Más de 1,050 niños en tratamiento contra varios tipos de cáncer

La Fundación Ayúdame a Vivir, que trabaja en conjunto con el Hospital Bloom, tiene en tratamiento a 850 niños, más los 200 nuevos casos que llegan cada año, para los cuales tiene que buscar fondos para brindarles atención.

Por Violeta Rivas

Jun 27, 2019- 20:45

La Fundación Ayúdame a Vivir está brindando tratamientos contra el cáncer infantil a más de 850 niños, en edades que van desde recién nacidos hasta los 12 años, y el seguimiento que se realiza en los pacientes cinco años después de terminar la atención médica.

A esta cantidad de menores con cáncer se suman 200 nuevos casos que llegan cada año, para los cuales la fundación tiene que buscar ayuda con donativos para poder brindarles atención de calidad a los menores de edad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los tipos de cáncer infantil son la leucemia, el cáncer cerebral, el linfoma y los tumores sólidos como el neuroblastoma y el tumor de Wilms.

El cáncer es una de las principales causas de mortalidad entre niños y adolescentes en todo el mundo, donde cada año son aproximadamente 300,000 niños de entre cero y 19 años los diagnosticados con la enfermedad, según la OMS.

Según Leonor de Llach, presidenta de Fundación Ayúdame a Vivir, el tratamiento para cada niño tiene un costo de más de $35,000, donde los costos más altos son de medicamentos, entre estos los antibióticos como vancomicina, meropenem, teicoplanina, que no forman parte de un cuadro básico de un hospital público.

Desde que nació la fundación hasta la fecha son 1,000 niños y jóvenes los que han declarado curados de cáncer, con la ayuda del tratamiento y seguimiento que les dan los médicos hasta que son considerados sobrevivientes de cáncer infantil.

“Es la Fundación Ayúdame a Vivir la que da el tratamiento a los niños con cáncer. Tenemos una alianza muy cercana con el Hospital Bloom y el Hospital de St. Jude, de Memphis, Tennessee, (Estados Unidos), el cual nos revisa todos nuestros protocolos de atención, los medicamentos luego de ser diagnosticados y de analizar su caso, y nos indican el tratamiento a seguir para los pacientes”, dijo De Llach.

Añadió que, además de dar tratamiento a los niños, los padres reciben apoyo psicológico, ayuda de canasta básica, sillas cómodas para poder estar junto a su hijo durante la estadía en la fundación y facilidad para encontrar albergues. También permiten que familiares acompañen a los pacientes, a diferencia de otros hospitales.

A los niños también les facilitan la implantación de un “Port-a-Cath”, un dispositivo para poder administrar los medicamentos sin la necesidad de estar colocando catéteres cada vez que los niños tienen que recibir el tratamiento de quimioterapia o los fármacos, el cual tiene un costo de más de $150 cada uno.

“Movimiento Amarillo”

Ayúdame a Vivir ha iniciado un programa de recaudación de fondos para que los altruistas puedan donar y ayudar a los niños que están en tratamiento por cáncer, el cual está denominado “Movimiento Amarillo”.

La fundación estará buscando benefactores en empresas y oficinas para poder dar a conocer la obra que realiza Ayúdame a Vivir, dijo De Llach.

La donación se puede hacer a través de tarjetas de crédito, aportando desde $3, para poder convertirse en padrino o madrina de los pacientes. Para poder beneficiar a la fundación pueden entrar a la página web de la fundación: www.fundaciónayudameavivir.org/movimientoamarillo.

Síntomas de alerta para detectar el cáncer infantil

– Fiebre prolongada, que dure más de siete días.

– Aparecimiento de marcas en el cuerpo (moretes).

– Crecimiento de una bolita en cualquier parte del cuerpo (ganglio inflamado).

– Crecimiento del estómago.

– Sangramiento de las encías.

– Dolor de huesos (articulaciones).

– Infecciones recurrentes.

– Pérdida de apetito y peso.

– Tos o dificultad para respirar.

– Dolores de cabeza.

– Convulsiones.

– Vómitos.

– Cansancio extremo.

Sophia Cruz Torres, 20 años: “Me dijeron que era fiebre tifoidea”

Stephanie Sophia Cruz Torres, de 20 años, fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda infantil a sus nueve años.

“A los nueve años me salieron moretones en las piernas, me dolía todo el cuerpo, me cansaba muy rápido y hubo un tiempo que ni me levantaba de la cama del cansancio y el dolor. Me llevaron donde un médico particular y me dijeron que era fiebre tifoidea”, cuenta Sophia.

Pero continuaba con los síntomas y empeoraba su salud, cuenta la joven.

“Me trajeron al hospital Bloom, me hicieron varios exámenes y estuve como 15 días ingresada hasta que le dieron la noticia a mis papás que tenía leucemia”.

Cuenta que para sus padres fue duro el conocer el resultado del diagnóstico, en su familia nadie había tenido cáncer y lo relacionaron con la muerte.

Los tres años de tratamiento los recibió en la Fundación Ayúdame a Vivir, explica Sophia, los cuales fueron difíciles para una niña, dice.

“Venía cada ocho días desde Lourdes (Colón, La Libertad), pero era cansado, nos levantábamos a las 4 de la mañana, y faltaba mucho a clases por las consultas y los ingresos. Lo más difícil fueron consecuencias de la quimioterapia, pero ese sacrifico tuvo resultados positivos”, asegura la sobreviviente.

Sophia comenta que fueron momentos difíciles, pero que ahora da gracias a Dios por estar viva, a la fundación y a sus padres. Ella reconoce que el tratamiento es muy costoso y que la fundación ha sido clave.

Alba Valencia, 23 años: “Yo sabía que me iba a aliviar, también me gustaba venir a ver a mis amigos”

Alba Marina Valencia Rodríguez, de 23 años, fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguda a los dos años y medio de edad.

“Fue algo difícil, no solo para mí, en este proceso no solo se detiene la etapa del crecimiento, sino que no se puede comer todo lo que uno quiere. Para mi familia fue doloroso tener que afrontar que su hija estaba padeciendo de cáncer infantil”, dice la joven.

Alba explica que los planes y las esperanzas que sus padres tenían para ella, en ese momento, los vieron truncados.

“Recuerdo que mi mamá me contó que cuando veníamos a la fundación, ella veía niños que se veían mejor que yo de salud y morían, y eso la hacía pensar ‘qué va ha ser de mi hija’, pero gracias a Dios logré salir de la enfermedad, pero siempre mi mamá tuvo la fe que Dios me iba a sanar y nunca renuncié al tratamiento”, dice la joven.

Alba cuenta que a pesar de tener muy corta edad cuando recibía el tratamiento, todavía recuerda los momentos duros y dolorosos que vivió.

“Lo que más me alentaba a mí de venir a la fundación a las consultas y al tratamiento era que yo sabía que me iba a aliviar, también me gustaba venir a ver a mis amigos, me podían estar inyectando y yo a la media hora ya andaba jugando, eso me hacía perseverar y ser más fuerte”, comenta la sobreviviente.

Alba, ahora que ya se ha curado de cáncer, piensa que esta es una segunda oportunidad que le ha dado Dios y la vida, todos los días se observa y da gracias por estar bien y haber superado la enfermedad.

“En los dos años de tratamiento o en el seguimiento pude haber muerto y hoy tengo 23 años y he ganado mucho. No solo fue esfuerzo mío y de mis padres, también de las personas que me atendieron en la fundación, la gente que sin conocernos nos ayuda”, cuenta Alba.

Ahora la joven estudia cuarto año de Licenciatura en Periodismo.

Francisco Pérez, 20 años: “Primero comencé con artritis”

Francisco Antonio Pérez García, de 20 años, fue diagnosticado a los ocho años con leucemia linfoblástica aguda y comenzó el tratamiento en agosto del 2008.

“Primero comencé con artritis, me dieron un diagnóstico falso, porque comencé con un tratamiento por artritis, porque sentía muchos dolores en las articulaciones, inflamación, pasé dos semanas con fiebre que nunca descendía, fue cuando decidieron hacerme el examen de médula ósea”, explica el joven.

Francisco estuvo hospitalizado y asistiendo a las consultas en el octavo piso del hospital Bloom cuando aún la fundación no tenía las instalaciones actuales, donde cuenta que ahora los niños atendidos tienen mejores recursos y beneficios.

“Fue difícil la noticia para todos, porque no solo me afectó a mí, sino a toda la familia el saber que yo tenía cáncer. La dieta y todas las limitaciones que tenía que hacer era difícil. Pasé cuatro años y medio en tratamiento, luego cinco años de vigilancia hasta que me dijeron que era un sobreviviente del cáncer”, manifiesta Francisco.

El joven comenta que lo que siente ahora por la Fundación Ayúdame a Vivir es un compromiso porque le dieron todo el tratamiento y que para las personas de escasos recursos es de mucha ayuda.

“Aquí se conocen tantas historias de personas que vienen de muchos lugares del país, que no tienen el dinero ni para poder regresar a sus pueblos… Mi compromiso y agradecimiento con la fundación es básico”, expresa el joven.

Ada Pohol, 22 años: “Todos me dicen que soy una luchadora”

Ada Caterine Pohol Coto, de 22 años, fue diagnosticada con leucemia linfoblástica aguada a los siete años.

“Al principio mi familia comenzó a ver síntomas extraños en mí, yo era muy activa, pero comencé a dormirme por las tardes, y me salieron moretones en las piernas y bastantes manchitas en el cuerpo. Me llevaron al hospital Bloom y en la fundación me hicieron varios exámenes hasta que me encontraron que era cáncer”, comenta Ada.

La joven explica que le hicieron un examen de médula ósea con el que le detectaron la enfermedad.

Cuenta que los primeros meses del tratamiento fueron difíciles, las primeras semanas sus papás estuvieron muy tristes por el diagnóstico y por lo que le podía suceder.

“Me costó acoplarme al tratamiento porque no me gustaba tomar pastillas, era bastante difícil, la quimioterapia era fuerte y me ponía débil, mis piernas estaban débiles, las náuseas, se me cayó el cabello, fue triste para mí y mis papás porque mi mamá renuncio a su trabajo por cuidarme”, dice la joven.

La sobreviviente sostuvo que “todos me dicen que soy una luchadora porque tuve una recaída, pero ya en el 2014 me dijeron que era una sobreviviente”, cuenta Ada.

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