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Pandemia de mascarillas: protección que contamina

Los cubrebocas evitan contagios de COVID-19 y son recomendados por los médicos; pero a la vez, silenciosa pero efectivamente, dañan el medioambiente porque mucha población los descarta de forma irresponsable.

Por Carlos López Vides | Jul 18, 2021- 23:40

Piense en la mascarilla que botó ayer en el bote de basura: usted y quien esto escribe moriremos antes que esa mascarilla se degrade completamente. Cada una tardará entre 100 a 500 años en fundirse con la Tierra. Y lo mismo para los millones de tapabocas que ocupa (y desecha) la humanidad a diario, a nivel mundial, desde que la pandemia por COVID-19 nos cambió la vida en marzo de 2020.

El nuevo coronavirus nos cambió la vida en el presente, sí; pero, si se mantiene el panorama actual sobre el mal, desinformado e irresponsable manejo de las mascarillas, lo que estamos comprometiendo es el futuro.

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Las mascarillas terminarán impactando en la naturaleza si la población no las descarta de una forma más consciente y responsable. En la imagen, cubrebocas tirado en medio de un cantón de Ahuachapán. / Foto EDH Cristian Díaz

Es matemática. ¿Cuántas mascarillas ocupa cada habitante de El Salvador a la semana? El 26.7% usa más de tres en ese espacio de tiempo, según arrojó un sondeo en Twitter de elsalvador.com, donde votaron 585 usuarios. Y según datos del Banco Central de Reserva, entre marzo 2020 y mayo de 2021, el país importó, desde 65 países, el equivalente en peso a 10 millones de libras en mascarillas. Es como 1.5 libras de mascarillas por cada salvadoreño, en ese periodo de tiempo.

El Diario de Hoy hizo un ejercicio sencillo con una balanza para obtener que se necesita 80 mascarillas (aproximadamente) para lograr una libra de peso. Y como el país importó 10,057,325 libras en esos 15 meses, de ahí resulta la cifra de 804,586,000 millones de tapabocas importados en ese periodo.

Veamos un ejemplo concreto: la familia Rodríguez, formada por Patricia, su esposo Gustavo y sus hijos, Andrés y Ana Patricia, ocupa 10 mascarillas a la semana, y adquieren dos paquetes de tipo KN95 al mes, más uno de 50 quirúgicas cada dos o tres meses. Lo hacen para protegerse de un virus que no ha enfermado a ninguno de los cuatro, pero que sí les causó el dolor de perder a dos tíos.

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Los Rodríguez procuran hacer un uso responsable de las mascarillas. Las cortan en trozos antes de desecharlas, porque “uno no sabe si alguien mal intencionado puede recogerlas en un relleno sanitario para revender”, explica Gustavo. Las mascarillas desechadas van directo al bote de basura. Sin embargo no todos tienen la disciplina de los Rodríguez. Haga un ejercicio mental: ¿ha visto mascarillas tiradas en el suelo en las últimas horas?

El Diario de Hoy estuvo atento con sus cámaras en días recientes, y encontró lo que acompaña esta nota: tapabocas tirados en un parque público en San Salvador, en el Polideportivo de Ciudad Merliot, en la bahía de La Unión, en promontorios de basura en zona metropolitana, paradas de buses, incluso en las arenas de las islas del Golfo de Fonseca.

Cubrebocas en una de las islas del Golfo de Fonseca, en La Unión. Un bello pasaje natural, afeado por la irresponsabilidad de sus habitantes y turistas. / Foto EDH cortesía Mario Robles

Cada una de esas mascarillas KN95 o quirúrgica (para uso médico y no médico, según el informe del BCR) que fue fabricada en China -en su mayoría-, Bangladesh, Ceilán, Tailandia, Alemania, España, EE. UU. UU., Etc., comenzó su trayecto en esos países, pasó por la etapa de proteger nuestros rostros, llegó al basurero y, finalmente, flotará en nuestros ríos, lagos y océano.

Mascarilla entre la grama del Parque Lomas de Versalles, en San Salvador. / Foto EDH Carlos Vides

El medioambientalista Ricardo Navarro (presidente del CESTA Amigos de la Tierra), al hacer un cálculo rápido, concluye que “fácilmente estamos utilizando por lo menos unos 10 a 15 millones de mascarillas por semana” en el país.

Matemática, nuevamente: son cerca de 60 millones de mascarillas en la basura de los salvadoreños, cada mes. Casi 900 millones de tapabocas usados ​​por la ciudadanía del país, en 15 meses de una pandemia que sigue y seguirá por años.

Impacto planetario

Se trata de un problema global. Naciones Unidas reportó en marzo que alrededor del 75% de las mascarillas usadas, así como otros residuos relacionados con la pandemia (jeringas, frascos, catéteres, etc.), acabarán en vertederos o flotando en las mares.

En todo el mundo ya saltó la alarma por esta silenciosa mascarilla-pandemia. En España, según dijo a EFE el responsable de la campaña de Greenpeace en ese país, Julio Barea, si sus habitantes siguen consumiendo y desechando -sin reciclar- mascarillas quirúrgicas al mismo ritmo que lo han hecho durante este último año, unas 1,300 toneladas de plástico anuales “o incluso más” podrían terminar en la naturaleza.

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Maticemos ese dato de las 1,300 toneladas: a inicios de junio, cuando Mejicanos estaba hasta el tope de basura ante la ineficiencia de la alcaldía local, el Gobierno salvadoreño apoyó con personal y anunció que recogería 400 toneladas de desechos, que tenían colapsado este municipio metropolitano. En España, si no actúan, terminarán con casi cuatro veces esa cantidad de mascarillas en el mar al año; si no toman medidas.

Basura acumulada hacia el Centro Nacional de Radioterapia, en Zacamil. Hay mascarillas en medio del promontorio. / Foto EDH Jessica Orellana

Son más de 47 millones de españoles en dicho país. En El Salvador, estamos cerca de 6.5 millones de habitantes. Poblaciones distintas pero la misma preocupación: la paradoja de la mascarilla que nos cuida del virus pero nos contamina a la vez.

Navarro lo considera ya un daño irreversible. “Si hubiera responsabilidad en estos fabricantes”, comenta como director del CESTA Amigos de la Tierra, “hubieran investigado cómo lanzar al mercado un material que iba a ser altamente demandado, que pudiera ser reusado, reciclado, o un material que pudiera ser degradado fácilmente . Ese debería haber sido el mecanismo. Pero lanzaron al mercado una cosa que nos ofrece cierta protección, pero en un par de días hay que deshacerse de ellos ”, lo que provoca toneladas y toneladas de mascarillas en la basura salvadoreña y mundial.

Ante la falta de una guía informativa por parte de las autoridades de Gobierno, es la misma ciudadanía la que puede actuar, al organizarse como familia, colonias, empresas o instituciones, para frenar este silencioso -pero letal- factor contaminante.

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