Matías Bianchi: “No veo en Latinoamérica una nueva oleada política ideológica”

El politólogo argentino y director de Asuntos del Sur, Matías Bianchi, considera que es difícil prever hacia dónde está girando América Latina. A su juicio, hay descontento con la falta de soluciones institucionales a grandes problemas, pero no ve un nuevo eje de poder

La conservadora Jeanine Áñez, mandataria interina de Bolivia, prometió devolver la Biblia a la política de su país. Foto EDH / AFP

Por Ricardo Avelar

Nov 17, 2019- 04:30

Estudiar los vaivenes políticos de Latinoamérica es hoy mucho más difícil y menos lineal que hace una década o tres, concluye el politólogo argentino Matías Bianchi, quien también dirige la organización Asuntos del Sur.

A su juicio, en contraste con la ola liberal de la década de los noventas del siglo pasado o el giro a la izquierda de hace alrededor de década y media, hay una mayor fragmentación regional, vínculos ideológicos menos claros entre diferentes gobiernos y una pérdida de legitimidad de organizaciones regionales que en su momento protagonizaron los grandes debates hemisféricos.

“Durante los años del Consenso de Washington (a inicio de los noventas, con énfasis en gobiernos pequeños y poca intervención estatal en la economía), hubo un rol fuerte de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM) o el Fondo Monetario Internacional (FMI) dando apoyo financiero y la Organización de Estados Americanos (OEA) articulando políticamente este espacio”, explica.

Además, añade que en los años de la “marea rosa” se impulsó a organizaciones alternativas como la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC) o la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) que buscaban articular esta ola de gobiernos de diversas tendencias izquierdistas.

“Creo que hay en Latinoamérica hay una madurez política en el sentido de que casi nadie está pidiendo volver a las épocas más oscuras de nuestra historia con golpes militares. Creo que hay un espacio para resincronizar una hoja de ruta. Eso me tiene optimista... Los gobiernos (de la “marea rosa” de izquierdas) que se retiraron se fueron en situación de debilidad y lo nuevo aún no emerge ni se consolida. En la región no hay una oleada de derecha”.

Matías Bianchi, Director de Asuntos del Sur.

Esta “marea” inició en 1998 con el ascenso al poder de Hugo Chávez en Venezuela y se consolidó con las elecciones de Lula da Silva en Brasil (2003), Néstor Kirchner en Argentina (2003), Evo Morales en Bolivia (2006) y Rafael Correa en Ecuador (2007).

Ninguno de estos actores, según el análisis de Bianchi, tiene en la actualidad la legitimidad o el músculo para volverse referentes de una región que cada vez es menos predecible.

Por esta misma razón, el politólogo argentino consultado por este medio descarta que pueda trazarse tan fácilmente un mapa político de la región.

“Una región periférica es muy dependiente de los embates externos. En este caso, el principal embate externo es la economía. Hemos tenido bastantes años de estancamiento de los commodities y todos los países de la región dependen en mayor o menor manera de estos. Esa es la principal influencia política, explica.

Si los factores son exógenos y en su mayoría económicos, añade, es difícil pensar que haya una nueva ola ideológica que mueva la región a uno u otro lado del espectro político tradicional.

Prueba de ello es que en las crisis recientes en el Cono Sur ha habido expresiones violentas y hasta cierto punto análogas en rincones como Ecuador, Bolivia o Chile pero la raíz del descontento es diferente y la orientación política de quienes han salido a protestar es, en algunos casos, diametralmente opuesta.

Diferencias en la solidez de los sistemas de partidos

Más allá de pretender equiparar ideológicamente a una región, Matías Bianchi habla de una región con procesos políticos disímiles. Sin embargo, enfatiza que si se va a prestar atención en un factor, no sea la ideología de los gobiernos de cada país sino el desarrollo institucional y del sistema de partidos en cada país.

Embates políticos hay y seguirá habiendo, añade, pero lo que definirá a los países es qué tanto sus sistemas estén listos para absorber estos impactos y amortiguar factores que puedan desestabilizar a sus gobiernos.

“No es lo mismo cómo un país como Haití puede lidiar con una crisis política que cómo podría reaccionar Chile. En la región los países se irán distanciando dependiendo de cómo procesa sus diferencias cada uno. Me parece que los países que logran procesar mejor estos impactos tienen sistemas de partidos más consolidados y digieren mejores estas tensiones”, explica.

En los casos de mayor desarrollo institucional y de sistema de partidos, se puede esperar que estos institutos políticos sean capaces de canalizar de mejor manera las demandas de la sociedad y transformarlas en propuestas formales de política pública.

Esto es lo que Bianchi denomina “capilaridad social”, es decir la penetración de los partidos en la sociedad, que los vuelve capaces de convertir el descontento en debates institucionalizados.

En aquellas sociedades donde los partidos pierden esta capilaridad, grandes grupos de ciudadanos llegan a sentirse desprotegidos y a medida que sus demandas políticas crecen, el sistema les queda corto. Ahí es cuando se producen las grandes movilizaciones y movimientos que desestabilizan gobiernos.

También se da el caso de sistemas políticos que se consideraban estables pero que con el tiempo se demuestra que los principales pactos políticos no alcanzaban a cubrir a grandes fracciones de los ciudadanos y su estabilidad resulta siendo una especie de bomba de tiempo.

Un caso interesante es el de Chile, ilustra Bianchi. En este país, uno de los más prósperos de todo el continente, “ha habido una tradicional fuerza institucional pero importantes sectores se han dado cuenta que no estaban siendo incluidos por el sistema político. La crisis por el precio del metro fue la última chispa que encendió el fuego del cansancio por la falta de movilidad social o ser uno de los países más desiguales de la región”.

En efecto, el sistema político de este país con indicadores que cualquier país latinoamericano envidiaría está enfrentando algunos de los más fuertes cuestionamientos desde la vuelta a la democracia en 1990, tras la dictadura de Augusto Pinochet.

Esto, pues el modelo económico liberal y la aparente solidez democrática dejaron fuera demandas sociales crecientes, las cuales han reventado al menos en dos ocasiones en una década: en 2011 con las protestas masivas de estudiantes y en la actualidad, cuando aún hay caos en las calles de Santiago y otras ciudades chilenas.

Hay otros casos más graves, indica el experto. Uno de ellos es Haití, donde “están en la calle permanentemente” por la falta de actores políticos institucionalizados, una debilidad política considerable y la falta de apoyo de una Venezuela que no puede seguirles enviando petróleo subsidiado.

Potencial desaprovechado

Más allá de una descoordinación política en el continente, según el director de Asuntos del Sur, la región no logra aprovechar todo su potencial de intercambio y, por ende, de generación de oportunidades económicas y ensanchamiento de su clase media.

“Hay alrededor de 150,000 millones de dólares en productos que la región podría intercambiar entre sí misma pero los compra fuera. Esta es una oportunidad desperdiciada de exportación de valor agregado que genera clase media e inversiones”, lamenta, pero sugiere hacia el futuro que una posible coordinación hemisférica podría orientarse a crear un banco de desarrollo genuinamente regional y explotar este potencial.

Pese a todas estas advertencias, hay algo que le genera optimismo a Bianchi: “me parece que hay una madurez política en el sentido que casi nadie está pidiendo volver a las épocas oscuras de nuestra historia con golpes militares”.

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