazado intentos por desconocer los límites a su poder como obstáculos a su esfuerzo de salvar vidas.

Rápidamente, el presidente pasó de ofrecer “representar a todos los salvadoreños” a acusar a sus críticos de “estar del lado de la muerte” (cuando cuestionaron sus políticas de seguridad) o “del virus” (cuando hicieron preguntas sobre la respuesta a la crisis del COVID-19).

Un botón de muestra lo dio el 21 de septiembre, cuando el país enfrentó un alza de homicidios. Al enfrentarse a cuestionamientos, manifestó en su cuenta de Twitter: “Solo sirven para criticar y buscar defectos. Son un asco, sépanlo. Gracias a Dios y solo son el 4%”.

Esto, según la abogada y experta en políticas públicas Leonor Selva, muestra un “discurso confrontativo y poca disposición al diálogo”. Esto se agrava cuando sus intereses chocan con las leyes o procesos establecidos, los cuales intenta “saltarse”, explica esta jurista.

Esta abogada adjudica esta tendencia a su “falta de experiencia en el manejo de lo público, una mala asesoría legal y una resistencia a ‘sentirse limitado’ por la institucionalidad”.

En la misma línea opinó el coordinador de procesos de justicia del Instituto de Derechos Humanos de la UCA (Idhuca), Arnau Baulenas, quien critica que Bukele ha arremetido contra las instituciones que han tomado decisiones que “no le han gustado” o han limitado su poder. “La democracia son frenos y contrapesos”, recuerda Baulenas, quien manifiesta que “si el presidente tuviera una actitud democrática, respetara ese tipo de decisiones.

Más allá del 9F

No solo los golpes grandes debilitan a las democracias. A veces, se les socava por actos en apariencia más leves pero repetidos. Algunos de esos se evidencian en el primer año de Bukele. El debilitamiento de la prensa libre, con impedir acceso a periodistas a conferencias, retirar pauta a medios críticos, la intimidación de la guardia presidencial a fotoperiodistas y el ataque constante de sus partidarios a quienes hacen preguntas.El constante tono de burla contra sus opositores, a quienes les ha dicho que “dan asco” y los minimiza y ridiculiza.Además, no ha censurado las injurias, amenazas e insultos de algunos que le aplauden en redes sociales.Su retórica de “pueblo”, en la que deja entrever que cuestionarlo es estar en contra de todo el país, y no parte del ejercicio ciudadano de vigilar al poder.Por ello, el primer punto que El Diario de Hoy evalúa en este primer año de gestión es cómo el mandatario ha llevado los desencuentros y los límites a su mandato. Un país que avala que se rompa el sistema institucional a fin de alcanzar resultados hace una apuesta peligrosa que generalmente le deja vulnerable a la instauración de un duro autoritarismo.

Las más duras afrentas a la democracia

En su primer año, Bukele ha protagonizado al menos tres episodios de grave debilitamiento democrático. El primero, y más notorio, es la toma militar del Congreso el pasado 9 de febrero. Esta fue, como él mismo lo admitió, una forma de presionar a los diputados para que le aprobaran un préstamo.

A juicio de los juristas consultados por El Diario de Hoy, esto supuso el atentado más grande a la democracia desde los acuerdos de paz, un intento por anular a un órgano de estado y un uso indebido de la Fuerza Armada que rompe el espíritu de un cuerpo no deliberante adquirido con la firma de la paz.

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Selva incluso denuncia que Bukele ha vuelto a la institución armada “una herramienta de intimidación política”. Esto fue notorio el tristemente célebre 9F.

El segundo golpe fue menos visible, pero igualmente preocupante. La Sala de lo Constitucional ordenó cesar las detenciones de salvadoreños solo por violar la cuarentena obligatoria, y el presidente dijo en un tuit que no acataría el fallo. Además, acusó a los magistrados de ordenar la muerte de salvadoreños.

Si bien este anuncio no tuvo el componente visual y mediático del 9F, ningún gobierno había desobedecido de esa forma un mandato de la Sala de lo Constitucional.

Finalmente, el mandatario usurpó el 16 de mayo funciones legislativas y emitió unilateralmente Estado de Emergencia para atender el COVID-19. Con esto, sobrepasó sus funciones y sentó un delicado precedente de exceso de poder.

Esto fue anulado temporalmente por la Sala de lo Constitucional. Este tribunal ya dijo que no puede saltar la autoridad legislativa para este tipo de decretos.

No solo son grandes golpes…

La democracia no solo se debilita con actos graves. Es posible que los golpes más arteros al sistema vengan de acciones en apariencia más pequeñas pero que lo corroen sistemáticamente.

En el primer año de Bukele, esto se evidencia en al menos tres áreas: la retórica demagógica, su actitud hacia la prensa libre y su desconocimiento de las voces críticas.

Como dice Eduardo Escobar, de Acción Ciudadana, el mandatario abusa de las ideas de “dios, el pueblo y el ejército”.

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Esto parece ser parte del manual populista, explica, e instrumentaliza a estas 3 figuras para decir que oponerse a él supone oponerse al bienestar de un país y al designio de un ser divino (en un país de amplia mayoría creyente).

Además, como se dijo antes, utiliza al Ejército como su brazo operativo, señala Leonor Selva.

En cuanto a la prensa, es visible la incomodidad que le representa al presidente el ejercicio periodístico. En un año, ha retirado la pauta de medios críticos, su guardia presidencial amendrentó a un fotoperiodista y le obligó a borrar su material, ha impedido el acceso de periodistas de medios críticos a algunas de sus conferencias de prensa y constantemente quienes hacen preguntas se encuentran con turbas de acosadores digitales a quienes nunca ha censurado el presidente en aras de la tranquilidad.

Tampoco ha mediado para bajar los ánimos de personajes cercanos a su gestión que abiertamente denigran e insultan a sus opositores. Y estas conductas ya fueron incluso señaladas por uno de sus grandes aliados: el gobierno de Estados Unidos.

Finalmente, el presidente desconoce, ridiculiza y lanza acusaciones, en ocasiones infundadas, a quienes se muestran críticos a su gestión. Esta narrativa de ustedes versus nosotros riñe completamente con su promesa de gobernar para todos. Bukele es permisivo con sus cercanos y quienes les aplauden (como los sindicalistas que rompieron la cuarentena el 1 de mayo para mostrarle su apoyo, sin ninguna consecuencia), pero severo con sus críticos.

Esto socava y amenaza tanto a una democracia tanto como lo hizo un 9F, pero suele pasar más desapercibido aunque ha sucedido con mayor regularidad…

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