Ella es Mía Valentina, la pequeña violinista salvadoreña promesa de la música

En el Día Internacional de la Niña, Mía Valentina Flores demuestra con orgullo su crecimiento en el semillero del Sistema de Coros y Orquestas Infantiles y Juveniles de El Salvador.

Mía Valentina practica el violín a diario. / Foto Por EDH / Lissette Monterrosa

Por Elis Silva

Oct 10, 2019- 21:35

La música es el arte que inspiró desde muy temprana edad a Mía Valentina Flores, la impulsó a tocar el violín, a ser bailarina y también una gran líder a sus 7 años.

Hoy en el Día Internacional de la Niña relatamos la historia de Mía, una pequeña, como muchas, con aspiraciones gigantescas, esas que se materializan solo con mucho esfuerzo y disciplina.

Desde bebé tenía una percepción musical muy especial, esto lo notaron sus padres, Iván Flores y Claudia de Flores, quienes no dudaron en consultar con expertos que les aconsejaron impulsar la pasión de la niña, quien en ese entonces tenía un poco más de 2 años.

Mía fue escogida como representante de primer grado en su colegio. Foto EDH / Lissette Monterrosa

“Cada vez que Mía escuchaba música notábamos algo diferente en ella. Muchos niños cuando oyen música tienden a saltar o a bailar, Mía no, ella cerraba los ojos y comenzaba a mover la cabeza al ritmo de la música”, expresó Iván.

El siguiente paso fue visitar el Semillero del Sistema de Coros y Orquestas Infantiles y Juveniles de El Salvador, específicamente el área de cuerdas, que de acuerdo al Ministerio de Cultura es un programa que integra a niños y niñas de 3 a 10 años de edad, quienes aprenden a través del método de enseñanza Suzuki.

Tras una audición especial, los maestros no dudaron en darle una oportunidad. En ese momento se escogió el violín como compañero, la decisión más sabia de la familia.

Mía es una alumna destacada. Foto cortesía Iván Flores

Todavía no podía leer ni escribir y ya estaba recibiendo sus primeras instrucciones bajo el exitoso Método Suzuki; ahora, cuatro años después, lee en español e inglés, lo que le facilita además el aprendizaje en la lectura de solfa.

“Cuando empecé a tocar violín era una bebé ruidosa, no paraba de tocar, tocaba y tocaba (…) pero no como toco ahora”, comentó entre risas Mía, en una entrevista después de una de sus clases.

“Cuando crecí, empecé a tocar canciones un poquito más difíciles y a esta edad voy con la última canción del libro”, señaló, refiriéndose a que está terminando la última canción del primer libro del Método Suzuki.

No hay duda de que esta disciplina le apasiona mucho, y hay que recalcar que no es tan sencillo como se escucha. De acuerdo a Claudia, es necesario ensayar a diario y de esta manera perfeccionar el arte.

Claudia y Mía en la clase de violín, con su maestra Meztli Pérez de Flores. Foto EDH / Lissette Monterrosa

“Recibimos la clase de violín con los niños y nosotros damos la clase en la casa para realizar las tareas y llevar el trabajo terminado (…) aprendemos a la par de los niños tal como aprendimos el idioma natal. (…) Con el Método Suzuki se crea un triángulo: papá, maestro y el niño”, expresó De Escobar.

Pero cualquier sacrificio vale la pena, como lo aseguró la misma Mía: “tocar violín cuesta al principio, pero después cuando vamos al concierto y siento los aplausos, valió la pena todo el esfuerzo (…) me siento bien y quiero seguir, me gusta estar en el escenario”.
Cursa primer grado —donde es la representante—, practica acrotelas, baila jazz y también ballet, varias actividades en las que ella se ha interesado y esmerado.

“Le preguntamos al inicio de cada año si quiere seguir tocando el violín, y si se gana la beca tiene que terminar el año; el siguiente año le volvemos a preguntar, es lo mismo con el baile, tiene la opción de hacerlo o no. Quizá el objetivo de nosotros es mostrarle las diferentes opciones que hay, para que ella escoja qué es lo que le gusta (…) simplemente darle herramientas para la vida”, detalló Claudia.

El ballet es otra de las pasiones de la pequeña. Foto cortesía Iván Flores

Aunque ha practicado otros hobbies y deportes, su inclinación definitivamente es hacia las artes.

“La mayor satisfacción sin duda es haberla visto tocar en los mayores escenarios acá en El Salvador. Verla en su primer concierto es una imagen que nunca se me va a olvidar, pero luego, verla en el Teatro Nacional de San Salvador y en el de Santa Ana es un orgullo”, señaló Iván.

Concluyó que para él también es muy importante que “ella entienda que hay artistas que posiblemente nunca han actuado ahí y que ella a su corta edad ya estuvo ahí parada, es un honor”.

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