Mateo Cornejo, cura y prestamista

A finales del siglo XVIII, la provincia de San Salvador del Reino de Guatemala era una de las economías más pujantes de Centroamérica. Los prestamistas privados jugaron un papel clave en esta bonanza, pero uno en especial ha sorprendido a los historiadores.

Vestigios coloniales en el Parque Ecoturístico Tehuacán en San Vicente. Foto EDH/Lissette Monterrosa

Por Rosemarié Mixco

May 20, 2019- 07:18

El sacerdote y profesor de gramática —de las escuelas parroquiales de San Vicente y San Miguel— Mateo Cornejo pasó a la historia como el prestamista más importante de El Salvador colonial de finales del siglo XVIII, y uno de los empresarios más ricos de Centroamérica. Así lo explicó el arqueólogo y doctor en historia José Heriberto Erquicia, quien se ha especializado en el tema del añil en la colonia.

El hombre de negocios y propietario de haciendas añileras también era miembro de la jerarquía del Santo Oficio de la Inquisición, según detalle ofrecido por el doctor en historia de la Universidad de Princeton Robert W. Patch, en el documento “Cura y empresario: los préstamos financieros de Mateo Cornejo y la producción de añil en El Salvador”.

Este personaje ha sorprendido a más de un historiador, pues, además de haber legado pruebas de una profunda espiritualidad religiosa, heredó un testamento rico en datos que han facilitado el estudio de la economía de la provincia de San Salvador del Reino de Guatemala, impulsada por la producción de añil de primerísima calidad.

Por supuesto, su categoría y profesión sacerdotal le facilitaron a Cornejo la acumulación de capital y la ejecución de inversiones importantes, antes de morir en 1764, a causa de un accidente.

Arqueólogo e historiador José Heriberto Erquicia. Foto EDH/Lissette Monterrosa

El religioso hizo su testamento de forma apresurada en el lecho de muerte, el 20 de marzo del año arriba citado, y para cerciorarse de que sería ejecutada su voluntad, designó a tres personas locales y a un comerciante de Santiago —capital del Reino­— como albaceas.

Su capital neto ascendía a más de 99,575 pesos y 6 1/2 reales. “… puesto que según una estimación del gobierno español el valor anual de la producción comercial agrícola y minera de todo el Reino de Guatemala en el periodo 1747–1761 fue únicamente 1,850,000 pesos, el capital total de Cornejo sería equivalente al 18.5 por ciento aproximadamente del valor total del comercio agrícola y minero de Centroamérica”, detalla Patch en su investigación.

En este punto, es necesario aclarar que el sector crediticio informal en la Hispanoamérica colonial llenó el vacío de un sistema bancario que dinamizara la economía.

Los préstamos concedidos por instituciones eclesiásticas dominaron por mucho el mercado. Los prestamistas como Cornejo facilitaron la expansión de la producción de añil en SanSalvador.

En el actual San Vicente hay varios lugares con restos de pilas añileras que funcionaron en la época colonial. Foto EDH/Lissette Monterrosa

San Vicente fue una de las regiones añileras más importantes del Reino (ver gráfico), y en la actualidad existen vestigios de antiguos obrajes en esa zona del área paracentral del país que lo comprueban. Por ejemplo, las pilas localizadas en el Parque Ecoturístico Tehuacán, en el municipio de Tecoluca.

Al momento de morir, el padre Cornejo poseía dos haciendas: San Bartolomé Cerro de Ávila y San Francisco Achichilco, dedicada a la producción de añil. En esta última, el cura también criaba 165 mulas, que se presume servían para transportar la preciada tinta azul.

También era propietario de un edificio en la plaza principal de San Vicente, que utilizaba como casa y bodega, en la que almacenaba textiles y otros bienes de consumo, como estribos, hierro y herramientas agrícolas.

Al morir, le adeudaban 76 personas y dos municipalidades, un total de 73, 754 pesos y 4 reales, que representaban el 74% de su fortuna.

 

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